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Home » Artículos » Asgardia: ¿Nuestro nuevo hogar?

Asgardia: ¿Nuestro nuevo hogar?

Por Magnolia Fabre.- Ahora sí le pincho al botón con ganas. ‘Enviar solicitud de ciudadanía’-dice-acepto con entusiasmo. Libero el mouse, me reclino un poquito hacia atrás en la silla sintiendo una descarga copiosa de serotonina-esto me place-. 3,5 segundos después, desciende cual ángel del ciberespacio, directo a mi bandeja de entrada un flamante correo de confirmación:

¡Felicidades! Ya es usted ciudadana oficial de Asgardia, la primera nación espacial ¡En hora buena!

Rayos-suelto tantito aire de un resoplido-  ¿Acaso sé diferenciar la jugada maestra de mi vida a la payasada magistral de la misma? …mmm…me atacan las dudas, quizá no sea tan buena idea quedarme tanto tiempo a solas frente a la compu. O quizá sí. Que el tiempo sepa juzgarlo. No yo. Esto es bueno -tiene que serlo-.

Bienvenidos a ASGARDIA, el ‘Jardín de los Dioses’

Así le dice con cariño ’Igor Ashubeyli’, el científico y empresario ruso fundador de este gobierno Ultratertestre. Artífice pionero, amo y señor del éter que envuelve la nada:

Asgardia se llama -suspiro-Qué bonito nombre. Viene de Asgard, el fantabuloso hogar de Thor y su martillo, cuna de Dioses Nórdicos, aposento de divinidades escandinavas. Suena lindo ¿no? ¡Compro! Me invade un sentido de pertenencia. Me percibo abrazada, cobijada, como si me hubiesen extendido algunos superpoderes que les andaban sobrando por ahí.

La inminente idealización del proyecto

No puedo evitar romántizar la visión del buen Igor: Iniciar una nación iluminada, allá afuera, empezando  de cero, en el espacio, lejos de las sucias leyes que nos oprimen, distante de manos corruptas, apartada de la polución y las guerras, una colonia de gente libre de ser quien quiera ser mientras no dañe a nadie, sin dogmas ni paradigmas, completamente desmilitarizada. Un lugar donde la Paz pueda establecerse de manera perpetua. Construir un Arca cósmica de Noé, (El Arca de Igor) que nos salve del diluvio de la gran estupidez humana.

Crear un mundo nuevo, de seres más conscientes, respetando otras especies, sosteniéndonos los unos a los otros, cuidando nuestro entorno esta vez.

Vaya travesía acuestas que te has montado hombre. Good luck with that my dear friend.

Al parecer, este agradable sujeto ha visto demasiadas veces Star Wars, lo mismo que yo –sinceramente– ¡Y a mucha honra!  Me cae bien, parece un buen tipo, le seguiré en Instagram. Esta es su visión y yo la comparto.

El Satélite que asentó la primera piedra de la futura colonia espacial

Para reclamar el espacio hay que ocuparlo primero -usurparlo pensarán algunos audaces-ocuparlo digo, de manera física. Por eso en el 2016 el buen Igor reunió fondos para lanzar al espacio la primera ‘piedra’ Asgardiense que orbite al rededor de la tierra.

Así pues, dio inicio su hegemonía astral, mi nueva nación. Con un pequeño satélite semejante a un cubo de Rubik pero con toda la carga misteriosa de una Pokebola. Llevando consigo nombres, fotografías, tratados y visiones de los primeros colonos galácticos.

Un USB por decirlo en cristiano

Un común y silvestre USB que al cabo de cinco años será absorbido por la gravedad (Gracias Newton) hacia su colapso inminente con la tierra, quedando quizá con extraordinaria fortuna, inmortalizado en el cielo como un fueguito incipiente en el horizonte terráqueo, una chispita incandescente descendiendo mientras canta -mano en pecho-  su himno oficial, como caería en batalla cualquier Avenger: con Honor y Gloria.

Eso por ahora. La idea a futuro -¿cercano?-es construir una estación espacial y una colonia en la Luna suficientemente grande y auto sustentable para abrigar cientos de miles de humanos. Hermosos Asgardianos. Libres y auténticos precursores que comprendan a profundidad, que si bien –mirándonos unos a otros– no parecemos iguales, sí que valemos lo mismo.

Y eso es todo lo que importa, aquí y en cualquier Universo.

Todo esto me remonta con nostalgia a mi película favorita de ciencia ficción-‘Interestelar’-, a aquella escena en el porche, cuando Cooper se bebe una última cerveza con su padre, antes de partir hacia lo desconocido:

  • Este mundo es un tesoro Donald, pero lleva años diciéndonos que lo abandonemos. La humanidad nació en la tierra pero su destino no es morir aquí.

¿Es posible que tanto Cooper como Igor y mi tía Esther coincidan en lo mismo? Sí. Nuestro destino está allá afuera, donde está escrita la verdad, en las estrellas.

Ahora nada me parece más Justo que cerrar con palabras simples y potentes del gran maestro astrofísico Stephen Hawking:

O viajamos, o morimos’

No se diga más.

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