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Home » Artículos » ¡A veces es tan difícil vivir!

¡A veces es tan difícil vivir!

vivirPor Ramiro Calle.- Fui un niño neurótico y lúcido. No sé si era un neurótico porque poseía un gran lucidez hiriente o era la neurosis la que  me otorgaba esa lucidez. Podía ver así, a veces con una percepción igualmente penetrativa y dolorosa, los diferentes lados de este caleidoscopio que es la existencia de todos los seres sintientes, desde una hormiga al llamado ser humano. Desde niño, cuando me quedaba absorto mirando a través de uno de los ventanales de la casa de mis padres, era consciente del ángulo de implacable crueldad de la vida, si bien en aquellos días remotos no era capaz de darme cuenta de hasta qué punto podía serlo. Hasta los más afortunados tienen que afrontar situaciones muy difíciles, incluidas esas tres «plagas» que decía Buda y que son la enfermedad, la vejez y la muerte, antes las cuales, como él nos recomendaba, solo podemos hacer tres cosas: meditar, hacer buenas obras y estar tranquilos y ecuánimes.

En cierta ocasión un preceptor espiritual dijo: «¡A veces es tan difícil vivir!» Y muchas veces todos tenemos que sacar fuerzas de flaqueza para bregar con la vida, que se encarga antes o después de desbaratarlo todo y que pone a prueba nuestra paciencia, motivación, fortaleza interior e intrepidez. Pero las dificultades son como «choques adicionales» o puntos de apoyo para poder desarrollar otra manera de percibir y ser. Es difícil darle la bienvenida a esas dificultades, pero ellas se pueden convertir en nuestras aliadas y al final conseguir aquello de que «el suelo que te hace caer es en el que tienes que apoyarte para levantarte». No se trata de dejar de ver, sino al contario, ver más plenamente y poder así desempañar la consciencia.

Esa visión lúcida, a veces tan conmovedora que uno piensa que no podrá soportarla, es sin embargo el manantial de donde nace la genuina compasión. Escuché de un maestro hace muchos años en la India: «Estamos en el camino para ayudarnos. No hay otra cosa que el amor». Cada día que pasa, cada vez que miro con más intensidad y más me duele lo que veo en la sociedad convulsa en la que vivimos y «confabula contra el individuo» (Emerson), más consciente soy de que la gran medicina es la compasión y que al  final siempre se cumple  esa ley eterna que reza: «Nunca el odio será vencido mediante el odio; solo mediante el amor puede ser vencido».

 

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