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Home » Artículos » Compasión para crecer

Compasión para crecer

Por Lucía Ordóñez.- En ocasiones, nos vemos frustrados en relaciones por falta de entendimiento. Y es que, en realidad, no hablamos el mismo idioma, pero no sólo eso, es que no entendemos lo mismo, ni lo procesamos o digerimos de la misma manera. Y aunque las conversaciones frustrantes por falta de entendimiento las sometiésemos a análisis ante la Real Academia Española, seguro que no tendría nada que ver con lo que entiende el receptor del mensaje, pero ni siquiera tendría que ver, en muchas ocasiones, con lo que quería transmitir el emisor.

Por suerte esto no se da siempre así, pero quiero referirme a los casos de conversaciones frustrantes, y es que en estas situaciones como en muchas otras es mejor detenerse y hacer un alto en el camino… ¿para qué desgastarse?, si no te va a comprender, porque no descodifica los mensajes en el mismo dial de emisión.

Por más que os repitáis una y otra vez lo mismo, si no indagáis en el particular significado que tienen las palabras para cada participante del coloquio, es absurdo seguir debatiendo. Sería como intentar tirar un muro con la cabeza, probablemente te rompas la cabeza, te desgastes y no sirva para nada.

No estoy sugiriendo que tires la toalla y esas relaciones frustrantes las mandes al traste, en muchos casos eso es imposible, bien por apego, familia, familia política, trabajo, etc… Y por supuesto, tampoco digo que te sometas y que abandones la idea de exponer tus opiniones o reflexiones ante algún hecho y te lo tragues todo. Sólo te digo que tengas compasión, si entiendes esto, estás preparado para ser tú el que sienta compasión y dé el primer paso.

Como explica Louis. l Hay; “si vas por la calle apresurado y alguien te choca en el hombro, te volteas con rabia y furia, dispuesto a decirle que es un sin vergüenza y que gaste más cuidado, que mire por donde va. Y si en ese momento en el que vas a volcar toda tu ira, te das cuenta, cuando miras, que esa persona que te ha dado es invidente… En ese momento, toda ira, rabia y odio se disipan, como por arte de magia, ese nudo que se te cogió en el estómago se disuelve. Porque comprendes que lo hace lo mejor que puede con las capacidades que tiene, sientes compasión”.

Descodificamos las palabras, los hechos, las cosas que vemos, etc… según nos han enseñado o lo hemos aprendido, desde nuestro particular prisma. La «realidad» no existe, siempre habrá mínimo dos versiones y si hay alguien que observa, serán tres. Por más que un juez dictamine sentencia, tampoco estará en la verdad absoluta, ya que, en este caso, escucha ambas versiones y saca sus conclusiones bajo su respetable parecer. Aun así, su dictamen no será la verdad absoluta, y no creo que sea yo la única que piense que los jueces también se equivocan.

Nos vamos forjando con las experiencias de la vida, siendo más influyente lo vivido en la infancia, creando los patrones con los que actuaremos de forma inconsciente y cada uno digiere la realidad y la interpreta con las herramientas adquiridas. Lo interesante sería convertir los obstáculos que se nos van presentando, en nuevas herramientas, que te sirvan para abrirte más, no para cerrarte, construir una escalera con las piedras del camino.

Desde mi punto de vista, hay que ver más allá del mensaje literal, y no me refiero a que me están diciendo una cosa queriendo decir otra… no, no, no, jamás me referiría a eso, bastante tenemos ya como para jugar a las adivinanzas. Me refiero a ¿Cuál es el mensaje que me está enviando la vida con todo esto que me pone delante? Que plante cara, que no me guarde las cosas, que no anteponga a otros ante mí, que salte, que dé el paso que nunca me atreví a dar por miedo…

No te empeñes en que el otro entienda, no lo va a hacer, al menos no cuando tú quieras (lo hará si es así, cuando le toque). Quítate las antiojeras de caballo y mira más allá, no te enfrasques ¿qué te está diciendo la vida? Detente, bájate por un momento de la rueda y mira con perspectiva. Respeta los tempos de cada uno para la asimilación de la situación y sobre todo respeta los tuyos.

Lucía Ordóñez

www.saliendodelarueda.com

 

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