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Home » Artículos » El consumismo que nos consume

El consumismo que nos consume

consumismoPor Angélica Rodríguez.- Los consumidores modernos pueden identificarse con la fórmula siguiente: yo soy lo que tengo y lo que consumo. Erich Fromm.

Hemos llegado al tope. Al tope. Nuestra forma de consumir nos ha rebasado, hemos pasado de consumidores a consumidos. Y no es esto lo que hoy me ocupa en estas letras, al fin y al cabo cada quien sabe cuánto gasta y en qué lo gasta, lo que me ha movido las entrañas es lo que, según expertos del comportamiento humano, buscamos al consumir: la felicidad.

Caminaba hace días por una de las plazas más grandes y más concurridas de Culiacán, sí hagámosle más publicidad, Forum, y la verdad estaba ahí no para comprar nada, no al menos conscientemente, sino para abonarle a un par de tarjetas lo comprado hace muuuchos meses (sin intereses) atrás.

Mi percepción era difusa, me sentí como en una jungla, en una especie de escena cinematográfica donde el actor se refleja aturdido y todo a su alrededor caminara muy aprisa, y yo a pasos lentos tratando de abrirme paso entre la vorágine. Repasaba los aparadores, observé las largas filas, a veces clavaba mi mirada en los rostros extasiados de la gente, otros agobiados por no encontrar lo que buscaban (o no saber qué buscaban), novios, maridos, amantes cargando bolsas y más bolsas, mientras sus ataviadas y protuberantes mujeres apuraban el paso de una tienda a otra con un porte de orgullo y una sonrisa que le gritaba al mundo “qué feliz soy”.

Confieso que me sentí aliviada de no llevar, ahora, en mi estómago esa sensación de ansiedad por gastar, de vulnerabilidad ante las maravillosas ofertas; ni tampoco de frustración por no llevar un costal de billetes, como solía decirme mi madre; y no es que no me guste comprar, estrenar o regalar cosas, quienes me conocen saben que los límites me cuestan mucho (sobre todo los de los créditos), sin embargo creo que estoy aprendiendo o mejor dicho me he desprendido de creencias o ciertas programaciones.

¿Tengo que estrenar ropa en Navidad? ¿En verdad necesito otro par de botas negras? ¿En serio voy a desquitar lo que vale ese collar con una puesta? ¿El reloj es para saber la hora o ponerle una marca de diseñador a mi muñeca porque solita no vale? En esa lluvia de preguntas, también encontré respuestas. Tengo un par de vestidos sin estrenar, alguno me puede servir para la Noche Buena “al fin que no voy a quedar bien con nadie”; hace años que no uso reloj y, que yo sepa, nadie se ha muerto por ello, ni yo; hace poco hice limpia de accesorios que sólo ocupaban espacio en mi clóset pero ya no eran requeridos en mi persona…

Coincido con Álvaro Gómez, un joven escritor español a quien le he escuchado y leído apuntes extraordinarios sobre este tema, de que la sociedad occidental, y creo que es el caso de los que caminábamos por Forum, ya hemos nacido ricos, ya estamos en el nivel más alto de supervivencia de lo material, hemos logrado el grado 10, porque tenemos un techo donde resguardarnos, al menos unas 5 piezas para vestirnos y comida caliente para alimentarnos, así que por más que acumulemos no nos llevará al grado 11, porque 10 es su tope; entonces, lo que le seguiría es acceder pero al nivel uno de otro tipo de felicidad, una más humana, una felicidad desde el amor, el corazón, y no desde las cosas en un aparador.

Gómez afirma en su podcast Vivir de Corazón que “lo material influye en nuestra felicidad hasta que llegamos al nivel donde tenemos lo que necesitamos, el siguiente paso debe ser la búsqueda de lo humano”.

Y hoy me quedé con ganas de más. Confieso que quiero acumular más y más y más momentos como el que he vivido la tarde de este viernes en Casa Manantial, un centro de rehabilitación de adicciones para mujeres, y donde alrededor de 30 niñas, jóvenes y señoras me regalaron la mejor mercancía de todas: su experiencia de vida, su fortaleza, su sonrisa y su corazón lleno de agradecimiento por tan sólo haberles llevado unos bocadillos a manera de posada para alegrarles el día y compartido un par de horas entre chistes, música, abrazos y buenos deseos.

Sí, claro que es necesario el dinero para poder compartir con quienes han sido mucho menos afortunados que nosotros, si no, con qué compramos las tortitas, el pastel, los refrescos, y los regalitos que llevamos; no me refiero, y no se me confunda, a ser conformistas, mediocres o sin ambición, sino a estar conscientes cuándo hemos alcanzado el nivel máximo de ese tipo de felicidad material y es necesario, sí o sí, acumular, consumir excesivamente, regalarnos ese otro tipo de experiencias que nos harán tener no sólo una Navidad sino una vida verdaderamente plena, satisfecha, feliz.

¿Qué es lo más humano que puedo regalar en estas fechas? ¿Desde donde estoy regalando lo que regalo? ¿Desde el amor, el compromiso, la presión social, la mercadotecnia, la culpa? ¿Necesito todo lo que consumo? ¿Estoy acumulando cosas o experiencias?

Cuando salí de Forum, salí feliz, y no por haber comprado algo sino irónicamente por no haber comprado nada que no necesitaba. Cuando llegué a Casa Manantial, creía que era yo la que les llevaba cosas, sin embargo la que se vino llena, repleta, cargada de regalos fue mi alma.

angelica-rodriguezAngélica Rodríguez estudió Ciencias y Técnicas de la Comunicación, y tras 15 años desarrollándose en diferentes áreas de gobierno relacionadas con la difusión, producción y locución de radio, conducción de eventos, organización de congresos y seminarios, capacitación a funcionarios públicos y manejo de redes sociales, un proceso de transformación personal y la crisis de acercarse a los 40, la puso de frente a este #Encuentro: comunicar desde la conciencia y el corazón.

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