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Aprender a decir no

Por Beatriz Millán Mainar.- Aprender a decir “no” es una manera de dejar claro dónde están nuestros límites a los demás y así respetarnos a nosotros/as mismos/as.  En consecuencia, esto hará que los demás aprendan también a respetarnos.

Si tenemos la costumbre de nunca dar una negativa como respuesta, la montaña de peticiones será cada vez más grande y, evidentemente, el ayudar y corresponder a todas las demandas hace que llegue un momento en el que sea imposible satisfacer a todo el mundo. Esto nos acaba generando ansiedad, estrés y un sentimiento de culpa por no poder llegar a todo. Además de dejar en segundo plano nuestras propias necesidades y en consecuencia un estado de insatisfacción.

No estamos acostumbrados a recibir un “no” por respuesta. Consideramos que los demás deben estar siempre disponibles para satisfacer nuestras necesidades. Pero es una idea equivocada. Todos/as tenemos nuestras vidas, nuestras prioridades y necesidades y no podemos estar siempre dando prioridad a los demás.

Para poder hacerlo debemos empezar respetando nuestro tiempo y necesidades para así poder, en un momento determinado, atender las de los demás.

Por otra parte, debemos hacer las cosas desde el corazón y porque de verdad lo queremos. Si el decir que sí a una petición o situación nos va a generar malestar es preferible decir que no.

Es importante perder el miedo a decir “no” por parecer fríos o egoístas con nuestra respuesta, pero si no nos estaríamos faltando al respeto.

No debemos perder de vista que vivimos en sociedad, rodeados de personas y que debemos apoyarnos, ayudarnos y hacer cosas por los demás. Pero sí es cierto que debemos valorar la situación antes de decir “sí”, teniendo en cuenta el coste emocional, de tiempo, etc que nos va a suponer. Y sobretodo no dejarnos en un segundo plano, dejarlo todo, olvidarnos de nosotros mismos para cumplir los deseos de los demás.

Normalmente decimos siempre “sí” porque:

  • Sentimos miedo al rechazo.
  • Damos mucha importancia a lo que los demás piensen de nosotros/as.
  • Nos cuesta expresar nuestras necesidades de una manera asertiva.
  • Creemos que nuestra opinión no vale tanto como la de los demás debido a un sentimiento de inferioridad y autoestima.
  • Tememos que se nos vea como personas egoístas.

Preferimos en la mayoría de las ocasiones inventarnos una excusa o mentira antes que decir “no”. Con lo que perdemos tiempo y energía inventándonos una excusa y luego nos sentimos culpables por haber mentido. Todo por salir del paso.

Al final todo esto nos provoca malestar, ya que terminamos cosas que no nos apetece hacer y nos sentimos mal con nosotros mismos por no ser capaces de decir que no. Es decir, nos sentimos mal por partida doble!.

Anteponer siempre las necesidades de los demás a las nuestras propias conlleva a un desgaste emocional y de energía brutal y entramos en un círculo viciosos de malestar y culpabilidad que nunca acabará si no le ponemos fin.

No ser capaces de decir “no” a cosas que no queremos o que no nos apetece hacer nos produce ansiedad y malestar. Por lo que a la larga pasará factura a nuestra salud física y mental. Nos va a volver más inseguros, con una mayor baja autoestima y sentimiento de inseguridad ya que siempre estaremos sometidos a los deseos de los demás.

Aprender a decir “no” nos ayudará a mejorar nuestras relaciones personales ya que nos sentiremos mejor con nosotros mismos/as.

Algunos consejos que nos ayudarán a decir “no”:

1. Pierde el miedo a lo que los demás puedan pensar.

¿Qué es más importante tus necesidades o deseos o lo que los demás piensen?.

2. Acepta la ansiedad que te provoca el decir “no” como parte del proceso de aprendizaje.

Con el tiempo te aseguro que desaparecerá. Piensa en que si dices que sí por quitarte un problema de encima te verás obligado/a a pasar por una situación  que no deseas y ello te hará pasar un mal rato. De esta manera el problema seguirá estando ahí siempre. Debes ponerle fin.

3. Si dices que “sí” sólo sentirás un alivio momentáneo,

Pero piensa en las consecuencias negativas que te traerá.

4. Aprende a decir “no” de una manera asertiva y con seguridad en ti mismo/a.

Expresa lo que sientes y necesitas respetándote a ti mismo/a, pero también sin faltar el respeto a los demás. El secreto está en una buena comunicación.

5.  Memoriza esta frase y repitela continuamente:

“Siempre tengo la opción y el derecho de nos ser y de no hacer aquello que no quiero”.

6. Empieza a practicar el ejercicio de decir “no”.

Puedes empezar por aquellos casos o situaciones que te resulte más fácil hacerlo. Así, más adelante te resultará más fácil hacerlo en situaciones que te resulten más complicadas.

7. Utiliza la Asertividad Elemental.

Se trata de explicar de forma sencilla y directa, explicando brevemente el por qué de nuestro NO, sin dar demasiadas explicaciones.

Ejemplo:¿Te vienes a tomar algo después del trabajo?

  • Me encantaría, pero tengo que hacer cosas en casa. Muchas gracias por la invitación. El próximo día si puedo me apunto.

8. La Asertividad Empática.

Ponernos primero en el lugar del otro, entender sus argumentos y  lo que siente, para luego poder exponer nuestro punto de vista. Si no podemos cumplir con su petición podemos finalizar con un mensaje positivo o alternativa.

Ejemplo: – Voy muy mal de tiempo y no voy a poder entregar el informe ¿me puedes ayudar?

  • Entiendo tu situación y veo que estás muy agobiado, pero ahora mismo no puedo ayudarte, me sabe mal no poder  echarte una mano. Yo también tengo trabajo acumulado y tampoco tengo tiempo. A lo mejor puedes pedir ayuda a otra persona.

9. Emplazamiento Asertivo.

Esta técnica es muy útil cuando nos sentimos sobrepasados por la situación y no podemos decidir si decir que “sí” o “no” con claridad.

Lo recomendable en estas situaciones es postergar nuestra respuesta hasta que podamos pensar con claridad y dar una respuesta.

Se trata de no decir que “sí” muy rápido, que tengamos tiempo de reflexionar sobre qué queremos hacer de verdad.

Recuerda:

El decir “no” te ayudará a tener más tiempo para tí, para los que quieres, a ser dueño/a de tu tiempo y lo que quieres hacer con él. A ser dueño/a de tu vida, a rechazar las cosas que no quieres y no ir en contra de tus deseos y necesidades, a respetarte.

“Aprender a poner límites y expresar lo que sientes es parte de la solución”.

 

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