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Home » Artículos » La decisión de amar

La decisión de amar

Por Dora Gil.- «Hemos pasado gran parte de nuestra vida preguntándonos: ¿qué tengo que hacer para salir de esta situación? Sin embargo, antes de pretender salir de las experiencias, es necesario comprenderlas y extraer su profundo mensaje. Eludir o modificar lo que nos ocurre es una estrategia del yo separado, creyendo que así evita el sufrimiento que cree que esas experiencias le provocan para buscar el bienestar en otras diferentes.

Sin embargo, hay otra posibilidad, una nueva forma de ver, una perspectiva completamente distinta: Comprender que todo lo que aparece en nuestra vida está ahí para recordarnos qué somos de verdad: consciencia abierta, capacidad para todo, amplitud sin límites, amor.

El mundo no está aquí para que yo lo cambie. Está ante mí sólo para que lo ame y así experimente mi verdadera naturaleza. Al permitir que el mundo sea simplemente lo que es, reconozco mi esencia abierta, atenta y amorosa.

Mi atención en este instante, envolviendo y participando de mi experiencia, me sumerge directamente en el reino del amor. Poner atención en la vida despierta inmediatamente el aprecio por ella y el descubrimiento de mi naturaleza cálida y amable.

Me reconozco como amor cuando estoy atenta y me conecto íntimamente con todos los detalles de mi experiencia sin necesidad de cambiarlos para que me satisfagan.

Estos detalles pueden ser o no deseables o interesantes. No es su contenido lo que hace de mi presente algo precioso. Es la consciencia que los envuelve, la que me lleva a descubrirme como algo mucho más amplio y más real que los cambiantes objetos que aparecen y desaparecen en ella.

La experiencia del momento presente siempre es perfecta, aunque las formas que adopte no concuerden con los conceptos que la pequeña mente se hace sobre ella. La perfección buscada en los contenidos de la consciencia es una tarea destinada al fracaso. No radica ahí. No se refiere a las formas momentáneas que adopta la experiencia. La perfección, para mí, es la capacidad de abrazarlo todo perfectamente, tal y como es, como hace la vida.

¿Qué es amar sino contemplar, iluminar, permitir, sostener, nutrir, estar íntimamente presente ante todo lo que va y viene?

La Vida me ha dado todo

para que yo sea vida para todo.

Para que yo sea lo que soy:

presencia, espacio, atención, amor.

Y la buena noticia, la gran noticia es que:

¡NO TENGO QUE HACER NADA para amar!

 Lo único que necesito es recordármelo. Saber que mi verdadera decisión no consiste en saber si hago esto o lo otro. Antes de esa, hay otra que se me ofrece: amar, es decir, abrirme a mi experiencia tal y como están siendo, dándole espacio en  mí.

¿No emprenderé entonces ningún cambio? Claro que sí, muchas cosas cambiarán, pero no porque de ello dependa mi felicidad, sino por el impulso incontenible de crear y de expresar mi naturaleza auténtica.»

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