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El duelo (segunda parte)

321519_526942507343297_1566952021_nPor Montserrat Alemany Lamana.- Se consideran grandes duelos, la muerte de un ser querido aunque en algunos casos también pueden considerarse así, una separación traumática o divorcio.

Las etapas que se recorren son las mismas que para los pequeños duelos, que son:

Etapas del duelo Según Kübler Ross

Shock – Negación

Ira – Ira

Negación – Negociación

Negociación –  Depresión

Resolución – Aceptación

Según Luis Jorge Gamboa Albornoz Psiquiatra

Impacto – negación

Conciencia de la pérdida

Castración y retraimiento

Cicatrización o reacomodo

Recuperación y sanación

Se considera como el duelo más doloroso la muerte de un hijo porque por muy preparada que este una persona, sea madre o padre, por muy espiritual que sea y por mucho que sus creencias de que existe un más allá, por muy arraigadas que estén estas creencias, en esos casos se vive un dolor extraordinario. La creencia general es que debería haber un cambio generacional, por lo que según la naturaleza primero deberían partir los padres y después los hijos, eso hace que la incomprensión y el shock sea total.

En muchos casos, por la muerte de un hijo se rompe la pareja, porque cada uno gestiona el dolor de forma diferente. En líneas generales los papas tienen tendencia a huir hacia adelante e intentan buscar consuelo lo antes posible, esto no quiere decir que todos los padres lo hagan, claro está, pero es una tendencia muy acusada, por el contrario las madres, se encierran en un dolor muy intenso y la tendencia es a la depresión, seguramente las madres sienten fuertemente la pérdida del alma que durante un tiempo ha formado parte de su propio ser.

Todo esto claro está en líneas generales aunque no siempre se cumple del todo, incluso hay veces que puede ser completamente a la inversa.

Aquí querría romper una lanza y recordar a todos los padres en duel, que piensen en los hermanos, ellos sufren tanto o más que los padres y además se sienten abandonados, incluso pueden sentir celos del hermano fallecido. Estos hermanos sufrientes pueden arrastrar esa pérdida a lo largo de mucho tiempo, incluso marcar su vida de forma definitiva.

Otro caso doloroso es cuando se pierde la pareja, cuando perdemos el compañero/a de vida nos deja un vacío que difícilmente se puede llenar con nada. Hay casos de parejas que llevan toda la vida juntas que incluso mueren uno detrás de otro.

Hay muchos casos más, la muerte de padres, hermanos, familiares, amigos, maestros, etc.

En todos estos casos como ya hemos dicho antes hay unas etapas que si podemos tomar consciencia de ellas nos ayudan mucho a pasar el proceso de una manera más llevadera.

Hay varios tipos de duelo, a saber:

  • Anticipado: precedido con tiempo y pleno conocimiento de la situación, permite preparar anímicamente.
  • Retardado: es un duelo inhibido o reprimido. Se puede tener una reacción emotiva en el momento de la pérdida, pero no * en proporción con el significado de la pérdida. El pesar se manifiesta más adelante con cierta exageración cuando la pérdida se reactiva con una pérdida menor.
  • Crónico: Es un pesar inusitadamente intenso que no disminuye con el tiempo y por tanto se transforma en una manera de ser.
  • Emergente: El sufrimiento aparece por etapas, fechas o circunstancias.
  • Patológico: El duelo anormal puede presentarse de diversas maneras, que van desde el retraso del duelo o la ausencia de éste hasta un duelo muy intenso y prolongado.
  • Negado: Es la ausencia de la expresión del duelo en el momento de la pérdida.

Mi recomendación es nunca recrearnos en el dolor, llorar la pérdida pero sin deleitarnos en la oscuridad de negros pensamientos, cuidarnos mucho a nosotros mismos, dejar que fluya el dolor y rodearnos de personas positivas que puedan comprender por lo que estamos pasando. Buscar ayuda profesional si es necesario, rodearnos de un ambiente agradable, salir a la naturaleza, etc.

En la medida de lo posible no crear un santuario con las pertenencias de la persona que se ha ido, ni lo contrario desprendernos de todo lo que le pertenecía, guardar algún objeto que nos la recuerde, algunas fotografías, etc como homenaje es sano, pero en eso tampoco hay reglas fijas lo que para una persona puede parecer mucho para otra puede ser muy poco, por lo que lo mejor es guiarse por el corazón y el sentido común.

Es muy necesario hablar mucho de nuestros sentimientos, con algunas personas que puedan comprendernos  y si no tenemos un interlocutor comprensivo, escribir mucho sobre ello o gravar todo lo que vamos sintiendo, de esta manera nos descargamos de emociones y sentimientos que de lo contrario siguen estando en nuestro pensamiento sin encontrar salida.

La meditación, la lectura, la música y asistir a grupos de duelo también son una gran opción.

El primer año es crucial para construir  el duelo, porque como es lógico, siempre habrá fechas como cumpleaños, fiestas familiares, navidades, vacaciones y fechas especiales, que nos recuerden más al ser querido que ya no está, normalmente cuando se han sucedido todos estos acontecimientos en el primer año, y si el duelo se ha construido bien respetando sus etapas y respetándonos a nosotros mismos, poco a poco el dolor se irá adormeciendo y podremos seguir con nuestras vidas.

No hay reglas fijas para la resolución de un duelo, se ha estudiado mucho sobre ello, pero cada persona es diferente y el entorno también, por lo que es aconsejable no castigarse si las reacciones que se tienen son más o menos intensas, no hay dos duelos iguales todo depende de las circunstancias que lo rodean y también la cercanía, no es lo mismo después de una larga enfermedad que un caso de muerte repentina, etc. nunca se deben comparar con otros casos pues la resilencia ante el dolor es personal.

Lo que es cierto es que poco a poco el dolor se va debilitando y el doliente renace con nuevos valores hacia la vida, lo que antes parecía de suma importancia pasa a ser “algo que pasa” relativizamos situaciones que antes nos parecían de suma importancia. Después de la resolución del duelo, la vida cambia en muchos sentidos y nos hace ver y creer en realidades que quizás nunca antes nos habríamos planteado.

Volver a vivir es difícil, pero nos ayuda saber que la persona amada estará siempre en nuestro interior y hasta que volvamos a reunirnos, si creemos en un mundo más trascendente y si no creemos en nada sabemos que mientras vivamos estarán en nuestro recuerdo, en nuestro interior, en nuestra mente y en nuestro corazón.

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