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Home » Artículos » La gordofobia existe

La gordofobia existe

Por Sandrela.- Breve resumen historia clínica:

De los 12 a 13 años acudo a Endocrino privado por hipotiroidismo, no crecía y existía sobre peso. Tras el tratamiento durante seis meses con Levotroid y dieta se consiguió altura y peso apropiados a la edad.

Desde los 13 a los 21 años mantiene peso entre 55 y 60 kg.

De los 21 a 24 años el peso sube disparado a 98kg, la dieta era la misma, y el ejercicio disminuyó. Durante este tiempo se visitan varios especialistas, se detectan ovarios poliquísticos y cortisol un poco alto.

De los 24 a 32 años el peso vuelve a bajar y se mantiene entre 60-65kg. La dieta en esta ocasión era más calórica pero con control de horarios y más ejercicio. Durante este tiempo me descubren un microadenoma hipofisario de 4mm, para el que no recibo tratamiento.

De los 32 a la actualidad (36)… 93-96 kg. Trabajo con cambios de horario con menos de 24h de aviso, jornadas laborales más largas, por lo que pierdo control del horario de comidas y del ejercicio, aunque la dieta baja de calorías. Durante este tiempo los ovarios poliquísticos empeoran sus síntomas, provocando reglas irregulares, cada vez más escaso el sangrado y síndrome premenstrual de mayor duración e intensidad.

Si ha conseguido llegar hasta aquí, ya conoce más sobre mí que cualquier médico ginecólogo o endocrino que haya visitado, pues ninguno de ellos se ha molestado nunca en saber mi historia al completo. Cada vez que visito un médico, se centran en la dieta y no es mis problemas físicos que crean una resistencia obvia.

La “GORDOFOBIA” es algo que realmente asusta de lo cerca que está, en nuestra familia cada vez que nos dicen: ¿estás más gordo/a no? O, ¿porqué te has dejado tanto con lo mona/o que estabas?

Está presente en tus amigos que dicen preocuparse por ti con el mismo tipo de comentario.

Y, por supuesto está presente en los médicos que, a pesar de decirles que no comes dulces, que sales a andar cada mañana y que comes sano, te ignoran y siguen diciéndote: sí, bueno, aquí no hay ninguna “pastilla mágica que te vaya a hacer adelgazar”. He de añadir que no es un trato humano tengas o no una buena alimentación.

En el último año, visite 3 médicos distintos. El año pasado me recetaron vista a mi cambio de peso tan radical unas pastillas utilizadas más en personas con diabetes y recetadas en ocasiones a personas diagnosticadas con ovarios poliquísticos. Estas pastillas eran una al día durante una semana, y más tarde 2 al día. La primera semana fue dura pero asumible, en la segunda semana pasó a ser insufrible, náuseas, cefalea, vómitos, histeria, etc. Las dejé por los efectos secundarios.

El siguiente médico (ginecóloga en clínica privada) me expuso que, efectivamente estas pastillas son demasiado fuertes y habría que tomarlas en menor proporción y con seguimiento. Dicho lo cual, me convence de que va a ayudarme a bajar de peso y me da cita para el día siguiente en su casa, sí, como lo oyen, SU CASA.

Yo, que pienso para mí: estupendo, una persona que ve mi necesidad y quiere ayudarme de verdad.

Me encontré allí a una persona que sólo tenía intención de venderme productos de una reconocida marca y que pensaba que la comida no está para disfrutarla, pese a mis intentos de explicar que a mi no me gusta Mcdonals y sí me gusta la verdura al vapor.

Última visita a médico, reconocimiento médico de empresa. Me pide que pierda peso, y me ofrece la tan famosa dieta KETO, dieta que se basa en la eliminación de carbohidratos y el aumento de grasas “buenas”. Una dieta muy estricta, que como ya le expliqué, me produjo un desmayo el verano pasado, su respuesta fue: algo estarás haciendo mal.

Cualquier persona tiene internet a mano, y puede investigar sobre dicha dieta. NO ES PARA TODO EL MUNDO, está contraindicada para personas con problemas tiroideos y, se debe recomendar bajo seguimiento médico.

Conclusión:

LA GORDOFOBIA es un hecho, que puede poner en peligro tu vida, porque pueden recomendarte tratamientos radicales, dietas “milagro”, por no hablar de los golpes al autoestima que surgen una y otra vez de allegados y personas externas, que pueden desembocar en depresión y/o suicidio. No tratan el porqué buscando un cómo, simplemente juzgan lo que ven y proponen un “adelgaza o muere”.

Nos hacen sentir culpables una y otra vez una sociedad que no perdona ni al enfermo ni al necesitado, una sociedad cada día más enferma de poder a nivel de capital, sí, pero poco se habla de esa necesidad actual de alcanzar la paz diciéndole a los demás lo bien que hacen las cosas, las horas que meditan, las horas que van al gimnasio, las calorías que ingieren y de qué modo las ingieren y un largo etc de “modernismos del siglo XXI”. Personas, que he de decir, en su mayoría, jamás tuvieron un problema de obesidad ya que sus cuerpos metabolizan y funcionan de manera eficiente.

Por supuesto que hay mucho que agradecer a estos tiempos que nos dan herramientas de gestión emocional de las que no disponíamos antes, aunque creo que ahora tendremos la necesidad de herramientas para gestionar la gestión emocional para-con la sociedad si se me permite expresarlo así.

Les he expuesto mi caso, para crear un artículo que fuera en primera persona, ya que es un tema que realmente afecta mi día a día, pero, por supuesto y por desgracia, no soy la única persona en esta situación de “bulling” social por sobrepeso de mi entorno. Y sí, es bulling, puesto que hace que te sientas mal contigo mismo, que no quieras mirarte al espejo, ir a la playa, tener una relación íntima despreocupada, comer en público, buscar ayuda médica, comprar ropa…

Ojalá empecemos a tratar esta “enfermedad” o situación temporal con la empatía y comprensión que necesita. Sanar desde el interior, comprender el porqué de esa inflamación corporal o de la ansiedad que lleva a algunas personas a este estado. Porque créanme, los tiempos que adelgacé y mantuve mi peso no se debían a dietas extremas ni sobre cargas de ejercicio, se debían a mi felicidad. Por supuesto que hay obstáculos físicos, pero también reconozco mi tristeza interior que me lleva a esta inflamación.

Vamos a crear una cura que trate las dos partes de la enfermedad: la emocional y la física. Necesitamos médicos dispuestos a escuchar y ver en nosotros una vía de trabajo que nos acerque al resultado deseado, necesitamos ser abrazados por la comprensión, vamos juntos a empatizar con el de al lado haciendo que sus sentimientos importen, haciendo que no nos sintamos observados por un juez, si no por un amigo.

La cura está en nosotros, sólo hemos de hallar la herramienta de la bondad.

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