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Flor, espina y savia

Por José Antonio Cordero.- La Naturaleza nos muestra cómo dos partes opuestas nacen del mismo sitio. La savia que nutre y alimenta todas las partes de la planta es capaz de crear dos cosas diferentes, crea la belleza y el perfume de una flor y por otra parte las espinas también existen gracias a la savia.

Lo bello como lo bueno por una parte y lo puntiagudo y doloroso por otra parte, ambas tienen una misma fuente. Por razones de procesos evolutivos unas cumplen una misión de plenitud y otras cumplen la labor guerrera y dañina. Quizás lo feo hace más bonito lo bello, quizás lo bello tolera la existencia de lo feo y doloroso. Una parte expresa la plenitud de entrega y agradecimiento a la vida con su florecimiento y la otra parte se mantiene dura, guerrera y combativa.

La planta que solo da espinas y por tanto no alcanza su plenitud realmente afea el jardín de Dios. La enfermedad de la planta no permite su plenitud. El celo continuo de guerrear no da opción al florecimiento. La lucha contra las adversidades del tiempo y del espacio no permiten el florecimiento.

Así es la vida, y así somos también los humanos.

El enfoque continuo en guerrear, en defenderse, en invertir en las armas para combatir como el mejor tienen como resultado el antiflorecimiento, la autodestrucción. La ciega espinosa lucha por defender su territorio y tener independencia creando muros con alambres espinados, la arrogancia de ser el más duro y punzante lleva a estar siempre alerta para atacar, impidiendo cualquier otra existencia diferente. La intransigencia de la dureza impide el surgimiento del tierno florecimiento. La prepotencia de considerarse superior impide no solo el florecimiento sino también el fruto de la vida. La prepotencia es como una nuez que guarda su fruto dentro y no se abre, de tal forma que su tesoro oculto termina por pudrirse.

El florecimiento viene por la conjunción armónica de todas las partes de la planta. La belleza es sinónimo de salud, y como tal la planta saludable permite la coexistencia de todas las partes diferentes de la planta, sin aplastar unas otras.

La flor no es arrogante porque su enfoque no está en ser más que nadie sino en servir a todos con su belleza y perfume. Todo lo que está floreciendo es generoso, es lo más entregado a la maravilla de la creación. No tiene tiempo para mirarse a sí misma, ni su perfume es para ella, es para todos. Su perfume es como el amor, que no está pendiente continuamente en amarse así misma, el amor no es para sí mismo, el amor es el perfume de la vida y su contenido es para ser regalado. El amor es como el agua que no necesita beber de sí misma. El perfume no se perfuma así mismo, existe con el propósito de dar y en su expansión está su gozo. El perfume no goza oliéndose, goza cuando cambia lo maloliente. La flor hace menos dura a la espina.

La espina cuando llega a reconocer el valor de la flor comienza a trabajar para entrar dentro de la savia y convertirse en flor. Este el es propósito de la vida el crecimiento de todas las partes para que todo tienda al florecimiento y que los frutos lleguen para el beneficio de todo.

¡¡Y una flor que surgió de la transformación de una espina!!

Las grandes fortunas no deberían ser como grandes nueces que se cierran para que nadie se lleve su fortuna, porque al final llorarán. Los años le enseñaran que todo lo que sea cerrado tiende a pudrirse, como dice el segundo principio de termodinámica.

‘Esto es mío’ dice la espina. “Esto que sale de mi nace de mi abundancia y es para vosotros” dice la flor. Ahí está la diferencia entre la decadencia y la dicha de evolucionar.

La parte que busca el florecimiento no pone trabas a nada, no se obsesiona con perder sino con ganar plenitud. No está pendiente de los demás para florecer, se enfoca en seguir creciendo.

Cualquier parte de la planta es nutrida por la savia y la savia da a cada parte aquello que solicita, aquello que merece.

La savia sabe que dar a la espina el tipo de savia que da a la flor será rechazada por la espina. Llevado este punto a la vida humana quiere decir que el conocimiento que emana de la conciencia pura o savia no es entregado a la espina porque lo rechaza. Los registros védica dicen: ¿Qué pueden hacer los sonidos védicos para quien no está abierto? Nada.

La dureza de la espina obstaculiza su propia evolución. Su orgullo vanidoso hace que se sienta más duro que nadie. Su vileza es su desgracia. Su arma es su verdugo.

El ser humano puede crecer para ser la arrogante espina, y ser tan puntiagudo que hasta el aire evita acercarse. En creer que su autonomía está en el brexit de su cáscara, en proteger aquello que produce.

La evolución de la flor radica en su perfecto contacto con su savia, y ella le dará todo cuanto necesita. La savia le dará orientación, le dará el color adecuado, el perfume requerido, la flor solo tiene que estar plenamente abierta a la savia y ella hará todo el trabajo. En el caso del hombre es exactamente igual, solo necesita abrirse plenamente a la conciencia pura, que es su savia, a esa conciencia pura que reside en lo más profundo de su mente, en lo más tierno de su corazón, y cuando la apertura está hecha es entonces cuando la Conciencia Pura dice aquí estoy para guiarte y colmar todo el propósito de tu existencia. La Conciencia Pura es Inteligencia Pura, esto quiere decir que guía los pasos de la evolución humana, tanto para protegerte como para indicarte el camino a seguir. Allí donde hay Inteligencia Pura no falta nada. La satisfacción es máxima porque la meta se ha alcanzado en el mismo seno del Creador, eso es Felicidad Pura.

¿Quieres florecimiento o vida espinosa? Que cada uno elija los pasos hacia donde desee ir.

La buena savia necesita buenos nutrientes de la tierra. Por eso seguimos cada día cultivando alimentos sanos para que savia que corre por vuestras venas no envenenen vuestro cerebro ni hagan duro el corazón. La alimentación puede hacer crecer la espina tanto como la flor, todo depende de cómo sea. El alimento es mucho más que números y cantidades de nutrientes, es calidad y pureza. La flor necesita pureza y no cantidades de hierros y minerales que distinguen a la dura arma punzante.

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