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Home » Artículos » Aprender a SER HUMANO

Aprender a SER HUMANO

Por Melania Delgado Ribalta y Carlos G. Casuso.- Queremos empezar este artículo haciendo mención a la estrofa de una canción titulada ‘Ábrete corazón’, en la que una de sus estrofas recita “que para llegar a Dios hay que APRENDER A SER HUMANO”. En la recién entrada Era de Acuario mucho se habla del despertar de la conciencia, de que toda la enfermedad que contraemos es emocional, de ángeles que nos envían amor, de seres de otros planetas que nos van a venir a rescatar, de que hay vida después de la muerte y si vamos a estar en el paraíso, etc. Todo ésto está muy bien y cada cuál se queda con lo que le vibra más.

Sin embargo, creo que casi todos nos olvidamos en muchas ocasiones de un detalle bien importante. Que somos ‘seres humanos’ que estamos viviendo en la Tierra, pero desgraciadamente, con la sociedad que ha construido el sistema y que nosotros hemos permitido a lo largo de la historia, se nos ha separado de nuestra esencia y nos hemos centrado en lo externo (consumismo, materialismo, egocentrismo…), en vez de mirar hacia el interior de cada uno de nosotros, mostrando  amor, empatía, compasión, respeto, dignidad, generosidad, humildad…, primero hacia ti mismo y después hacia los demás.

En un pasaje de la Biblia, Jesucristo dio un mensaje a sus discípulos  y lo lanzó  también para toda la Humanidad: “Amaros los unos a los otros como yo os he amado” o “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. No se preocupen. No les vamos a soltar un sermón, pero nos gustaría que mediten sobre estas palabras. ¿Cuántos de nosotros ponemos en práctica en nuestro día a día este mensaje con el que predicó Jesús con el ejemplo en cada instante de su vida?. Pocas veces. Nos ponemos mi mujer y yo por delante. Hay que ser sincero con uno mismo, pero sin culpabilizarse. En nuestro caso, hemos sido conscientes en los últimos años que debemos primero amarnos a uno mismo para así amar a los demás. Está claro que si uno no empieza por uno mismo, vamos por mal camino. Si entre todos hiciéramos este ejercicio de conciencia, tendríamos una sociedad más solidaria y humanitaria.

Lanzamos este S.O.S. a todos los habitantes que habitan este planeta porque nos estamos deshumanizando cada vez más. Para ello, debemos de cambiar la sociedad que se ha formado, que nos ha llevado a ser esclavos de nosotros mismos y de los gobiernos que dirigen este mundo. Hay que hablar sin tapujos y decir las cosas por su nombre. Nos instalamos en nuestra zona de confort y dejamos que el sistema o el denominado hoy día el Nuevo Orden Mundial nos manipule.

Les explicaremos dos breves experiencias que les hará entender lo que les estamos explicando, y tiene que ver con dos SERES HUMANOS que, por circunstancias de la vida, se quedaron en la calle sin dinero para vivir y poder alimentarse. Por respeto a ellos no las identificaremos, pero tenemos que relatar estos hechos porque son muy graves y tristes, pero hay que contarlo para ver si entre todos y con un poco de conciencia revertimos esta sociedad tan destructiva que se ha creado y que lo hemos permitido.

Una de las historias tiene que ver con un hombre que todos los días se coloca siempre en la misma esquina de una calle de donde residimos, se trae sus libros y se sienta a leerlos sin meterse con nadie. Un día, al pasar a su altura, educadamente se puso a conversar  con nosotros  porque le llamó la atención la perra que tenemos.  Daba gusto hablar con él y descubrimos cuánta sabiduría tenía este SEÑOR. Una persona que viajó por medio mundo y se recorrió todas las rutas existentes del Camino de Santiago.  Se nos pasó las horas voladas. Nos explicó algunas de sus anécdotas y nos enseñó carnets de bibliotecas de muchas zonas de España porque le encanta leer libros, su gran pasión, y se sentía orgulloso de ello.

La grandeza de este SER HUMANO  es que dio muestras de su amor incondicional y bondad cuando observamos que cada día ayudaba a una persona mayor con cierta invalidez para hacerle la compra en el supermercado y se lo llevaba hasta su casa. Nos dijo que se compró una pequeña libreta para apuntar los recados de aquel señor.  Ésto que les narro es un verdadero acto de conciencia, término que está muy en boca de todos. Sin embargo, y siempre nos ponemos nosotros como ejemplo, pocas veces actuamos con conciencia. Sí es verdad que para mi mujer y para mí este tipo de personas son ‘ALMAS VALIENTES Y CON CONCIENCIA’ y la tienen integrada dentro de su Ser y nos ha servido de inspiración para tratar de integrar cada uno de los actos que hacemos en nuestro día a día, que es la forma en la que podemos llegar a evolucionar como individuos, a nivel físico, mental, emocional y espiritual. Este SEÑOR vivió años atrás como cualquiera de nosotros, con unas ciertas comodidades -unos más y otros menos-, pero un día decidió romper con todo ello y se salió de este sistema porque se sentía “esclavo”. Así nos lo hizo llegar y también nos confesó que, pese a vivir en la calle, se “sentía libre y sin ataduras”.

No sé ustedes, pero nos sentimos reflejados en sus profundas afirmaciones, como me imagino les pasa a muchos de ustedes. Yo no digo que para encontrar ésto tengas que llegar a este extremo de vivir en la calle,  porque se puede encontrar de muchas formas: trabajando en lo que te gusta, ayudar a otras personas que han estado perdidas a encontrar su camino  a través de tu propia experiencia personal, colaborando con algunas ONG’s -no todas, porque hay algunas en la que hay empresas poderosas que ven el negocio con la justificación de ayudas humanitarias- para conseguir fondos para personas necesitadas, etc. Sin embargo, este ‘alma valiente’ tiene todo mi respeto porque él tomó su elección con todas las consecuencias. A ésto se le llama ser honesto con uno mismo.

La parte más triste para nosotros fue el ver con nuestros propios ojos que mientras conversábamos ese mismo día con este SABIO, había una mujer  al lado que fue a sacar dinero a un cajero y se agarró el bolso mirando hacia él, como si le fuera a robar, y ocultándose bajo el bolso para que no le viera marcar el ‘pin’ de su tarjeta de crédito. Lo más curioso de todo es que nuestro amigo estaba de espaldas a esta señora sin percatarse de este incidente que vimos mi mujer y yo. Otro episodio lamentable, éste no lo vimos nosotros pero nos lo contó una vecina del lugar que tiene toda nuestra credibilidad, que algunos niños le habían pegado en la calle, porque él es un hombre pacífico que no se mete con nadie.  Sobra cualquier comentario. En una de sus anécdotas que nos explicó este increíble SER HUMANO sobre el camino de Santiago es que llegó a dormir en un cementerio y nos decía que primero pedía respeto a los muertos y les  ponía unas velas. Nos sorprendió este detalle y le dijimos si no pasaba miedo por las noches. Nos dio una respuesta a la altura de su talante de conciencia y de gran conocimiento: “Hay que tenerle más miedo a los vivos que a los muertos”. Tengo que darle toda la razón por la sociedad tan despiadada que se ha creado.

La segunda historia que les relataremos y que indica hasta dónde hemos llegado con la deshumanización, tiene como protagonista a una mujer de mediana edad, que se nos acercó desesperadamente pidiéndonos lógicamente dinero para poder comer algo. Le dimos lo poco que llevábamos a mano y nos pusimos a conversar con ella. Nos explicó que estaba casada, pero que su marido dejó de quererla porque, tras un accidente laboral que tuvo, perdió tres dedos de una de sus manos y su esposo la abandonó y le quitó a sus hijos porque ya no le gustaba físicamente. Se quedó ‘tirada’, según nos indicó ella, pero pudo sobrevivir por un dinero que le pagaba el Estado por incapacidad, que le daba para vivir a duras penas, aunque esta paga se la han quitado recientemente. Esta circunstancia le ha llevado a tener que salir a la calle a pedir para poder pagarse un alquiler de una habitación. Escuchamos con mucha amargura que se tuvo que tragar su dignidad si quería sobrevivir y pedir en la calle. “Prefiero ésto que robar”, expresó. “Amo mucho la libertad y no quiero acabar en la cárcel. Por eso, me veo obligada a mendigar”. A nosotros se nos cayó el alma a los pies al oír estas afirmaciones  y, para colmo, que nos relatara que las personas a las que iba a pedir huían de ella como si tuviera la peste, pensando de ella que les iba a robar o algo por el estilo. “Me sentí humillada”, nos explicó con desolación.

No sé a ustedes, pero a mi pareja y a mí se nos quedó muy mal cuerpo. Ambos coincidimos en que había que hacer algo con ésto para dar una señal de alarma para cambiar esta sociedad. Las experiencias tan duras que han tenido que sufrir en sus propias carnes estos dos SERES HUMANOS maravillosos es la historia que le podría ocurrir a cualquiera de nosotros. Nunca sabemos lo que nos depara el destino y si alguna vez estaremos en el pellejo de estas personas. Mi mujer y  yo nos aplicamos este lema y que creo que debería ser aplicable para el resto de la población: “No quieras para los demás, lo que no quieras para tí”. Lo único que deseo expresar con todo nuestro Ser es que seamos todos más HUMANOS y que dejemos de catalogar a las personas por sus posesiones, y sí por su gran corazón,  que emana amor, bondad, compasión, humildad, generosidad…, es decir, que veamos el interior de cada individuo. Recordemos que cada uno de nosotros somos como gotas que forman el océano, que es la Fuente, Dios o como lo quieran llamar, y cuando vemos a un vagabundo, un camarero, un taxista…, da igual la condición social que tenga, vemos reflejado una parte de cada uno de nosotros, aunque la mayoría no lo crean así.

 

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