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En defensa de unas cabras cruelmente maltratadas

Por Ramiro Calle.- Como todos los meses de Agosto, he acudido una vez más a San Sebastián a impartir una conferencia-taller, en esta ocasión sobre el amor consciente e incondicional. En ella dirigí la meditación que tanto recomendara Buda consistente en irradiar buenos sentimientos y compasión hacia todas las criaturas, e insistí en los animales, que tanto nos dan y con los que tan poco agradecidos somos y a los que todavía hay malevolentes «personas» que les maltratan, personas que en realidad no merecen llamarse tales y se esconde en ellas un gran poder destructivo.

Días después, yendo a visitar el monte Ulía, por recomendación de mi buen amigo Vicente, pasé casualmente por una pequeña finca en la que pude ver, espantado, una cabrita en agónica situación y con las patas gravemente lesionadas, toda vez que el veterinario la había atado las patas y luego él, así como el dueño y ayudante de la propiedad, habían olvidado desatarla. ¿Qué hacer en una situación tal, que rompe el corazón y que crea una enorme impotencia?

Llamamos a la policía municipal, que llegó y se declaró insolvente para poder solucionar el tema, mientras ahí seguía la cabrita, con pocas semanas de vida, en un gran padecimiento. Uno de los policías confesó querer a los animales, pero al tratarse de una propiedad privada no podía tomar ninguna determinación. La policía llamó insistentemente al propietario, pero se negó a coger el teléfono. He sabido por varios vecinos de la zona que este hombre ya ha sido en diversas ocasiones denunciado por maltrato animal, pero pasan los años y así sigue la situación. Anteriormente, me comunican, el maltrato recayó por parte de este hombre sobre unos caballos, y los vecinos cuentan verdaderas atrocidades al respecto, pero hasta el momento sus reiteradas denuncias no han surtido ningún efecto. Las cabras están desnutridas.

Envié un sms al dueño apelando a sus buenos sentimientos y humanidad para que auxiliara a la cabrita, rogándole encarecidamente no la matara. No sé cómo habrá procedido este individuo. Durante el par de horas que estuve viendo sufrir a la cabrita, totalmente inerme e indefensa, me percaté de hasta qué punto hay pesonas aviesas con un alma de acero ante el sufrimiento de estas criaturas que tan generosamente tanto nos brindan.

Voy a solicitar al Ayuntamiento de San Sebastián una rigurosa investigación al respecto y será muy bienvenida la iniciativa de aquellos que, amantes de los animales, me apoyen en esta iniciativa enviando un mail a la sección correspondiente del Ayuntamiento en cuanto a evitar el maltrato animal. Mucho lo agradeceré. No me extraña que los turistas que pasaban por la zona se sintieran tan profundamente conmovidos al ver lo que estaba sucediendo sin que nadie pudiera socorrer a  la cabrita, sublimemente inocente y aviesamente maltratada.

¡Qué poco dice sobre un país el que sigamos permitiendo que se maltrate a los animales y se impida incivilizadamente que los de compañía puedan entrar en cafeterías, hoteles u otros establecimientos! En este sentido claro que estamos a años luz con respecto a otros países de Europa. Y lo peor: mucho hablar por parte de los políticos y, como siempe,poco hacer.

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