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Home » Artículos » La meditación amorosa

La meditación amorosa

Por Ramico Calle.- Para contrarrestar ese lado un tanto oscuro que hay en todos nosotros, enraizado en el egoísmo, Buda concibió y ensayó una serie de ejercicios de meditación que tienen por objeto abrir el corazón y cultivar los más bellos sentimientos.  De la misma manera que la luz descorre la oscuridad, tenemos que potenciar lo mejor de nosotros mismos para ir erradicando lo peor. Baba Shivananda de Benarés, siempre decía: “La flor más maravillosa es el amor, pero florece en muy pocos jardines”. Podemos ir consiguiendo que en nuestro jardín vaya floreciendo a través de un cambio de actitud, a través de un mayor discernimiento y a través de prácticas mentales y emocionales que sensibilicen la mente y ayuden a procurarle compasión al corazón.

Buda denominó a estas prácticas mentales y espirituales, a este ejercicio de meditación de irradiación amorosa, METTA. Es un término que no es fácil de traducir, pero que quizá el que más se puede ajustar es “amabilidad amorosa”. Debemos tratar de que en nosotros vaya eclosionando la energía de la amabilidad amorosa y de que, cultivando los pensamientos puros, vayamos superando pensamientos de celos, odio y exigencias egoístas. En este sentido, debemos esparcir nuestros pensamientos de amor como pétalos en todas las direcciones y eso justo es lo que hacen estos ejercicios de meditación amorosa.

Ejercicios de meditación de irradiación amorosa

Uno de ellos lo he hecho últimamente mucho con mi hermano Miguel Ángel, porque se puede hacer con persona viva o con persona muerta, ya que ¿quién nos dice si ellos no están más vivos y despiertos que nosotros?

Toma y Da

El ejercicio se llama “Toma y Da”: mentalizas y visualizas ante tí a la persona con la que vas a hacer el ejercicio. Al inhalar, le sustraes su sufrimiento y, al exhalar, le irradias tus mejores sentimientos de amor y el anhelo de que sea feliz.

Devolver aquello que hemos recibido del benefactor

Otro de estos ejercicios se llama “Devolver aquello que hemos recibido del benefactor”. Todos estamos en deuda, todos formamos parte de una gran familia de seres sintientes, y si nos diéramos cuenta de que al herir a los demás nos herimos a nosotros mismos, dejaríamos de infringir dolor. El ejercicio del benefactor consiste en lo siguiente: traemos a la mente algún benefactor en nuestra vida, pues afortunadamente hemos tenido varios: una madre, un padre, los abuelos, un hermano mayor… Y tomamos consciencia de hasta qué punto esa persona ha sido importantísima, emocional y sentimentalmente, en nuestra vida, hasta que punto nos ayudó. Todos hemos tenido que ser ayudados al nacer y, cuando estemos en las postrimerías de nuestra vida, alguien también, donde quiera que sea, será un benefactor y nos ayudará. Todos estamos en deuda, todos hemos recibido un precioso legado de amor y no podemos ser tan mezquinos como para guardárnoslo; tenemos que hacerlo transitar y circular. Después de esta reflexión, trataremos de que todas esas emociones, que todo ese amor que hemos recibido del benefactor, lo podamos dar e impregnar a los demás con el mismo.

Irradiar amor

Un tercer ejercicio, que hago a veces en clase, y la gente me pregunta antes de hacerlo: “Ramiro, los demás ¿sienten esa energía de amor?” y les digo, no importa si la sienten o no, tu la estás sintiendo y te está transformando.

Para comenzar con el ejercicio nos enviamos buenos sentimientos y amor (no egocéntrico) a nosotros mismos. Después irradiamos este amor a los seres más queridos; luego a seres menos queridos; a continuación, a seres indiferentes y después a personas que incluso detestamos o nos han hecho daño. Seguimos ininterrumpidamente irradiando este amor hacia los animales, hacia las plantas, hacia la naturaleza y, en todas direcciones y hacia todos los seres del cosmos. Mental y emocionalmente, nos decimos: “¡Ojalá todos los seres sintientes puedan un día ser felices! ¡Ojalá llegue el día en que ningún ser sintiente tenga dolor!”.

Ramiro Calle

www.ramirocalle.com

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