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De ahora en adelante

Por Nuria Velasco.- Tendemos a repetir hábitos, de hecho, todo nuestro mundo parece que está hecho de ellos. Fíjate en tu día a día. Observa cuántas cosas haces de manera automática. Date cuenta que ni eres consciente de que andas, tu cuerpo ya lo hace por ti. Si conduces, conoces la sensación de haber llegado a tu destino sin recordar haber hecho el camino. Fíjate en cómo te lavas los dientes y descubrirás que siempre lo haces igual y tardas lo mismo. Así decenas de programas que se activan automáticamente cada día.

Los hábitos nos hacen sentir cómodos, dan forma ordenada a nuestro mundo. Todo lo que hagamos que esté automatizado, resulta más fácil de hacer. Recuerda lo que te costó aprender a montar en bicicleta y ahora, aunque hayan pasado años, puedes montar fácilmente sin pensártelo dos veces.

Esos programas se instalan en una parte primitiva de nuestro cerebro. De hecho, esa una habilidad con función adaptativa y nuestra supervivencia ha dependido de ella. A nuestro cerebro le encantan los automatismos. Cada vez que repetimos algo, se conectan neuronas, creando una red asociada a esa experiencia. Cuanto más repitamos, más se refuerza la red neuronal, generando un programa, un hábito, un automatismo.

Algunos de esos programas llevan con nosotros desde nuestra infancia y son muy útiles, por supuesto. Pero muchos otros no lo son, en absoluto. Un ejemplo: cada vez que tienes que hablar en público te pones de los nervios. Es un programa que no te aporta nada. Dirías que tiene lógica que pase eso, pero esa respuesta es una conducta asociada a una experiencia, pero no tiene que ser la única conducta posible. Es decir: cada vez que se activa tu programa (hablar en público), se genera una respuesta (ponerte de los nervios). Como te pasó una vez, crees que siempre te va a volver a pasar, luego te pasa. Como te acaba pasando, has fortalecido la red y ya solo cabe que se repita. Tú crees que no se puede cambiar, pero sí se puede asociar una respuesta diferente al programa.

Ahora, piensa en todas las cosas que haces que no no te gusta hacer pero que no puedes evitar hacer. Es muy posible que sea por causa de los automatismos. Un ejemplo personal: cada vez que abría una bolsa de patatas fritas, no podía parar hasta terminarla. Y mira que intentaba no hacerlo. Nos sentimos fatal cuando nuestras conductas o nuestras reacciones no son lo que nosotros queremos. Es frustrante y nos sentimos impotentes. Como cuando no puedes evitar sentirte pequeño o débil delante de tu jefe. O cuando te quedas sin palabras y eres incapaz de expresarte cada vez que alguien te grita. O simplemente cuando no puedes dejar de morderte las uñas aun cuando odias hacerlo. Es como si una fuerza nos cogiera como marionetas y nos manipulara a su antojo. Y te dices: “la próxima vez le diré esto”, “la próxima vez no haré eso”. Y la próxima vez pasa lo mismo, porque no has cambiado tu hábito.

Y ¿qué decir de los pensamientos? También tenemos hábitos de pensamientos. Si cada vez que te miras al espejo te dices: “qué gordo”, “qué feo”, “qué mala cara”, etc., tu inconsciente, que no tiene humor ni moral, que no sabe si es verdad o no, que no le importa si lleva carga mientras se repita lo suficiente, lo graba como una automatismo, de manera que cada vez que te veas, no podrás evitar pensar eso de ti. No podrás salirte de la huella que tú mismo has creado a base de repetirlo.

Muchos de estos hábitos nos empoderan, nos llevan a donde queremos ir, nos ayudan a conseguir lo que queremos. Pero muchos otros no. Ahora bien, tenemos esa habilidad del cerebro: todo lo que se automatiza, sale solo. Usémosla.

Piensa en dónde quieres estar dentro de 1 año. ¿Qué te ves haciendo?, ¿qué te ves sintiendo?, ¿qué cambios quieres que haya instalados?

Ahora observa tu vida y sé consciente de qué estás haciendo hoy para llegar a ese futuro cercano. Date cuenta de qué hábitos tendrías que empezar a instalar para que te resulte fácil llegar a ese punto. Por ejemplo: si quieres sacarte un título, tendrás que estudiar todas las semanas un número de horas. Si quieres perder peso, tendrás que hacer ejercicio unos días a la semana. Si quieres pensar mejor de ti, tendrás que decirte cosas bonitas todos los días. Piensa qué hábitos tienen las personas que ya han llegado ahí. Es muy revelador tener ejemplos a seguir que nos sirvan para aprender.

Pero también tienes que tener en cuenta qué hábitos tienes que eliminar o transformar que son los que te están impidiendo conseguir lo que quieres. Quieres estudiar pero siempre lo dejas para el día siguiente. Quieres perder peso pero te saltas la dieta muy a menudo. Quieres aumentar la autoestima pero sólo te sacas defectos. ¿Lo ves? Unos hábitos te impiden llegar a donde quieres y otros te llevarán directo a donde quieres. En los dos casos, son automatismos instalados en el mismo lugar de tu cerebro.

Tu conducta es lo que haces, no lo que eres. No es tu identidad. Por eso se puede cambiar. No tienes que seguir repitiendo lo que has hecho hasta ahora. El pasado no es el destino, no es tu futuro si así lo decides.

Crea tu futuro hoy, empieza a ser consciente de que lo que haces lo haces tú, luego lo puedes reprogramar. Ponte una meta y fíjate en qué cosas haces que no quieres seguir haciendo y qué cosas sí tienes que empezar a hacer. Al final, hoy empieza tu mañana.

Desde el presente crea tu futuro.

Nuria Velasco

www.tulibrodelavida.com

 

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