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Home » Artículos » El amor de los animales a los niños

El amor de los animales a los niños

Por Ramiro Calle.- Cuando nos hacemos adultos perdemos parte de la frescura mental y dejamos de ser nosotros mismos, encapsulados en nuestro ego y rindiendo servidumbre a la densa burocracia del egocentrismo y la imagen. En la pisique se produce un fenómeno conocido como cristalización o fosilización, por lo que nos coagulamos internamente y se estanca el proceso de individuación, deteniéndose el verdadero aprendizaje, quedando enganchados en un surco repetitivo de consciencia y perdiendo el sentido lúdico de la vida. Así uno envejece prematuramente, anclado por el pasado y expectante del futuro, sin que haya una real percepción consciente del momento inmediato.

Pero los animales mantienen su capacidad, por ancianos que sean, para estar en la percepción del momento presente y conectar así con dimensiones que nos pasan desapercibidas debido a nuestra mente utilitaria y rentabilizadora, tendente a etiquetar y compartimentarizar.

Los animales domésticos mantienen su viveza en la percepción y conectan maravillosamente con los niños en la mayoría de los casos, empatizando con ellos y amándolos. Eso es tanto más posible en cuanto que niños y animales están libres de los mecanismos psíquicos de autodefensa y saben relacionarse más allá de la autoimágen y la imágen. Se manifiestan como son, libres del condicionamiento de la burda máscara de la personalidad. Así entre los animales domésticos y los niños surge al punto una conexión que no es velada por la razón ni el miedo, y pueden establecer una relación de entrega abierta e incondicional.

Tenemos mucho que desaprender para pode seguir aprendiendo y no dejar que nuestra mente pierda su nervio e intensidad. Los animales y los niños se relacionan sin corazas, sin preocuparse de opiniones ajenas y siendo naturales. ¡Qué gran lección de espontaneidad para una sociedad recelosa y competitiva, y donde cada cual se introduce en su «armadura» sin darse cuenta de que así no solo no logra defenderse de nada, sino que queda inmovilizado y rígido.¿Acaso la rigidez no es muerte y la flexibilidad es vida? Y me refiero ahora no a la del cuerpo, sino a otra mucho más esencial: la del alma.

Ramiro Calle

www.ramirocalle.com

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