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Home » Artículos » Árbol perdido

Árbol perdido

Por Oscar.- Árbol gigantesco de fuertes e inalcanzables brazos que albergaste a millones de pájaros en tu bondad, quién te produjo este daño que ha logrado hacerme llorar.

Recuerdo aquellas tardes cuando un conjunto de niños sentados a tu sombra hablábamos de aventuras y soñábamos nuestro futuro mientras marcábamos, inocentemente, ciertas travesuras en tu dura y gruesa piel.

Tú eras el paso obligado de mi casa a la escuela. Cientos de veces, penando y desamparado, me acerque a ti en busca de serenidad, silencio y cobijo. Siempre a tú manera me respondiste, o al menos yo así lo interpreté, nunca rehusaste oírme y has sido franco conmigo.

Cuando en otoño tus hojas marchitas abonaban la tierra, y las más traviesas se deslizaban hacia las veredas vecinas decorándolas en su eterno adiós, su espectáculo danzante al ritmo del viento improvisado, despertaba en mí sentimientos de desarraigo que, tiempo después, renacieron durante mi voluntario exilio.

En este corto regreso a mis ansiados pagos he venido a saludarte, a contarte mis cuitas y a saber de ti; he venido con las mismas premisas de mi niñez, cuando juntos, en aquel entonces, tallábamos una relación especial; una realidad, tal vez, difícil de comprender para un advenedizo. En fin, ya estoy aquí amigo, vine a contemplar a mi entrañable confidente; …pero ya ves, hoy no estoy de suerte, no he podido hallarte.

Me sorprende esta imagen del vecindario sin ti, hasta llegué a pensar, después de tantos años, que me había equivocado de lugar. El barrio ha cambiado mucho, las casas se transformaron en edificios gigantescos y el comportamiento de su gente es muy diferente al que tú y yo conocimos oportunamente. Y ahora, lamentablemente, observo que al espacio de tierra que la naturaleza te había concedido lo tapa una columna gigante de puro cemento. En fin, …una ironía más de la vida: la economía del hombre, continúa cediéndole espacio a determinados depredadores “humanos”.

Quién habrá dado la orden de acabar con tu vida, matar tus raíces y la historia profunda latente en tu dura piel. Qué motivos extraños ha tenido el infiel para poder priorizar a miles de gránulos informes e inertes, a la permanencia en el lugar de un ser vivo.

Mi fiel y entrañable amigo, con gran tristeza te comento que he averiguado quién ha sido el procurador de semejante deslealtad contigo, y lamento decirte que fue uno de tus pichones preferidos, sí, aquel mismo que tanto se vanagloriaba diciendo que era el mejor acunado de cuantos has albergado; al parecer, él no supo renunciar a su condición natural de mal nacido, hoy su indigno interés muestra su insolencia desprejuiciada. Pero imagino que tal vez, desde un más allá o paraíso de árboles perdidos, tú le estarás sonriendo a semejante desagradecido.

 

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