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Home » Artículos » Eres mucho más poderoso de lo que crees (Parte I)

Eres mucho más poderoso de lo que crees (Parte I)

Por Noelia Martínez Mesones.- Desde que somos pequeños, nuestra familia, el colegio y la sociedad nos inculcan ciertas creencias limitantes basadas en el miedo, lo que causan una profunda impronta en nuestra mente subconsciente, responsable de nuestro destino en la vida. Entre estas creencias limitantes, hay algunas comunes a prácticamente todos los seres humanos:

  • Soy un ser dependiente
  • No podemos escapar del sufrimiento
  • Tenemos que pasar por enfermedades, más o menos graves, a lo largo de nuestra vida
  • Es muy común fallecer por enfermedad
  • Para conseguir las cosas hay que trabajar muy duro

Durante muchos años albergué en mi subconsciente este tipo de creencias y otras, pensando que eran todas ellas ciertas, además de dar por hecho que la vida era una especie de camino de espinas, francamente duro y amargo, del que no se podía escapar, hasta que un día desperté de esta programación negativa y di un vuelco a mi vida.

La gran mayoría de las personas despiertan a través de un suceso o evento traumático. En mi caso, me detectaron una enfermedad terminal por la que no me daban más de 6 meses de vida. Al verme en una situación en la que me jugaba la vida, decidí tomar acción de forma inmediata. Así, me di cuenta de algo realmente importante que me cambió la vida: el hecho de que no estamos destinados, tal y como afirma la medicina alopática, sino que estamos programados, y que es posible revertir esta programación que se alberga en nuestro ADN mediante procedimientos sencillos, potentes, rápidos, eficaces y totalmente inocuos. El proceso requiere disciplina, fe, paciencia y grandes dosis de determinación. Hay que estar dispuesto a atravesar el desierto hasta alcanzar la Tierra Prometida, tal y como se narra en la Biblia en forma metafórica, puesto que no podemos cambiar una programación errónea, mantenida a lo largo de tantos años, en poco tiempo. La naturaleza es una gran maestra en este sentido: un niño no hace en un día, necesita un proceso de nueve meses; una cosecha no se genera en unas horas, necesita de meses también. Es importante conocer esta Ley Universal que hace referencia a que todo cambio profundo necesita un tiempo de germinación hasta hacerse vivible en la esfera física.

Para producir esta transformación en nuestras vidas, debemos identificar las creencias erróneas que han limitado nuestro potencial en todas las áreas (salud, dinero, éxito profesional, pareja, relaciones sociales) e ir programando nuestra mente subconsciente “a la carta”, al gusto de cada uno, siempre y cuando las nuevas creencias sean seguras tanto para la persona como para el resto de la Humanidad y del Planeta. Por eso, siempre se pregunta al sistema de la persona (formado por su mente subconsciente y supraconsciente), la idoneidad de llevar a cabo la reprogramación de mente subconsciente mediante la programación de creencias autoexpansivas y la eliminación de emociones limitantes (miedo, ansiedad, apego, envidia, celos, etc.). Esto hará que se desactiven del ADN las energías que sustentaban dichas creencias y emociones, dando lugar a que se activen otras nuevas autoexpansivas y que propiciarán cambios favorables en la vida de la persona para resolver la situación que desee abordar en ese momento.

Cuando me detectaron la enfermedad, tenía muy claro que si quería curarme, debía dar un giro completo a todas las áreas de mi vida, darles la vuelta como a un calcetín. Empecé, lógicamente, con la salud. Para ello, leí, estudié y apliqué las teorías de los médicos alternativos (medicina del alma y medicina energética, entre otras) y de las nuevas terapias que abordan el estudio de la mente y de las emociones, puesto que es ahí donde reside el origen de la gran mayoría de las condiciones de salud. Me di cuenta de que todas estas teorías estaban basadas en las ideas de Hipócrates, el famoso filósofo y médico griego, sobre la salud, el origen de la enfermedad y cómo abordar cualquier condición física o mental. Energéticamente atraemos todo en nuestra vida, tanto lo bueno como lo malo, y esa energía no es sino un conjunto de creencias y emociones que juntas sostienen y dan forma a los eventos que se nos presentan en el día a día.

De esta forma, llegué a la conclusión de que la ENERGÍA es la clave de todo. Toda alteración física o mental produce una alteración energética que se manifiesta en bloqueos en los diferentes canales, nadis y meridianos de nuestro cuerpo. Un catarro, un cáncer, el ELA… todas responden a estos bloqueos energéticos. La curación de un catarro lleva mucho menos tiempo puesto que implica un número de bloqueos menor que las demás. Sin embargo, es posible sanar CUALQUIER condición de salud aplicando las técnicas energéticas necesarias en cada caso (y eso lo sabe siempre el sistema de la persona, que es el que informa al terapeuta de lo que precisa cada ser humano), así como otras técnicas físicas –en caso de ser necesario- que no tienen por qué ser tóxicas ni perjudiciales para el cuerpo. Por eso, la mayoría de los protocolos médicos que se aplican en la actualidad en la medicina alopática no funcionan, puesto que no están personalizados ni tienen en cuenta las variables y necesidades de cada persona. Además, la mayoría resultan altamente tóxicos y peligrosos, puesto que generan numerosos efectos secundarios y traumas tanto en el cuerpo físico como en el mental y emocional del ser humano.

Nikola Tesla (Croacia, 1856) ya afirmaba a principios del s. XX: “Si quieres entender el Universo, piensa en energía, frecuencia y vibración”. Las creencias y las emociones son, de por sí, energía, y cada una de ellas emite una frecuencia y una vibración. Las creencias y emociones positivas (amor, alegría, gratitud, compasión, etc.) producen frecuencias y vibraciones elevadas, mientras que las creencias y emociones negativas (miedo, ira, rabia, tristeza, etc.) desencadenan frecuencias y vibraciones bajas. Si nuestro sistema de creencias está sustentado en la negatividad, en creer que la vida es sufrimiento, que es normal estar enfermo, que el cáncer es igual a muerte, que el sufrimiento es normal, que los ricos son malos, que cuesta mucho alcanzar las metas, que para triunfar hay que trabajar duro e incluso sufrir, tal y como hemos escuchado en innumerables ocasiones en nuestros entornos familiares, estamos sustentando un sistema de creencias basado en bajas frecuencias, lo que se traduce en la vibración del miedo, la carencia o el dolor, entre otras. Estas bajas frecuencias lo que hacen es atraer sucesos, acontecimientos y personas desfavorables en todos y cada uno de los ámbitos de nuestra vida, no sólo en el de la salud.

Las vibraciones más elevadas son las del AMOR y el OPTIMISMO. Si vibramos en AMOR, es imposible que exista el  MIEDO en nuestra vida, tal y como señala UCDM. Los judíos, en su estudio de la Kabbalah, sostienen que sólo las personas positivas consiguen triunfar en la vida. Con independencia de las vicisitudes que uno tenga que atravesar en su vida, el confiar que detrás de cada problema o circunstancia adversa se encuentra una bendición -como así es siempre y siendo esta otra Ley Universal-, lleva a atraer esa energía a nuestra vida y a ver situaciones que podemos calificar de “milagro”. Esto demuestra que somos seres realmente poderosos, mucho más de lo que nos han hecho creer y mucho más de lo que nuestra mente consciente nos dice, por lo que a medida que vayamos modificando nuestro sistema de creencias erróneo, desalojando el miedo de nuestras vidas y dejando ceder nuestro poder a otros, nos iremos dando cuenta de que los “milagros” son mucho más frecuentes de lo que pensamos y deberían ser algo mucho más habitual en nuestra vida.

Jesús señala en la Biblia que la fe mueve montañas y así es. Nacemos con una mente carente de fe, aunque a medida que la vayamos trabajando y fortaleciendo, como si de un músculo se tratara, iremos viendo grandes transformaciones en nuestra vida.

En relación con la salud, además de abordar el “reseteo de nuestro software interno”, es decir, de nuestro sistema de creencias y emociones defectuoso, invadido por distintos “virus y troyanos”, es muy recomendable adoptar otras pautas que, sin duda, serán de gran ayuda en nuestro camino de sanación. De esta forma, debemos analizar nuestro entorno, detectar los grandes estresores que existen a nuestro alrededor, y alejarnos de ese ambiente que nos enferma.

 

 

 

 

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