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Home » Artículos » La libertad y sus verdades

La libertad y sus verdades

Por Mª Laura Martínez Ramírez.- Solo tenía quince años y por casualidades, que ahora sé que no lo son, ya era monitora en un campamento de verano.  Cada día se dedicaba a algún tema, mañana era el de la libertad y el jefe del campamento me pidió que pensara unas palabras para decir en la asamblea matutina. Pasé la noche sin dormir no solo porque nunca había hecho algo así sino porque no se me ocurrían más que frases que había oído, tópicos, como que la libertad es no ser esclavo, tampoco es libertinaje, que ha de ir unida a la responsabilidad y poco más.

Pero supe que esa no era toda la verdad, y desde entonces cada cierto tiempo he ido añadiendo o quitando capas hacia el concepto final, todavía no he llegado, pero el camino ha sido fructífero.

Lo cuento porque representa un buen ejemplo de cómo vamos avanzando todos en el camino de la verdad, igual que sobre otros conceptos, y como cualquiera que esta sea en ese momento está bien, aun siendo conscientes de que siempre habrá más, y nuestra mejor opción es seguir y aplicar esa verdad en la vida mientras no tengamos otra capa nueva. Esa es la responsabilidad verdadera la que nos mantiene sanos y felices

Así continué mi viaje y de esa primera versión surgió otra segunda. En estos momentos y hasta la mayoría de edad viví bajo un régimen dictatorial. Amplié por tanto mi conciencia suficientemente hacia los derechos básicos de cualquier ser humano, en cuanto a creencias políticas, religiosas, sociales y su expresión. En esos momentos la idea de falta de libertad estaba unida a algo externo, eran seres extraños los que te podían llevar a una cárcel realmente física.

Entonces ya pasada la veintena comprendí la falta de libertad del que es oprimido por los suyos, la de la mujer fue un puntal fundamental de comprensión, empezando por vivir lo que hoy muchos reconocen en los países más atrasados socialmente, que mientras no sean independientes económicamente no podrán ser libres. En esos momentos lo pude experimentar en carne propia, toda mi lucha iba encaminada a poder tener un trabajo para poderme sentirme más libre. Posteriormente con esa sensibilidad a las de mi género vinieron otras hacia grupos, discriminados en todos los campos.

Posteriormente inicié un camino más hacia dentro, porque tras milenios de patriarcado, de lealtades inconscientes a los ancestros, comprendí que romper lazos internos que te oprimen es muy complejo, máxime si desconocen que existen. Me adentré en el campo de la psicología sistémica, comprendiendo hasta qué punto somos esclavos de nuestros miedos.

Es hora de adentrarme en temas que culturalmente de forma más inconsciente que consciente han dejado un legado que maneja unos hilos invisibles pero muy fuertes y empiezo a verlos y cortarlos, en lealtades, en cargas innecesarias, por miedos, a rechazos, al abandono, al desprecio. Para entender y deshacer los voy hasta la posibilidad de otras vidas si no ya mías solo, si de mis antepasados y de la humanidad entera, con sus claves, sus símbolos que nos marcan desde el nacimiento.

Fue un trabajo a pie de obra durante la cuarentena, deshice lazos sociales, religiosos, familiares, con el convencimiento de que la libertada era la ausencia de miedos.

Empecé a conocerme más adentro para poder deshacer esos nudos que me mantenían atada por tantos y tantos condicionamientos. Llego a buscar el autoconocimiento en todas las fuentes, desde la carta astral hasta el trabajo con mi propio cuerpo con artes marciales ancestrales que me devolvían la verdad sin mente sobre mí misma. Conozco las grandes religiones y lo que las une para terminar concluyendo que han sido necesarias, pero hoy ya podemos contar con nuestro guía interno y ahora nos esclavizan limitando nuestro camino, igual que lo hacen las aceptadas corrientes de pensamiento de cualquier cultura. Es hora de dejarse llevar por el sentir interno y cuestionar todo sin ningún culto a la autoridad y proclamar – “Yo soy la única autoridad en mi vida”.

Por entonces en el año 2000 se completa por fin el mapa del genoma humano surge enseguida la inquietante pregunta a raíz de esto:

– ¿Existe la libertad si la parte genética determina el destino?

Parece que el ser humano no es libre en cuanto está actuando siempre desde un programa que lleva implantado desde antes de nacer, ya no eran las políticas, ya no era la cultura, ya no era mi infancia, había chocado con una causa aparentemente indestructible. Por suerte posteriormente se descubre una estructura que está encima de los genes, que es la encargada de abrir y cerrar el gen, y estos son influidos por el movimiento en el entorno. Entonces aparece una nueva esperanza hacia la libertad en cuanto parece que tenemos la capacidad de modificar el programa.

Tampoco sería por casualidad que por entonces  había tomado contacto con  la física cuántica, y el poder del observador para cambiar la realidad, esto abre una puerta magnífica a la libertad, ya que al actuar como observador, sin juzgar, puedes ver desde donde haces las cosas, entendiendo que el observador está siempre en el presente y por tanto no es la mente, que es la que está siempre en el pasado o en el futuro y la que nos esclaviza con el miedo.

La conciencia o mente superior es la que observa y mira como juega ese personaje que juega, pero que ya no te crees que eres tú. Así puedes actuar en libertad, desde el amor que ya eres y que sabe actuando de forma que todo funcione desde la paz, sin miedos siendo un expectador de tu propia vida, abandonando la idea absurda  de que controlamos algo dejando de identificarnos con el programa llamado ego, sabiendo que tengo la libertad de cambiar de perspectiva, abriendo o cerrado esas capsulitas que están encima del gen solo falta confiar en que nada está bajo control y así tener a la vez la máxima libertad. Una vez más hay que unir las dos polaridades para estar completos.

Hoy sé que todavía hay muchas capas, no sé si por poner o por quitar, pero confío que por cada pequeña lucha he ido poniendo una pieza del puzle, aunque todavía me queda mucho para ver la imagen verdadera de la libertad. O quizás no.

Algo me dice que estoy volviendo al origen de la espiral que comencé a los quince años, pero que la responsabilidad de la libertad, ahora ya en esta nueva vuelta más elevada, no es hacia lo que me han dicho otros, sino hacía mi propio sentir, que en última instancia la libertad es ser fiel a nuestro Ser interno realizando lo que pensamos y sentimos en coherencia.

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