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Home » Artículos » Abre los ojos, despierta y sé conciencia

Abre los ojos, despierta y sé conciencia

petite5Por Carlos Gómez Casuso.- Quien me iba a decir hace unos años atrás que estaría ahora delante del teclado de mi ordenador portátil escribiéndoles a ustedes del cambio o del despertar de conciencia del que se empezó a oír hablar, sobre todo, en la antesala de la famosa fecha del 21 de diciembre de 2012, en la que el calendario maya anunció el «fin del mundo», que muchos se tomaron al pie de la letra como una gran catástrofe que acabaría con la Tierra destruida. ¡¡Qué absurdo!!. Esta profecía lo que realmente enseñó es un contenido lleno de sabiduría y muy revelador. Sólo señaló y señala hoy día el final de un ciclo y el inicio de una nueva era., en la que debemos dejar de lado ‘viejos’ patrones tóxicos (miedo, odio, culpa, ira, tristeza, sufrimiento, dolor…), que siempre nos limitaron y bloquearon, y transmutarlos en confianza, amor, perdón, compasión, gozo, alegría, bienestar… Les aseguro que todo ello nos lleva a sanar a nivel físico, mental, emocional y espiritual y, lo más importante de todo, a sentirse bien con uno mismo, a hacer lo que te gusta, a estar conectado con la naturaleza y a ver el mundo con otra perspectiva.

La vida es muy corta como para perdernos en distracciones que nos han encaminado a la infelicidad, poniéndote enfermo porque nuestra alma (nuestro ser interno o nuestra esencia) está en discordancia con lo que siempre nos ha dictado nuestra mente a través del ego (nuestra identidad), que ha gobernado nuestro cuerpo cómo y cuándo ha querido.

En mi experiencia personal tuve la venda puesta durante mucho tiempo y estuve dormido en mis primeros 40 años -ahora tengo 47-. Eso sí, este periodo me dio muchas lecciones importantes, de las que obtuve varios aprendizajes. Como bien expresa una cita bien conocida por todos: «de los errores se aprende». Las vivencias más difíciles son las que más te ayudan en tu crecimiento personal y aquellos que parecen que son tus enemigos, acaban siendo tus maestros, aunque cueste de reconocer.

Mi mujer fue la que me puso las ‘pilas’ por así decirlo, me abrió los ojos y contribuyó a que se abriera un mundo nuevo ante mí. Me hizo ver mi gran valía como ser humano, lo que despertó en mí la capacidad de observar  más allá de lo que veía hasta entonces y me llevó a darme cuenta de que me pasaba la vida queriendo tener contento a todo el mundo y, en muchos casos, faltándome al respeto a mí mismo, ya que muchas veces hacía lo que otros querían, cuando a mí ni tan siquiera me parecía correcto.

Así pues, me hice la promesa de que ésto ya no me volvería a pasar porque por primera vez fui consciente de que a quien debía más respeto era a mí mismo. Todo ello me llevó a espabilarme en muchos aspectos de mi vida  y a enmendar muchos patrones tóxicos adquiridos en el transcurso de mi periodo evolutivo como individuo. ¡¡La verdad es que me costó lo suyo!!. Éste fue el inicio de mi despertar , que me condujo, tras trabajar 14 años como periodista de deportes -una profesión que me aportó mucho en su momento, pero que me llevó, a la larga, a ser un infeliz porque no iba con mis valores- a dedicarme, junto a mi esposa, a las terapias alternativas de forma vocacional y profesional. Gracias a ellas, logré un equilibrio interno y descubrí que poseía unas habilidades que hasta entonces desconocía que tenía, como las de sanar a través de distintas técnicas holísticas que aprendí, como el reiki, cromoterapia, gemoterapia o la sonoterapia, o bien, la de prestar apoyo psicológico y emocional a personas que lo necesitaban.

Seguro que a muchos de ustedes que ahora están leyendo estas líneas les resulta familiar ésto que les estoy contando porque habrán experimentado de alguna manera  lo que les hago llegar, sólo que quizás las circunstancias serán algo diferentes. Esa sensación de que les falta algo en sus vidas y que sienten que necesitan un cambio, como me pasó a mí. Entonces comienzas a abrir la conciencia y a buscar tu verdadera ‘yo’, ese del que prácticamente nos desconectaron desde pequeños cuando el sistema estableció unas pautas robóticas de conducta a seguir.

Nos educaron para dejar de lado valores tan innatos con los que debe contar todo individuo -lo que ha generado que se haya formado una sociedad tan deshumanizada y destructiva, en la que sólo importa ser productivo, exitoso o consumista-, como es el amor, el compartir, la compasión, gratitud, felicidad, libertad, empatía, bondad, generosidad, humildad, respeto, comprensión, solidaridad, honestidad, etc.

Durante todo mi proceso de aprendizaje -digo ésto porque me considero todavía un aprendiz y lo seguiré siendo toda la vida-, me  percaté, después de leer sobre temáticas diversas, de que todo  de lo que les estoy hablando me llevaba al mismo punto de partida: lo que muchos conocen como el chamanismo.

Tras leer gran cantidad de libros y escritos acerca de este tema en cuestión, de investigar, contrastar, aprender e integrar parte de esa sabiduría en mi realidad, puedo afirmar que el chamanismo me sirvió de mucho apoyo. En mi opinión, es la ‘madre’ y la base de todas las terapias alternativas que se conocen, debido a su trascendencia y sabiduría ancestral que se remonta a muchos miles de años. Me  enseñó a recuperar todos los valores de los que les estoy hablando y me ayudó a sanarme a mí mismo, podría atreverme a decir. Esta técnica milenaria es una filosofía de vida y una herramienta muy útil para el trabajo interno de cada persona, ya que integras la parte física, mental, emocional y espiritual de tu Ser, lo que te lleva a ser conciencia. Ésto no lo aprendes en las escuelas, universidades ni en los trabajos.

Desafortunadamente, no todos han descubierto lo que es estar en estado de consciencia, y los que lo logramos, lo hacemos en periodos cortos de tiempo, que, con mucho trabajo, conseguimos alargar cada vez más. El chamanismo nos intenta enseñar ésto como uno de los más importantes aprendizajes de la vida, pero, por desgracia, estos temas son leídos por una minoría. Es una pena ver la falta que hace y lo mucho que algunos desprestigian el chamanismo cuando se habla de ello, aunque no es de extrañar porque hay muchos individuos  que no llegaron hasta ahí en su proceso evolutivo. Ésto hace que esta enseñanza llena de entendimiento no se observe tanto como quisiera uno en la sociedad actual.  Es por ello que se dice que nuestro camino no es de rosas. Tanto en nuestra sociedad como en muchos ámbitos de ésta , muchas veces brilla por su ausencia.

En el campo de las terapias alternativas pasa tres cuartos de lo mismo, puesto que me encontré con un reducido sector que se colgó el cartel de ‘gurús’ y muchas veces alardearon de ser grandes maestros e hicieron creer al resto que eran simplemente alumnos. Qué equivocados están tantos los unos como los otros. Todos somos alumnos y maestros al mismo tiempo. Ésto es algo que pudimos comprobar mi mujer y yo in situ en cada sesión de terapia, cuando al estar ayudando psicológica y emocionalmente a una persona, observamos que aquello que le estábamos aconsejando, en muchas ocasiones era algo que de buena mano pasamos y tuvimos que integrar nosotros mucho antes. Somos, más de lo que parece, espejos los unos de los otros. Y la mejor forma de ayudar es siempre siendo el ejemplo para otros.

Algunos de nuestro gremio se saben muy bien la teoría, pero no la integran en su vida personal. Ésto para mí es un grave error, ya que es de gran importancia llevar a la práctica aquello que se aprende. Esa es la sabiduría en sí. No saberse las cosas de memoria, como se nos hizo creer desde pequeños. La sabiduría está en aprender, entender e integrar un concepto. No ser ‘loritos’ de repetición.  Hago esta reflexión porque es algo de lo que me di cuenta y me puso en alerta para no caer en el mismo error. Si me permiten ustedes, les daré un consejo  por mi experiencia personal y que les ofrezco a todos aquellos que quieran un cambio. Primero infórmense  bien antes de elegir un buen terapeuta, maestro, sanador o médico de las técnicas terapéuticas que elijan y asegúrense de que ellos mismos siguen los mismos consejos que les transmiten en sus sesiones. Una vez se sientan seguros para continuar solos, algo que deben conseguir, les aconsejo que sean ustedes sus propios maestros, porque la verdadera sabiduría la tenemos cada uno de nosotros en nuestro interior. Sólo hay que sacarla a la luz.

Quisiera también dejar constancia para mis compañeros de profesión algo que creo de vital importancia. No caigamos en las redes que tejió el sistema con la medicina tradicional, que ha convertido la salud de las personas, desde hace algunos años, en un negocio con las industrias farmacéuticas detrás enriqueciéndose a costa de la falta de salud que nos ha acarreado el mal entendimiento que hemos tenido de la vida misma, cuando antiguamente los médicos, curanderos, sanadores o chamanes contaban con la misión y ética profesional de ayudar en la curación o sanación del enfermo, y no enriquecerse.  En la medicina alternativa he observado, en algunos casos, que últimamente se está tropezando en la misma piedra que en la sanidad. Se debe vigilar en que no la convirtamos en un futuro, la única opción que nos queda, en una máquina de hacer dinero. Se debe actuar siempre desde la humildad, que es la herramienta más potente para todos los que queremos crear conciencia, contribuyendo a la sanación de muchas personas, a vibrar en el amor y a encontrar la felicidad, sin buscar intereses económicos nada más y sin abusar de la buena fe de cualquiera individuo.

Por último, quisiera exponer una vivencia de una querida amiga, que deja entrever qué podría pasarnos si seguimos por el camino por el que ha elegido la medicina tradicional. Precisamente, ella trabajó en estas dos áreas, iniciando su andadura en la rama sanitaria con una ilusión enorme y con una clara intención de ayudar a los demás, pero se topó con un hándicap bien gordo: que no debía empatizar ni encariñarse con el enfermo. En definitiva, a tratar a un paciente con frialdad y con nula empatía. Como comprenderán, a una persona como mi amiga, que vive en CONCIENCIA, esta situación le produjo un shock, porque no iba con sus valores. Con todo ello, entró en un serio conflicto interno, que le llevó a sufrir ataques de ansiedad y principios de depresión.

La gota que colmó el vaso para ella fue la mala praxis de los médicos,  que hizo que su salud se deteriorase. Les hablo en plural, porque la vieron no un doctor sino hasta cuatro, quienes la recetaron distintos medicamentos, que, lejos de mejorar su estado físico, lo empeoraron aún más, padeciendo varios efectos secundarios que la dejaron en diversas ocasiones postrada en la cama. Por fortuna, descubrió la medicina alternativa, con tratamientos naturales de homeopatía y flores de Bach, que la sanaron por completo.

Con estos condicionantes y desengañada de lo que le ofrecía la medicina alopática en la que confió tanto, mi amiga decidió emprender el camino de las terapias complementarias, al igual que otros muchos profesionales sanitarios, ya que en ellas encontró su lugar, como nos ocurrió a mi esposa y a mí, y pudo dedicarse a sanar, desde el ejemplo, y a prestar apoyo a cualquier persona desde la conciencia.

En la actualidad, esta experiencia que les he relatado que le sucedió a mi amiga y algo similar a mi mujer, ahora lo puedo escuchar en boca de mucho personal sanitario que acude a nosotros en busca de ayuda. Es una lástima tener que escuchar la desesperación que sienten estos profesionales de la salud al ver que no son reconocidos en su ámbito. Cuando más necesitados están, porque cayeron en las ‘garras’ de la enfermedad, más desamparados los deja la institución sanitaria.

Ahora me planteo esta cuestión para finalizar y reflexionemos sobre ello: ¿Deseamos lo mismo en un futuro para la medicina o terapias alternativas y los profesionales que trabajamos en ellas?.

 

 

 

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Un comentario

  1. Jorge castex cruz

    Gracias hermano de ruta.Por tu vestimenta de bondad y humildad, es lo que nos ayuda a trabajar por la paz, del planeta y quienes lo habitamos.

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