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Home » Artículos » Elevando el mínimo

Elevando el mínimo

Por Nuria Velasco.- Nos conformamos con cosas, y ese es nuestro mínimo. En el momento que queremos progresar, cambiar, evolucionar o simplemente probar cosas nuevas, nos estamos saliendo de nuestra zona de confort. Algo en nosotros nos dice que lo que tenemos ya no es suficiente. De manera que elevamos nuestro mínimo y vamos a por ello, haciendo cosas que nos hagan conseguirlo.

En el momento que tomamos una decisión, si hacemos algo que lo demuestre, se habrá convertido en realidad. Si no, las decisiones tienden a no sostenerse. Eso vale para todo: en el momento que tomes una decisión, haz una acción que la afirme, que la haga real, materializa esa decisión, no te salgas del estado interno que la ha tomado sin hacer algo. Y en el momento que dentro de nosotros está decidido algo, actuamos diferente. Si no lo hacemos, es que no hemos tomado realmente la decisión, porque hacerlo activa un “click” interno. Cuando decidí dejar de fumar, noté el cambio en mi: ya no era una opción tener cigarros en casa, encender uno o ponerme en situaciones que me llevaran a querer fumar. Porque yo había decidido dejarlo. Fui consciente de las rutinas que tenía asociadas al tabaco y las cambié por otras rutinas nuevas. Algunas fueron más fáciles de cambiar, otras más difíciles. Pero me di cuenta que mi decisión cambiaba lo que yo hacía y lo que quería en mi vida. Y esa decisión estaba siendo sostenida por mis rutinas diarias. Este proceso vale para cualquier decisión que se quiera tomar.

Primero hay que encontrar el SÍ dentro, esa fuerza que te empuja a querer hacerlo. Ese es un estado interno diferente y ahí hay que quedarse. Para ello tenemos que querer elevar nuestro mínimo. “Quiero que me cambie la vida pero yo no quiero hacer ningún esfuerzo” es algo que con otras palabras, oigo bastante a la gente. Hay que querer hacer algún esfuerzo o no se materializará la decisión.

¿Qué te gustaría que cambiara en tu vida? Ponlo en una hoja de papel, sé valiente y eleva el mínimo con el que te conformas. Sal de esa zona de confort y ponte un objetivo, el que quieras. Ahora sé honesto y date cuenta de cuál es la situación objetiva en la que estás ahora mismo y qué cosas has hecho para llegar a ella. Nadie va a leer ese papel. Sólo date cuenta de las acciones, comportamientos, pensamientos, rutinas que han generado la situación. Sé lo más objetivo y neutro posible, no te castigues, ¿para qué?

Ahora observa esa meta que quieres conseguir y escribe cuáles serían las rutinas que tendrías que realizar para conseguirlo y cuáles tendrías que dejar de hacer. Piénsate dentro de un año, de dos o de 5, depende de lo ambicioso de su objetivo. Piénsate con el objetivo ya cumplido y date cuenta de lo que ese Yo futuro hizo para conseguirlo. Date cuenta si estás haciendo lo que te va a llevar a ese futuro. ¿Estás haciendo lo adecuado?, ¿estás leyendo los libros que te llevarán ahí?, ¿estás diciendo lo que debes?, ¿estás con las personas que te van a ayudar a llegar ahí?, ¿estás haciendo lo que tienes que hacer para conseguir lo que quieres?

Piensa en que las rutinas se acaban instalando hasta que son automatismos, con lo que llegará un momento en el que no habrá ningún esfuerzo en realizarlas. La fuerza de voluntad se agota, pero las rutinas se hacen solas. Aprovéchate de esa parte de nuestro cerebro que automatiza las acciones cuando se repiten lo suficiente.

Todo empezó con la decisión de elevar un mínimo, pero se sostuvo con las rutinas diarias.

Nuria Velasco

www.tulibrodelavida.com

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