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Home » Artículos » Ejercicios para sanar a nuestro niño interior

Ejercicios para sanar a nuestro niño interior

Por Rosa Francés Cardona (Izha).- ¿Por qué hablamos tanto de sanar a nuestro maravilloso niño interior?
Según el célebre autor John Bradshaw cuando llegamos a adultos llevamos más de 25.000 horas de grabaciones de nuestros padres y realmente si nos paramos a pensar:
¿Cuántas de esas horas nos dicen que nos aman sin condiciones?
¿Cuántas nos dicen lo brillantes que somos?
¿Cuántas te dicen que podrás hacer todo lo que te propongas?

Si nos detenemos a escuchar oiremos muchas, muchas horas diciendo:
NO corras, NO hagas esto, NO estudias lo suficiente, NO…no, no, no parece la palabra preferida de la infancia y lo peor es que de mayores seguimos con ella: NO puedo permitirme hacer esto, NO puedo vestirme así, NO puedo debo hacer esto o lo otro…

¿Sabías qué esto puede cambiar?
Aunque te parezca una solemne tontería podemos cambiar nuestra percepción sobre nuestra historia de nuestro niño para poder sanar al adulto que hoy somos.
¿Cómo? Haciéndote amigo de tu niño.
Diéndole que estás a su lado.
REPITE conmigo:
“Estoy aquí para aprender a amar a mi niño, estoy dispuesto”.
Y ¿Sabes qué? El Universo encontrará la forma de contestarte.

Aquí te proponemos unos ejercicios para poder re-conectar con tu niño interior.

EJERCICIOS PARA TRABAJAR NUESTRO NIÑO INTERIOR:
Elige una canción de tu infancia y cántala (pensando que la estás cantando con tu niño).
Haz un dibujo con la mano contraria a la dominante (si eres diestro, usa la zurda).
Haz un puzle solo por placer.
Recuerda el juguete que más anhelabas en tu infancia y cómpratelo.
Busca/compra un peluche que te guste y al que llamarás como te llamaban de pequeño “apapáchalo” y habla con él diciéndole cuanto le quieres, dile cosas bonitas y todo aquello que te hubiera gustado oír en tu infancia. Este ejercicio es ideal realizarlo cada vez que te sientas vulnerable/triste/solo…
Si tienes hijos/nietos/sobrinos pequeños pídeles jugar con ellos (serán tus mejores maestros).
Sal a un paseo tranquilo con tu niño interior, no importa si donde, si es en la montaña, playa o donde sea. Aprovecha este paseo para conversar tranquilamente con el/la y pregúntale si aún tiene miedos, y qué puedes hacer para ayudarle.

Haz una actividad que en tu infancia te gustara mucho y tal vez no pudieras hacer muy a menudo por diversas razones; por ejemplo:
• Jugar en un charco (“te vas a manchar la ropa”).
Hacer pasteles (“te vas a quemar”).
• Ir descalzo (“te vas a cortar”).
Tirarte como un/a loco por los toboganes (“te vas a caer”).
• Pintar con las manos (“te vas a manchar).
• Haz manualidades (“eso son tonterías”).
• Baila como si no hubiera un mañana (“así no se baila”).
• Jugar a juegos considerados contrarios a tu rol (“las chicas/chicos no hacen eso”). Por fortuna esto está cambiando, pero nosotros pertenecemos a una época en la que cada sexo tenía sus juguetes definidos normalmente.
• Hacer la bomba en la piscina (“no queda fino en una chica eso”).

Una vez hayas hecho las actividades es conveniente hacerte estás preguntas:
¿Qué visualizas de tu niñez? ¿Cómo te sientes? ¿Qué recuerdas? Analiza cada una de tus respuestas.

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