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Home » Artículos » ¿Cómo empezó mi viaje a los adentros?

¿Cómo empezó mi viaje a los adentros?

Por Ramiro Calle.- No es fácil, ya al borde de los setenta y cuatro años, calibrar cuándo empezó mi viaje a los adentros; pero creo que esa simiente estuvo en mí desde los primeros años de mi vida, cuando no encontraba mi lugar en este vasto universo y experimentaba con abrumadora intensidad lo que años después comencé a etiquetar en mi mente como «la soledad del ser».

Era un niño atormentado, hondamente insatisfecho, planteándome sin cesar interrogantes existenciales que no lograba responderme, buscando un sentido que me conducía al sin sentido, sin poder entender por qué era uno lanzado a este planeta malogrado por el ser humano para luego tener que morir y separarse de los seres queridos. Muchas preguntas, ninguna respuesta. A menudo desconcertado, sin encontrar consuelo en la afortunada niñez que en apariencia me había tocado vivir, con ese sentimiento de fondo que era una soledad cósmica que a todo le sustraia su significado lúdico.

Como nada de lo de afuera me satisfacía, empecé a mirar dentro de mi mismo, a tratar de hallar pistas para conocerme y aceptarme. Mi profundo desinterés por los estudios escolares, me hizo ser un pésimo estudiante. ¡A qué venía toda esa acumulación de datos inútiles, tediosos y desertizantes!. Lo que yo necesitaba eran claves para poder desciffrar la vida y su aparente absurdo, y poder descifrarme a mí mismo. ¡Me resultaba tan dificl vivir!. El tedio vital, la incomprensión de mis compañeros, la insoportable rutina escolar, la ausencia de un propósito definido… Un sin vivir. Pero tuve la inmensa fortuna de que mi madre iba a convertirse en mi gurú, mi gran mentora en esos años de incertidumbre, sinuosidades psíquicas, desvelos espirituales.

Era una mujer de una exquisita sensibilidad, que se convertiría en mi amiga del alma, la inspiración y consuelo de mi vida. Me facilitó los libros necesarios para confortarme y alentar mi búsqueda espiritual, me habló de los remotos países de Asia, me interesó por personajes como Bud ay Gandhi. Nuestras conversaciones se prolongaban hasta la madrugada. Y yo iba, poco a poco, degustando el inconfundible sabor de la búsqueda interior, que hacía soportable de algún modo la dinámica de una vida cotidiana que en nada me satisfacía. Descubrí la psicología oriental, el zen y el hinduísmo, y penetré en las aguas turbias del ocultismo, el esoterismo, las sociedades esotéricas y las obras de los grandes ocultistas franceses.

Empecé a devorar los libros de psicología y mística, de autoperfeccionamiento y desarrollo personal. Era como un sabueso hambriento en busca de alimento espiritual. Y dos hechos iban a abocarme por entero a la búsqueda de lo que se esconde tras la mente incapaz de hallar respuestas. Uno de ellos que un gran amigo, Rafael, comenzara a hablarnos una noche a mi hermano Miguel Ángel y a mí de lo que era el yoga. ¿O sea que había un método para calmar esta mente disparatada y doliente? ¡El yoga! Y el otro es que mi madre comenzara a recibir clases de yoga conun hindú que se radicó en Madrid y a cuyas sesiones de hatha-yoga tambien yo comencé a asistir!.

Se había abierto un camino. Casi nadie tenía la menor idea de lo que era esta disciplina milenaria llegada de la India y que muchos menospreciaban o incluso ridiculizaban. Pero una vez más gracias a mi madre, mi primera mentora, yo había encontrado un método que pudiera servirme como un mapa en el zigzagueante viaje a los adentros. Y aquí sigo aprendiendo, porque como digo en mi relato espiritual EL FAQUIR, el deber de todo aprendiz es seguir aprendiendo. El sendero interior es largo y extenuante, pero siempre prometedor, porque como dijo Buda (y me repito a menudo sus palabras): «Tú eres tu propio refugio. ¿Qué otro refugio puede haber?».

Ramiro Calle

www.ramirocalle.com

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