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Home » Artículos » La diversidad en la educación y la desintoxicación de adultos

La diversidad en la educación y la desintoxicación de adultos

Por Pablo Oteo Jurado.- Hoy en día se ha avanzado muchísimo en temas de diversidad en la educación, muchísima conciencia y estudio sobre el asunto.

Realmente, la diversidad como su propia palabra indica: cualidad de diverso o variado; conjunto de niños, educacionalmente hablando, que presentan gustos, peculiaridades, rarezas, pasiones, objetivos, metas, propósitos, personalidades diferentes, dificultades, posibilidades físicas, situaciones económicas, culturales y familiares distintas, etc…

Bueno, todo esto ya se sabe, ya sabemos que en estos ámbitos siempre hay aspectos positivos, como el ser consciente de esta variedad en el aula, o en casa, con tus hijos y trabajarlo adecuadamente. Del mismo modo, también hay aspectos negativos, como la ignorancia o el juicio y el prejuicio. Me refiero con ignorancia al etiquetar solo como diversidad a los niños y niñas con alguna dificultad seria en el aprendizaje, algún problema o dificultad física o mental, entre otros casos. La diversidad también contempla a todos los demás niños y niñas, todos son diferentes, todos entran en esa diversidad, al igual que los adultos, todos tenemos mentalidades, gustos, pensamientos, rarezas, apariencias y dificultades diferentes en la vida. Bueno, esto es lo típico que todos sabemos.

Además cabe destacar, un rasgo muy negativo que influye bastante a nuestros pequeños, que son los padres, madres, docentes, tutores legales. Estos con toda su buena intención y candor  o a veces incluso con ‘’maldad’’ condicionan a los pequeños siempre. Niños y niñas condicionados por las viejas costumbres, por la identificación con la sociedad, la cultura, por pensamientos, ideas, creencias, de sus propios padres, docentes y familia.

Es muy importante que los adultos encuentren su yo interior, su niño o niña interior, conecten consigo mismo y tengan una cierta regulación de sus emociones e incluso pensamientos negativos, y si no es mucho pedir, dejar de lado las costumbres arraigadas por la sociedad, la cultura e incluso separarse de tantas creencias e ideas de un tipo o de  otro, antes de ser docentes, padres, tutores legales, o incluso si eres familiar cercano que tienes contacto con niños. Podría considerarse como una ‘’desintoxicación’’ para tratar algo tan puro como es el niño.

El adulto de forma inconsciente contamina al niño, cuando le exige, cuando le niega todo o le permite demasiado, cuando lo adapta a una sociedad algo podrida, cuando le enseña a ser como los demás o como un grupo de ciertas personas con las mismas ideas, creencias anticuadas. Pero esto que digo, es algo complicado ya que es muy ‘’fácil’’ cambiar uno mismo, pero muy difícil cambiar el mundo, así que siempre se dará esta intoxicación de nuestros niños. Hace falta más conciencia en los adultos.

Con todo esto quiero llegar, a que la diversidad consiste en que cada espíritu, cada niño y niña, cada energía, cada pequeño ser con sus cualidades, defectos, gustos, pasiones, dificultades, posibilidades y diversidades varias, encuentren su propósito.

Debo decir, que nosotros como maestros debemos disfrutar y apreciar la experiencia de compartir aula y tiempo con tanta diversidad y enriquecernos mutuamente. Maestros guía con los niños y niñas de todos los colores, tipos y formas. Ser equitativos, comprensivos, pacientes y analíticos, aunque el sistema educativo actual no nos ayude mucho, debemos comprender que todos son diferentes dentro de la igualdad esencial. Algunos sienten pereza, otros sienten muchas ganas de trabajo, unos se interesan por aprender, otros se distraen con sus cosas y su mundo interior, otros se adaptan más a las clases y otros menos, otro tiene unas ciertas limitaciones físicas y otro no, pero todos valen más que el mismísimo oro. De este modo, el maestro guía debe tratar a todos con el mismo amor, inocencia y comprensión. Valorarlos, dedicar cada día a valorar a cada alumno y alumna en voz alta, expresar los sentimientos, el cariño y la admiración por cada uno de los niños. En resumen, el maestro guía debe hacer de vez en cuando de espejo de sus niños y niñas, para demostrarles el valor que estos tienen realmente, ya que no solemos apreciarnos ni reconocer nuestro propio valor hasta que alguien sin ego y consciente haga de espejo y nos motive y nos de sabio consejo y una valoración profunda o psicoanálisis (adaptada sencillamente para los niños). Esta sociedad negativista y superficial nos enseña a negativizarnos, a infravalorarnos como especie, como personas y como individuos. Necesitamos a más personas que iluminen toda esa oscuridad, y el amor es la clave.

El maestro debe fascinarse con cada niño y niña, cada día, como si cada uno de ellos fuera un gran sabio yogui que se mantiene en lo alto de la montaña en meditación plena y tiene las respuestas para los misterios de la vida. Suena algo exagerado si hablamos de niños, pero es algo parecido lo que hay que sentir con nuestros pequeños en el cole y en casa, ellos lo notan.

Mirar a los ojos, cercanía, contacto físico, que parece que hay miedo por tocar el hombro o la cabeza de un niño, por culpa de la neurosis y el miedo que se ha expandido a través de las noticias y de la cultura adulta. Esto nos coarta como seres bondadosos, espirituales y amorosos, como seres humanos y nos coarta en libertad.

Tratemos la diversidad como algo normal o algo extraordinario, como una nueva oportunidad, como una visión diferente de la realidad con mucho por aportar a los demás. Encendamos las llamas de fuego de cada niño, mostrémosle el camino para que ellos descubran esa llama y que las exploten y encuentren su camino. No tratemos a las necesidades educativas especiales con tanta compasión ni lastima, tenemos que acostumbrar a hacer sentir a estos niños como guerreros y no como víctimas. Hay que tratarles como un igual, siendo consecuentes, por su puesto, con sus necesidades y dificultades y adaptar lo máximo que se pueda desde la cercanía y la comprensión.

Guiémosles a ser, antes de hacer; guiémosles a estar, antes de ir; guiémosles a conocerse a ellos mismos antes de entregarles tantos conocimientos. Ellos aprenden si tú aprendes. Lo verdaderamente profundo es lo que nos abre los ojos y no la gran cantidad de conocimientos académicos superficiales que se proyectan en el aula, con total ansiedad y sin tiempo de una forma tan incorrecta, nos embota nos crea nerviosismo, alteración y ansiedad, dejemos que todo fluya, no impongamos cosas sin mostrar los porque y las utilidades. Todo debe flotar dentro de un clima cálido, cómodo y de seguridad para los pequeños y jóvenes.

La educación verdadera no consiste en enseñar si no en guiar, en abrir caminos, en encender chispas, tenemos que guiar a los niños en el ser, para que consigan amar el conocimiento y se interesen por lo que nos rodea en la vida y por la vida.

Nadie es igual, pero todos somos una misma esencia, una misma consciencia.

Necesitamos un cambio educativo muy profundo, desde el interior de cada uno, hasta los paradigmas más superficiales, ya que nuestros niños no necesitan de nada, solo de amor, comprensión y de un entorno cómodo. Ellos crecen, se nutren, aprenden solos como el tallo de la flor que crece solo sin necesidad de estirarlo cada día, solo avanza con agua, aire y sol que la misma naturaleza le da.

Quien entiende esto, entiende el verdadero y profundo cambio.

Pablo Oteo Jurado.

 

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