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Home » Artículos » Honrar la Vida: Sobre Nuestra Relación con Nuestros padres

Honrar la Vida: Sobre Nuestra Relación con Nuestros padres

Por Carla Kacic.- ¿Cuántas veces les hemos recriminado cosas a nuestros padres? Incluso aún de adultos seguimos esperando que ellos nos den otra cosa, que sean o que se comporten distinto e incluso muchas veces tenemos la osadía de “decirle cómo son las cosas”, olvidando que ellos vinieron primero.

Cada vez que nos cueste lograr diversas cosas en nuestra vida tenemos que pensar primero si hemos tomado la vida de nuestros padres. ¿Qué quiero decir? Que todos somos hijos, todos somos el 50% mamá y el otro 50% papá. Y si renegamos de ellos, nuestro 50% pierde fuerzas pues… ¡nos estamos rechazando a nosotros mismos! Y terminamos sin tomar completamente la vida de dónde nos vino pues nos decimos que no a nosotros mismos.

¿Quienes somos para decirles a nuestros padres que hagan las cosas distinto si venimos de ellos? Imaginemos qué hubiese pasado si papá o mamá daban un solo paso distinto el día que se conocieron: tal vez no se cruzaban y nosotros hoy no estaríamos aquí. Por ejemplo, si mamá “se hubiera valorado más” no necesitaría un “papá autoritario” cómo nos tocó, e insisto… nosotros no nacíamos. Todo hijo elige a sus padres antes de nacer, y entre ellos se eligen sincrónica y asertivamente pues sus programas inconscientes son perfectos el uno para el otro para aprender y evolucionar, se necesitaban tal cual el uno para el otro, y nosotros también. Esa mamá  tal vez para aprender a decir “hasta aquí”, por ejemplo,  y ese papá para respetar ese “hasta aquí”. ¡Pero nosotros queremos distintos a nuestros padres!

Esta actitud nos desordena dentro del clan, nos quita fuerza y hace que tendamos a repetir las historias de nuestros ancestros con el único objeto de honrar la vida tal cómo la hemos recibido y mirar todo lo que fue necesario para que nosotros, como hijos, llegáramos al mundo. Sólo cuando le hacemos espacio a cada historia tal como fue el clan nos bendice para hacer con la vida que hemos recibido algo mejor y más grande. Hasta tanto sino, seguiremos repitiendo historias.

Si tenemos la dicha de ser padres esta experiencia nos ayuda incluso a mirar a nuestros propios padres con una mirada más humilde y benevolente pues, todos los que somos padres sabemos que permanentemente “queremos lo mejor para nuestros hijos” y que aún así, y sin quererlo, a veces no lo logramos. Como padres, y siempre desde el amor hacia nuestros hijos, es más fácil ver que “hacemos lo que podemos”; entonces pensemos como hijos que nuestros padres también han hecho lo mismo con nosotros: lo que pudieron.

Y lo que ellos pudieron viene también de sus programas inconscientes heredados de sus infancias, de su propia relación con nuestros abuelos, de sus propias lealtades por sentido de pertenencia y tanto más…

El único modo de dejar de repetir historias dentro del sistema familiar es tomar la vida tal cómo nos vino y todo el resto (lo que lastima, lo que duele, lo que estorba, lo que no entendemos) dejarlo en las capaces manos de nuestros padres y ancestros para que ellos lo resuelvan. Sólo tomamos de papá y mamá la vida y el resto, todo lo que pasó entre ellos y con ellos: lo dejamos con ellos. Recordemos que ningún sistema admite exclusiones, por tanto lo que queremos dejar fuera se reproducirá en nuestras propias vidas hasta tanto demos lugar a lo sucedido previamente.

Demos gracias a nuestros padres por la vida y honremos esa vida que nos fue dada haciendo con ella algo mejor y más grande, ahora con la fuerza de quién toma la vida al precio que les costó a sus padres y ancestros. ¿Cómo? Simplemente dando internamente un “gracias” enorme a papá y a mamá por la vida que nos han pasado.

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