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Home » Artículos » Adictos al estrés

Adictos al estrés

Por Cristina Navarrete.- Somos adictos al estrés.

Hace unos días, en un taller sobre cómo las emociones afectan directamente a nuestro intestino, la ponente abrió la charla con esa afirmación. El ejemplo que utilizó para justificar su conclusión me hizo reflexionar sobre mí y mi camino.

La doctora explicaba cómo había observado que en los trayectos de  su casa al trabajo y viceversa,  casi todas las personas iban “conectadas” a sus teléfonos o aparatos electrónicos, recibiendo estímulos sin parar, continuamente. Yo también estaba así de conectada casi todo el día y la verdad es que continuo estándolo a veces, aunque por suerte, me he hecho consciente.

Conectarnos los auriculares y escuchar música nos puede transportar a un momento pasado o a dar rienda suelta a nuestra imaginación, en ambos casos  nos ayuda a  evadirnos del momento presente.  A no ser,  que ese presente en el que nos encontramos, sea mucho más estimulante y acabemos relegando la música a segundo plano, a una banda sonora o hilo musical. Pero pensemos en las redes sociales, nuestro correo personal, correo laboral, whatsapp, páginas de noticias, videos en youtube …  tenemos todo eso disponible en nuestro teléfono siempre  y en todos los casos nos saca de nuestro presente.  ¿Cuántas emociones podemos llegar a experimentar en un trayecto de unos cuarenta minutos mirando  Facebook, Correo, Instagram, Twitter, Snapchat, Youtube o prensa? ¿Y en un día? Pasamos de la alegría a la tristeza, la rabia o la ira, la pena, otra vez a la alegría … Y somos adictos.

El taller se centró en tomar conciencia de cómo nuestros hábitos alimentarios y los procesos involuntarios de nuestro cuerpo, como la  digestión, se producían inmersos en todo ese vaivén de  emociones y cómo afectaban a nuestra salud directamente.

A mí me hizo pensar además en el porqué de esa adicción al estrés…

La definición más difundida del estrés es la de “conjunto de alteraciones que se producen en el organismo como respuesta física ante determinados estímulos repetidos, como por ejemplo el frío, el miedo, la alegría, etc. “. Estrés viene de la palabra francesa “étroitesse” y la traducción al español, sería “estrechez” u “opresión”, creo que estos  términos expresan mucho mejor las sensaciones que nos puede provocar: presión en el pecho, agobio, cansancio, malhumor, nervios, ansiedad… sensaciones que nos comprimen, nos estrechan, cuando nuestra naturaleza es todo lo contrario, nuestra naturaleza es expandirnos.

Y si estar “conectados” significa recibir estímulos continuos que nos generan emociones  diferentes en tan poco tiempo, no nos parecerá extraño que podamos llegar a manifestarlo ,  pero ¿por qué nos enganchamos? ¿Por qué somos adictos si sus sensaciones son tan negativas? Estoy convencida que es por el miedo a  quedarnos solos con nosotros mismos y tener que escucharnos.

Volvamos a ese trayecto en transporte público, de casa al trabajo por ejemplo,  no hay paisaje que contemplar, aparatos a los que conectarse y nadie que nos entretenga. No tenemos más  remedio que centrarnos en nosotros y pararnos a reflexionar sobre nuestras vidas. Quizás nos demos cuenta  que no nos gusta quién somos, a qué dedicamos nuestro tiempo  y en qué se ha convertido nuestro mundo… y después de esos pensamientos tan negativos, nuestra mente desde el ego respondiendo : “no hay nada que hacer, las cosas son así, unos tienen suerte y otros no tanta, es tarde para cambiar, más vale malo conocido que bueno por conocer, no eres lo suficiente bueno, inteligente, guapa o atrevido , vamos a lo seguro, sigue sobreviviendo…” en resumen, que cambiar es imposible o muy difícil. Entonces, la frustración, el desánimo, la desesperación, el hastío, la impotencia  y hasta la  depresión que eso nos produce, nos lleva de nuevo a la búsqueda incesante de estímulos,  para poder salir cuanto antes de ese estado.

Despertar, es darse cuenta  que esos pensamientos no somos nosotros, que no es nuestra alma la que está hablándonos. Despertar es lo que te lleva a la búsqueda de respuestas ante todo ese sufrimiento y  encontrar a guías espirituales que nos hablan del ego y sus reglas y que ponen en nuestro poder herramientas para poder identificar nuestros pensamientos negativos,  creencias limitantes, etc  y poder trascenderlos.  Y cuando nuestra mente calla, podemos oír la voz de nuestra alma cada vez más alto,  para revelarnos nuestro propósito de vida, para el que vinimos aquí, con el que somos felices, dónde nuestro presente es más estimulante siempre.

Y es que, como dijo Gandhi “Puedes tenerlo todo pero si no tienes paz mental, no tienes nada”

Gracias,

Cristina

 

 

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