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Home » Artículos » El Plan de Dios es maravilloso

El Plan de Dios es maravilloso

Por Jose Antonio Valenzuela.- Somos mas, mucho mas de lo que nos creemos. Nuestro ser está formado por el alma, eterna, que ocupa lo que podríamos denominar “un vehículo con ordenador a bordo”, y que son caducos. Lo que menos importa de nosotros es el cuerpo que habitamos y la mente que lo controla, ese es sólo el vehículo que tiene nuestra alma para pasar por las experiencias que necesita, para poder crecer en su paso por este mundo.

A modo de metáfora, imaginemos que para cumplir una serie de viajes y trabajos nos proporcionan un caballo, ¿es importante cuidarlo para poder realizar nuestra misión?, está claro que si, que debemos enseñarlo, darle de comer, dejarlo descansar, cepillarlo… y así nuestro vehículo estará siempre apunto, pero ¿sería correcto abandonar nuestra misión por dedicarnos a cuidar al caballo?, sería absurdo, sin embargo es a lo que hoy dedican muchas personas su vida, ¡a su cuerpo!, con lo que llamamos “culto al cuerpo”. Por desgracia, millones de personas dedican su tiempo, voluntad y recursos, ¡todo!, a su cuerpo, a su caballo.

Siguiendo con la metáfora, el caballo también tiene sus impulsos, que lo llevan a hacer cosas en cada momento distintas a lo que necesita el jinete para cumplir con la misión, por lo que tendrá constantemente que ir obligándole a continuar para conseguir llegar a cada una de las metas. En nuestro ser, es lo que ocurre con la mente, siempre intentando llevar al cuerpo a cosas distintas a la misión del alma, pero lo lógico es que con voluntad, se consiga el objetivo.

Ahora, también a modo de metáfora, imaginemos que nuestro mundo es el sol, y que las almas somos los átomos que configuran los distintos elementos que lo componen. Cuanto mas cercanas al núcleo tendrán mayor temperatura y cuanto mas alejadas menor, pero todas átomos de luz y calor. Dios sería la suma de todos los átomos, es decir, Dios sería “el Sol”, el ¡Todo!, y las almas parte del Todo, parte de Dios.

Cuando perdemos algo es cuando nos damos cuenta de lo que teníamos, y es entonces cuando realmente lo valoramos. Siendo las almas seres de luz y calor, de lo que trataría el plan divino en esta metáfora sería de que las almas experimenten lo contrario a lo que son, es decir, Dios ocultaría al alma su esencia, la luz y el calor, para que sienta el frío y la oscuridad y así pueda aprenda a recuperarla en un medio hostil para crecer y elevarse.

Ahora cambiemos el sol y sus átomos de energía de luz y calor, por un mundo espiritual compuesto por “seres cuya energía es el amor”, ¡ese es nuestro mundo!, el mundo de las almas, el mundo espiritual, nuestra casa en realidad.

Somos seres cuya esencia es amor, en el mundo espiritual vivimos infinitos seres de energía divina, y la Fuente de la que partimos es Dios, que es la suma de todos. Dios es el Todo, por tanto Dios es amor infinito. Y la forma de que crezca “El Todo” es hacer crecer a cada una de las almas, de similar forma a la descrita en la metáfora del sol.

Siendo nuestra almas energía, y viviendo en un estado permanente de amor, de felicidad, la única forma de crecer y elevarnos hasta fundirnos con Dios, es sentir lo contrario de lo que somos y comprender. Dios crea un mundo, un mundo irreal, donde las almas experimentarán “el sufrimiento, la oscuridad”, y de esa forma, a medida que sus experiencias las hagan comprender, aceptando y en definitiva, amando por encima de todo, se elevarán hasta hacerse unas con el Todo, creciendo también así Dios.

Pero de igual forma que si Dios fuese el sol estaría abrigando a sus almas en la tierra con sus rayos de luz y calor, siendo amor también lo hace inundando con su Espíritu a toda la Creación. Por eso podemos sentir la presencia de Dios, de su Espíritu Santo, en todo lo que nos rodea, y si queremos sentirlo sólo tenemos que buscarlo en nuestro interior.

Por tanto debemos entender que el plan de Dios, a pesar de lo que vemos a nuestro alrededor, tiene sentido, que la vida es algo maravilloso y que no debemos en ningún momento cuestionar a Dios ni a su Creación.

El mundo irreal que crea Dios para que las almas se eleven, es lo que llamamos “Universo”, compuesto por un número infinito de galaxias, estrellas, planetas, astros, etc, pero no olvides que no deja de ser una creación, la programación de una realidad que podríamos llamar “virtual” o “de otra dimensión” a la real, al mundo espiritual. Piensa que debemos ver la Creación de Dios como un lugar donde vivir las vidas y experiencias necesarias para nuestra elevación (en la metáfora, para el acercamiento al núcleo).

Imaginemos que un terapeuta nos propone para nuestro crecimiento personal una serie de experiencias virtuales en 3d, que potenciarán nuestros sentidos porque serán de una perfección que las sentiremos como reales. Esa es la experiencia de nuestra alma en uno de los mundos, de una dimensión distinta a la nuestra, donde estamos ahora encarnados, “la tierra”.

Debemos meditar, mirar a nuestro interior y discernir entre lo real de nuestra alma, eterna, y lo irreal de este mundo, incluido el vehículo y su mente, que nos proporciona Dios para vivir y sentir, lo que nos permitirá experimentar sensaciones que de otra forma sería imposible.

El plan de Dios es totalmente incomprensible para nuestra mente humana (la mente de nuestro vehículo, de nuestro cuerpo), y la única forma de cumplir nuestra misión es no dejarnos llevar por ella, por sus deseos, apetitos y apegos materiales.

Dios permite a las almas “cierta libertad”, lo que llamamos libre albedrío, dentro de su Creación, porque prácticamente todo está ya definido, puesto que el plan de Dios no trata de configurar las experiencias de un alma, sino la de todas, de miles de millones solo en la tierra, por lo que debemos hacernos a la idea de que el plan va mas allá de lo que podemos comprender.

Somos libres para sufrir o amar en la misma circunstancia, dependerá de que la aceptemos o no. De ponernos en el lugar de los demás y practicar la caridad, o ser egoístas. Somos libres para elegir un camino u otro, aunque repito, no debemos pretender cambiar al mundo porque eso no nos corresponde. Se trata de elevarnos ayudando a los demás y olvidándonos de nosotros, porque esa es la principal virtud de todas, la caridad. Y es por la que conseguiremos elevarnos o no en las distintas encarnaciones de nuestra alma, en las sucesivas vidas que el plan de Dios contempla para nuestro crecimiento.

La terapia a la que nuestra alma se somete al encarnarse trata sólo de que aprenda a ser lo que es, independientemente del medio en el que se encuentre, y así se purifique y crezca en su esencia, en amor. Debemos ser humildes para entender el plan de Dios y veremos que no tiene ningún sentido que nos empeñemos en sufrir por cada suceso que hay a nuestro alrededor, por lo que el plan Divino crea a bien que pase, y mucho menos debemos juzgarlo. Debemos ser pacientes ante los abusos del prójimo, ser empáticos, poniéndonos en su lugar y comprendiendo su ignorancia sobre la verdadera realidad de este mundo y por tanto entenderemos su sufrimiento, y seguro que lo último que haremos entonces será responder de la misma forma a los que nos humillan. Debemos ser cariñosos ante los malos momentos de quienes nos rodean. Tener confianza en nosotros mismos, y con Voluntad cambiar y mejorar.

Todo, y entiende, ¡todo! Está recogido en el plan de Dios. No pienses que hay sucesos extraordinarios que han escapado a la Creación, por destructivos que puedan parecer.

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