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Home » Artículos » El Recuerdo

El Recuerdo

Por Guadalupe Montoya Lazos.- Esta mañana me asalto el recuerdo de la colonia Polanco, misma donde he trabajado, en varias ocasiones y en diferentes disciplinas, en una ocasión como médico funcional y en otra como Psicoterapeuta Familiar donde me encontré con las Constelaciones Familiares tradicionales, sin embargo, esto es otra historia.

Lo interesante del recuerdo que me invadió fue la sensación de tiempo presente en un momento de tiempo presente, empalmándose ambos tiempos, provocándome una emoción particular, de emanación de recuerdos cálidos, gratos  y libres de preocupaciones.

Tal vez nostalgia, la cual  muchas veces nos invade a lo largo de nuestra vida, por diferentes espacios, personas, acontecimientos positivos que hemos experimentado en esos lugares.

Al sentir esa ráfaga de energía que estaba propiciando el recuerdo, me di cuenta que su presencia –energía- invadía mi campo áurico y físico, que  por un momento me quedaba fuera del tiempo “real” y me incorporaba vívidamente al recuerdo del pasado con una gran nitidez y sensación de estar ahí en ese momento, mi campo no tenía tiempo ni espacio, sólo la energía sensible de la emoción que me rodeaba y me alejaba por un momento o más de mi entorno, aquella manifestación era tan real, que con sólo dar  un paso, podría regresarme al lugar aquel, a la tarde aquella en que todo era, sol, paz y tranquilidad, después de haber comido con mi jefa en un ambiente de buena comida, buen servicio y sobre todo de muy buena plática, en la comunidad de la colonia Polanco.

La claridad del recuerdo, la sensación de estar ahí, ganando una emoción de aceptación mutua, de respeto entre dos personas que compartían ideas, emociones, proyectos y sobre todo amistad.

Esto me llevo a recordar mis trabajos en  campo mórfico y morfogenético, en donde podemos ver que la memoria Morfica hace que lo aprendido se quede en el campo como conocimiento-aprendizaje, sin tiempo sin espacio, sólo transmisión de algo aprendido, sentido y compartido por el campo, con el impulso de aceptación a la vida al progreso y tal vez algo más.

La capacidad de tocar y participar de esa energía, que se almacena en el campo, nos capacita, nos prepara y nos evoluciona, entendiendo que nada está oculto bajo el sol.

Los científicos cuánticos y los que trabajamos con esta premisa, sabemos que ningún lugar está lejos, y que basta pensar en él para sentir su presencia cuántica diría yo.

Al día de hoy estas ráfagas de recuerdo que me transportan a diferentes lugares y épocas, llegan a mi sin  pedirlas ni provocarme dolor, por el contrario son como soplos de encuentros con el pasado y con los míos, ya que siento a mis padres y los seres que me acompañaron en mi infancia como visitantes cuánticos vivos y conscientes del campo en donde habitamos en el eterno aquí y ahora, pero capaces de interdimensionarnos, en el pasado presente y futuro, podemos decir que es un viaje en el tiempo, como dijera Vicente Fuentes, investigador de los viajes en el tiempo.

Ahora el recuerdo me permite sentirme tocada por ellos, con amor y en paz, pudiendo responder con respeto, honrándolos y reconociéndolos.

Después de estudiar, e investigar buscando respuestas a mis relaciones con mis ancestros y mi clan entendiendo que todos tenemos, un Proyecto Sentido, que nos programa nuestros padres mientras estamos en el seno materno, apoyado por lo que heredamos de nuestros ancestros tanto en la vía materna como paterna, así como de los deseos y proyectos de ellos, para el hijo que viene; como dijese Marc  Freche el Psicólogo que descubrió el Proyecto Sentido, del cual hablaremos en otro artículo.

Así también el guion de vida que nos comprometemos a vivir, a lo  largo de nuestra estancia en este  plano. Éste fabricado por nosotros en los primeros tres a cinco años dependiendo de lo que vivíamos en ese periodo.,

Volviendo al recuerdo

Ya deje de sentir miedo y tristeza a la nostalgia y el recuerdo, deteniendo así la preocupación convirtiéndola en ocupación.

De tiempo y espacio,  recordando que el vocablo emana del vocablo latino recordari, compuesto por el prefijo re que equivale a “de nuevo” y cardis que es sinónimo de corazón (Definición web), Así el corazón queda de nuevo a la espera del recuerdo.

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