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Home » Artículos » La domesticación del ser Humano

La domesticación del ser Humano

Por Magnolia Fabre.- Tú no eres tú. No puedes ser tú. Eres otro. Eres aquel a quien no quieren ver. Tampoco yo. Fuimos entrenados para ser solamente aquello que se espera de nosotros. Nos domesticaron como a las mascotas. ¿El fin? Alcanzar la perfección. Que no existe, por cierto.

Que idiotez. Solo puede devenir frustración y culpa de semejante travesía demente.

Tu verdadero ser no solo está oculto, sino maniatado y vendado.

Tú no escogiste tu lengua, ni tu religión, ni tus valores morales. Ni siquiera escogiste tu propio nombre. Lo escogieron por ti. Mucha gente escogió casi todo lo que te define como persona hoy en día. Tus padres, tus maestros, la sociedad misma. Tú no elegiste qué creer y que NO creer de niño.

Somos la arcilla en la que se han moldeado los temores del mundo.

No resulta extraña esa pulsión de ‘No pertenecia’ que llega a nosotros esporádicamente. Ese vacío existencial que nos invade cada cierto tiempo es el resultado de habernos negado a nosotros mismos por imposición externa. ‘Somos’ el resultado de la superposición de todas nuestras máscaras. Máscaras que voluntariamente colocamos una tras otra para complacer al resto.

Fíjate. Pare enseñar a un perro buena conducta ¿que hacemos? lo corregimos y lo recompensamos con un sistema de premios y castigos. Si el peludito se porta bien le damos una scoobygalleta y lo acariciamos. Si se hace pis en la alfombra lo reñimos y lo llevamos un rato al patio, para que se sienta solito y medite su fechoría (al
menos los 15 minutos que dura tu papel de Voldemort).

Eso mismo hicieron con nosotros de niños. Si seguíamos las reglas éramos buenos chicos y nos premiaban con una salida al parque o una copa de helado de todos los colores posibles e imposibles. Si rompíamos las reglas éramos ‘niños malos’ y nos castigaban sin tele o sin carrito a control remoto. (Sin tablet y sin wifi para los centennials que anden leyendo esto).

Y así, a base de repeticiones muy pronto empezamos a tenerle miedo al castigo y a no recibir recompensa. Te quedaste sin caramelito. Debido a este miedo comenzamos desde pequeños a fingir que éramos lo que no éramos con el único fin de complacer a los demás, a los grandes, a los mayores. Las niñas bien sentaditas con las piernas juntas y las manos sobre el regazo. Los niños peinados, limpios y en silencio sin chingarle la paciencia a papá que lee la sección de deportes en el periódico. Eso, así, buenos muchachos.

Actuamos para complacer a Papá y a Mamá. Aparentamos ser quienes no somos por miedo a que no nos quieran, a que nos rechacen, a que nos planten un castigo. Al final terminaste siendo alguien que en nada se parecía a ti. Cada vez que intentaste ser tú mismo, ser libre, mostrarte tal cual, te juzgaron y castigaron por no ajustarte a los moldes de lo ‘aceptable’ lo ‘establecido’ lo ‘conductualmente correcto’. ¡Párate bonito! ¡Suelta esa porqueria! ¡Sácate de ahí que te vas a caer!

Esto de niño. Pero la domesticación es tan poderosa que ya de grandes no necesitamos que nadie nos domestique. Lo hacemos solitos. Toda una vida entrenando para eso ¡y vaya que lo aprendimos bien!

Ahora somos nuestro propio domador. Te convertiste en tu carcelero a base de pura repetición. Nos autodomesticamos día tras día. Para encajar. Para complacer. Ya no a nuestros padres y maestros. No, ahora ya somos grandecitos. Ahora tratamos de complacer al jefe, al colega, a los amigos, al marido, a la novia… A tú partido político. Dímelo tú.

Si el infierno fuese un lugar, ya hubiésemos llegado a el. Sin boleto de retorno. Pero el infierno no es un lugar, es un estado de ánimo. Así como la felicidad es un estado de conciencia. Ya hablaremos de eso en otro momento.

…”Hemos aprendido a vivir intentando satisfacer las exigencias de otras personas. Aceptar los puntos de vista de los demás por miedo a ser rechazados. Creas una falsa imagen tuya de perfección que se ajusta con los estándares metales de los que más amas”…

Pero no es una imagen real. No eres tú. La perfección es una mentira. Sabes que no eres perfecto entonces aperece la cruel y dañina sombra que más te hiere: tu propio rechazo.

Léelo una vez más: Lo que más te hiere es tu propio rechazo.

…”Tras la domesticación ya no se trata de lo buenos que seamos para los demás. No. No somos lo suficientemente buenos para nosotros mismos porque no encajamos en nuestra propia imagen falsa de perfección. Te resulta imposible perdonarte por no ser lo que deberías ser. Por no ser quien ‘crees’ que deberías ser. Te sientes falso y frustrado. El sentimiento de falta de autenticidad te obliga a usar máscaras sociales, así nadie se da cuenta de tus fallas”…

Nos cagamos de miedo de que descubran que no somos lo que pretendemos ser.

Revisa tus redes sociales. ¿Cómo te muestras a los demás? Detente un momento y sé brutalmente honesto contigo mismo. ¿Que ves? ¿Eres tú? O es la imagen que imprimes en el resto por lograr validez, aceptación.

Duele. Pero es miedo lo que subyace oculto en la profundidad. Miedo a mostrarte tal cual eres. Ese miedo a la imperfección te hace sentir culpable y avergonzado.

…”Los seres humanos nos castigamos a nosotros mismos sin cesar por no ser como creemos que deberíamos ser. Nos maltratamos y a su vez, utilizamos a otras personas para que nos maltraten.

Pero nadie nos maltrata más que nosotros mismos. Nadie, en toda tu vida, te ha maltratado más que tú mismo. El límite de maltrato que tolerarás en otra persona es exactamente el mismo al que te sometes tú. Si alguien llega a maltratarte un poco más, lo más probable es que te alejes de esa persona. Sin embargo, si alguien te maltrata un poco menos de lo que sueles maltratare tú, seguramente continuarás con esa relación y la toleraras siempre.

Cuanta más autoestima tenemos, menos nos maltratamos. El abuso de uno mismo nace del autorechazo y este de la imagen que tenemos de lo que significa ser perfecto y de la imposibilidad de alcanzar ese ideal”…

Ideal que arrastras de creencias que no son tuyas. Fueron impuestas en ti. Implantadas en tu chip como si fueses un frikin Cyborg.

No somos esto. Somos tan grandes y geniales que es absurdo que no lo veamos. Si continuamos viendo con los ojos del Ego que constantemente nos engaña, seguiremos dormidos aquí en la Matrix. Hay que aprender a ver con los ojos del ser. Los únicos ojos que cuentan. Todo el resto no existe. ¡No existe!

Pero vamos de a pocos. Pasos cortitos para no tropezar.

Una autoestima bien plantada, sólida como un roble, es inmune a este tonto sufrimiento. Hay que reforzar el amor propio. Dejar de buscar validación en el exterior. Aceptación de los demás. El valor que te das a ti mismo es el único que cuenta. Conócete. Vuélvete tu mejor amigo. Tu carnal, tu pata del alma. ¿Que te gusta? ¿Que actividad hace tu corazón cantar? Pasa tiempo a solas. Escúchate. Cuida tu dialogo interno. Trátate y háblate con cariño. ¡Quiérete bien caray! Cubre tus propias necesidades, no esperes que venga nadie a hacerte feliz. Esa es TÚ responsabilidad. No le arrojes la papa caliente a nadie. La pelas y te la comes solito.

Dejemos caer las máscaras una a una. Deja que hagan ¡crash! contra el suelo. Sin miedo. Seamos auténticos. Con luz y sombra. Son precisamente nuestras imperfecciones las que nos hacen absolutamente adorables. Acepta tu dualidad. Acógela. No hay que ser perfectos. Esas son idioteces del Ego. Hay que ser reales. Que lindo es ver a alguien que se permite ser quien ES. Que se permite un arrebato, un enfado, un rato de melancolía sin machacarse. Que lindo ver gente que muestra sus lonjitas, sus manchitas, sus cicatrices, sus desperfectos con plena confianza y seguridad.

¿Quieres cambiar el mundo? No necesitas dinero, ni poder. No necesitas ser ni Putin ni Trump. Cuando TÚ cambias, TODO cambia.

Recuérdalo y grábatelo:

‘El mundo no es como es. El mundo ES como somos’

Sé tú mismo. A la mierda los estándares. A la mierda lo establecido, los paradigmas. A la mierda ‘Lo políticamente correcto’.

¡Dale con todo!

Magnolia Fabre

 

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Un comentario

  1. ME GUSTA MINDALIA Y SOIS MUY SOLIDARIOS ,OS SIGO HACE MUCHO TIEMPO, QUIERO HACER APORTACION ECONOMICA PERO YA TENGO 81 AÑOS Y NO MANEJO BIEN EL TEMA DE LOS ENVIOS.LE VOY A PREGUNTAR A MI NIETO…. P QUE ME Q AYUDE Y ESTAR MAS EN CONTACTO C VOSOTROS. MUCHAS GRACIAS P LO QUE HACEIS.

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