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La experiencia en el umbral de la muerte: El esplendor del más allá.

Por Guillermo A. Garcia.- Todos queremos saber cómo es ese reino en el que desembarcaremos al momento de fallecer, una y mil veces he preguntado a quienes cruzaron el umbral de la muerte y volvieron para contarlo, ¿Cómo es ese reino del más allá?, ¿Qué se siente al hacer pie en el mundo de los espíritus?. Las respuestas dejan bien en claro algunas características de nuestra existencia post mortem. Veamos: 1)La primer sorpresa que nos llevamos al fallecer es continuar existiendo, la vida sigue tan naturalmente después de morir que se hace difícil tomar consciencia, en un primer momento, de que hemos fallecido,  tomamos nota de la enormidad que significa existir sólo después de desencarnar y ver «en carne propia» que existimos para siempre y dolernos de que, en general, no estuvimos a la altura de una vida eterna.

2) No hay palabras para describir el mundo espiritual, la experiencia es inefable. Nuestro diccionario es para el tiempo-espacio, no es apto para describir las realidades eternas.

3)El esplendor, la belleza del más allá es sobrecogedora. La forma humana adquiere un cuerpo real, si bien no físico, de una perfección absoluta y que se perfecciona al existir en la eternidad a medida que progresa hacia el encuentro absoluto con Dios. El mundo de los espíritus es más real que la realidad, descartemos de plano toda idea de una cosa difusa, de estar en una nube tocando pasivamente un arpa, el más allá es contundente, es una hiper realidad que, en un primer momento nos impacta crudamente cuando fallecemos, es muy grato pero impactante en su contundencia, Vida, Luz, Colores, todo en la  la eternidad es más real que la realidad.

4) No hay sufrimiento al momento de desencarnar, todo ocurre cómo si los padecimientos, angustias, temores, errores, dolores de toda clase que nos van demoliendo en esta vida estuvieran entretejidos en el espacio-tiempo y  una vez que desencarnamos quedan atrás al instante, esto es así en las EUM dichosas objeto de este artículo, no ocurre así en las EUM negativas, lo trataremos por separado.

5) Ese reino eterno, formado por infinitos subreinos, en todos los cuales la vida se manifiesta con superabundancia de belleza y armonía, es nada más y nada menos que nuestro hogar, morir es cómo volver a casa y así se siente, al morir estamos en casa por primera vez en toda nuestra vida.

6) Fallecer es cómo despertar y estar lúcidos por primera vez, nada de sueño eterno, ni almas dormidas ni cosas por el estilo, nos despertamos para no dormir nunca más, todo el eros de la vida está por delante, después de la muerte nos espera evolucionar eternamente, trabajando, disfrutando la vida en su máximo esplendor y amando a Dios.

7) Morir es cómo atravesar un umbral, cómo dar un paso más, por esto prefiero la expresión Experiencia en el Umbral de la Muerte (EUM) a la más común de Experiencia Cercana  a la Muerte (ECM), esta última, traducción directa de la acuñada por el legendario Dr. Raymond Moody, Near Death Experience (NDE), clásica pero no tan acertada al momento de describir qué nos pasa al morir. Al fallecer atravesamos un portal, por eso prefiero hablar de experiencias en el umbral de la muerte, ampliaré el tema en artículos siguientes, vale la pena hacerlo.

Es entonces bien claro que no nos podemos extrañar de que al morir nadie quiere volver a la vida terrenal. Al dejar este mundo estamos dejando atrás los temores, angustias, la posibilidad de errar aún obrando con la mejor de las intenciones, dejamos atrás la enfermedad, para pasar a vivir en nuestro verdadero hogar, nos envuelve la eternidad, el Amor de Dios y la seguridad de que ya nada podrá salir mal, en esta dicha inefable comenzamos un acercamiento asintótico a Dios que nos llevará toda la eternidad. En el mundo espiritual progresamos siempre hacia la primavera de nuestra existencia, cada instante seremos un poco mejores que en el instante anterior.

Quiero en este punto aclarar un concepto que a veces suele confundir a los lectores al momento de hacerse una idea de la eternidad. En el más allá no hay tiempo, simplemente no existe el tiempo, pero las cosas ocurren de manera secuencial, un evento detrás de otro cómo en la tierra, por eso puede hablarse de algo parecido a muchos o pocos  años o siglos en el mundo espiritual, estamos hablando de pocos o muchos eventos que ocurren de manera secuencial, tenemos entonces que en la tierra todo pasa cómo arriba en el cielo, el tiempo nos agrega una condición más, tenemos fecha de caducidad que llega luego de un número determinado de eventos vividos, en la eternidad no hay caducidad, esa es la diferencia esencial del tiempo nuestro y la ocurrencia de eventos en el más allá.

Vemos que no hay nada que temer en el hecho de morir, sólo debemos tener presente ir haciendo nuestros deberes, con dedicación y buena voluntad, de tal manera que cuando nos llegue la hora de morir a esta vida esa hora sea una celebración, créanme si vivimos cómo es debido entonces disfrutaremos el día que nos toque morir cómo a un amanecer en primavera, esta vez será un amanecer definitivo, todo el eros de la Vida nos estará esperando al cruzar el umbral de la muerte.

Un joven de unos 20 años que cruzó ese umbral por un paro cardíaco y fue mandado de vuelta me dijo que » luego de un breve instante de oscuridad aparecí en una bellísima pradera, tenía un cuerpo luminoso que era cómo una réplica transparente de mi cuerpo físico, todo parecía una explosión atómica de vida, nunca vi nada más real en mi vida … pensé, al fin libre, acá me quedo … la idea de haber muerto me causaba risa, cuanto más entraba en la experiencia de morir mejor me sentía ….  se me acercan unos seres de luz, claramente no humanos, amables, fascinantes, estaban felices de mi presencia y yo estaba feliz de verlos… estaba en casa por fin…».

Fallecer, cuando nos llega la hora, es tan natural como dar un paso más, es atravesar un umbral que debemos cruzar a su debido tiempo, sólo una etapa más, igual que nacer, crecer, envejecer, cruzar el umbral, descartar el cuerpo físico  y seguir existiendo en el reino en que la vida alcanza un esplendor que ni siquiera podemos poner en palabras, esplendor que sólo podemos alcanzar después de transitar esta vida con todas sus dichas, pero también con todas  sus penurias, que quede bien en claro que no hay atajos, debemos vivir hasta que la muerte decida sacarnos de acá, estamos cómo en una escuela, hagamos bien los deberes poniendo toda la carne arriba del asador, sin retacear esfuerzos, honrando los mejores valores del espíritu humano y no tengamos miedo a vivir esta vida ni a morir a ella.

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