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Home » Artículos » La cultura de la alegria maliciosa

La cultura de la alegria maliciosa

Por Nuria Velasco.- ¿Quién no se ha alegrado secretamente cuando al listo de la oficina le sale algo mal? O ¿cuando esa persona que te cae tan mal se tropieza y se cae delante tuyo? ¿Eres hincha de algún equipo deportivo? ¿A que te alegras cuando el rival pierde? Y ¿cuando al empollón de clase le pusieron una mala nota?

Muy humano todo, muy nuestro, ¿verdad? Me gustaría reflexionar sobre esta emoción tan compleja que no tiene un nombre específico en la mayoría de los idiomas y la nombramos en alemán: Schadenfreude (compuesto por Schaden, daño, y Freude, alegría) . Cuando nos alegramos por el mal ajeno o nos regodeamos en la desgracia del otro, cuando sentimos satisfacción ante la infelicidad o humillación de otra persona o de un grupo, entonces, estamos sintiendo Schadenfreude.

El filósofo Schopenhauer decía: «Sentir envidia es humano, gozar de la desgracia de otros, demoníaco». Vamos a restarle dramatismo, no es un trastorno, es muy habitual sentirlo y no nos hace malas personas. Mucho menos demoníacas.

Es tremendamente compleja una emoción así porque implica que quien la siente, seguramente tenga una baja autoestima y sienta envidia del otro. Pero también es contradictoria, porque en el fondo nos sentimos culpables y “malas personas” por alegrarnos de que al otro le pase algo negativo. Y también puede generar una conducta hipócrita porque escondemos la alegría mientras le decimos: “qué pena, lo siento mucho”.

En esta era de redes sociales existe una tendencia a mostrar públicamente una vida “perfecta” de cara a la galería. La gente tarda horas en sacarse un selfie “casual”, presume de sus relaciones, de sus vacaciones, de lo bien que se lo pasa todo el tiempo,todo el mundo quiere ser “influencer” y da consejos sobre cualquier tema….. Esa necesidad de que nos quieran y admiren es tan artificial que lo que genera como respuesta es mucho Schadenfreude. Es tan alta esta respuesta que ya hay un palabra anglosajona específica para el tipo de Schadenfreude digital: Lulz.

Las emociones no son buenas o malas, es la gestión que hacemos de ellas lo que es positivo o negativo. Así que vamos a verle la parte educativa al Schadenfreude para equilibrar nuestras emociones.

Lo primero, en tanto emoción, tiene una función adaptativa. Se genera dopamina, que es el neurotransmisor de la recompensa y el placer, con lo que podemos ser conscientes de que hay algo que el otro tiene que estaría bien que nosotros persiguiéramos. La envidia no tiene porque ser negativa per se. Focaliza nuestra atención hacia algo que puede ser positivo en nuestra vida pero que todavía no tenemos. Cuando lo vemos en el otro, lo podemos identificar y contrastar con nuestra individualidad. Así que si sientes envidia por algo, plantéate la manera de conseguirlo para ti, esa sería una buena gestión. También puede servirte en términos de competencia: si al otro que está en mejor situación que tú le ha pasado eso, tú también tienes posibilidades de ponerte a su nivel. Así que esa alegría incrementa tu capacidad personal.

Es una emoción moral (que tiene relación con la valoración o comparación social con otros), de manera que tiene una función de comunicación. Cuando decimos “uf, menos mal que no me ha pasado a mí”, podemos aprender de la experiencia del otro para evitar que nos pase. En otras ocasiones podemos sentir ese regodeo porque consideramos que la vida ha actuado equilibrando una situación de injusticia. A través de la desgracia ajena, se ha restituido un orden natural y quien a nuestros ojos se comportó de manera injusta, ha sido puesto en su lugar. Obviamente esto es muy subjetivo, pero lo importante es que ese “instant karma” nos revela valores importantes para nosotros. Al percibir alivio o justicia, bajamos nuestro nivel de ansiedad o frustración. Con eso nos tenemos que quedar.

Algunos psicólogos señalan una razón evolutiva para esta emoción: nuestro cerebro necesita comparar para establecer que algo es bueno o malo. Y para eso necesitamos ver cómo les va a los demás.

Como ves, siempre que miramos una emoción, nos encontramos con todo un mar de posibilidades. La próxima vez que sientas Schadenfreude hazte alguna de estas reflexiones:

¿De qué me alegro exactamente?

¿Cómo me está diciendo esta emoción que está mi autoestima?

¿Se ha equilibrado alguna injusticia?

¿Hay envidia detrás de mi alegría?

¿Qué es exactamente lo que envidio?

¿Estoy haciendo algo para conseguir lo que envidio?

¿Qué he aprendido de la experiencia de la otra persona?

¿Puedo aplicarlo a mi vida?

¿Cómo puedo sentirme más capaz con lo que ha pasado?

Nuria Velasco

www.tulibrodelavida.com

 

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