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La memoria del corazón (Quinta parte)

universo-2Por Carolina Funes.- Cuando uno piensa en la vida, en su propia vida, o lo que ha acontecido en ella finalmente concluye que todo sucedió como debía ser, por lo menos hasta hoy. Esto también es enfrentar la oscuridad y aceptar lo que ocurrió.

Cambiar alguna experiencia de la vida inexorablemente transformaría el lugar y las circunstancias de éste momento. La gente con la que convive, el trabajo o la vocación, en soledad o en comunión, sería un escenario completamente diferente.

En la búsqueda del propio camino se han ido desechados miles de otros, no porque no fuesen convenientes sino porque el corazón ya ha sido iluminado con el destino único que fue elegido para uno.

Aceptar con humildad el rumbo es comprender que en cada daño o en cada acto de amor hay una sabiduría a ser descubierta. Es entonces cuando a la culpa no le queda más remedio que retirarse pues todo acontecimiento, hasta el más doloroso, llega a ser transformado en un aprendizaje que muchas veces cambia rotundamente la perspectiva que las personas tienen de la vida.

Hasta el más espontáneo y fugaz encuentro se ha tornado inhóspitamente importante pues de cierta forma conduce a seguir un sendero y no otro. Tal vez han sido premeditados por uno antes de llegar al mundo o tal vez fueron organizados por alguna voluntad divina que se ha empeñado en conducir el guion de un misterioso destino.

Cuando hay una conciencia de la existencia como una continua evolución para alcanzar estados mentales trascendentales y fundirse en el centro mismo del todo como estrellas de un gran universo, la culpa deja de tener significado, la siquiera sonoridad de la palabra se diluye en el vasto río de la purificación.

De ésta forma la culpa no es más que un reproche por haber hecho algo en la que no se consideraron las consecuencias que podían desencadenarse a raíz de ello. Luego viene un arrepentimiento casi mortal que recuerda una y otra vez lo erróneo de las acciones. Cuando en realidad ese tipo de acciones deben ser tomados como maestros, en ocasiones severos, pero maestros al fin. Negar la lección es rechazar el beneficio que la vida misma quiere conceder.

Así puede uno sacar provecho o desechar la experiencia sin notar el valor que hay en ella. Y hasta que la consciencia no comprenda el aprendizaje que emerge de ello, el ser estará desprotegido ante la propia ignorancia recreando una y otra vez circunstancias que remiten al mismo estado espiritual pero en un escenario diferente. Para evolucionar como seres la enseñanza debe ser internalizada en el corazón.

Muchas veces se actúa conforme a la creencia que se obtendrá algo a cambio como dinero, poder, reconocimiento, éxito o respeto y es tan sólo una falacia para alimentar al ego que nunca se satisface, lo que advendrá será desdicha y el aniquilamiento gradual del ser. Y sin embargo esto también formará parte del aprender.

Se puede seguir lastimando por un largo tiempo pero en algún momento el universo toma las riendas y comienza por recrear una realidad que conduce a un cambio de perspectiva, se observa los efectos de las acciones. Cuando fuerzas invisibles logran despertar esa consciencia superior en las personas estas ya no pueden controlar las situaciones a su voluntad. Las fuerzas son ilimitadamente más poderosas que aquellas de un terrestre. En ese punto uno se entrega a los designios de la vida y nuevas emociones envuelven el corazón. Surge la compasión no sin antes conocer la culpa.

En caso de no aceptar y procesar el sufrimiento que trae esa circunstancia se arraiga la culpa convirtiéndose en una semilla que puede llegar a manifestarse en una enfermedad o en un autocastigo y tarde o temprano carcomerá hasta el último hueso.

En cambio cuando la culpa es transformada en una fuerza interior implacable se conoce la esencia pura del ser humano, el amor.

Y junto con ello se puede llegar a materializar en un aspecto positivo del ser. Muchas veces será el espacio donde se origina la verdadera vocación o aquel don que uno vino a compartir al mundo.

En algunas oportunidades parece indispensable el dolor para comenzar a cultivar el amor verdadero y para el despertar de uno mismo. Entonces todo límite mental autoimpuesto comienza a desaparecer pues cuando el amor se expande por todo el ser se rompen las barreras del ego para ir a ese lugar donde todo es posible.

Único y con un poder asombroso puede hacer todo lo que desee pues su condición es ilimitada. Nada lo detiene para avanzar con su destino que lejos está de la culpa, a menos que sea elegida.

Cuando esta culpa es trabajada en una cualidad positiva surge la creatividad innata en todo ser. No se trata de las tradicionales formas artísticas, puede ser de cualquier tipo, de naturaleza desconocida incluso, pues cuando aflora desde lo más profundo del alma es entonces cuando tiene las características y el perfume artístico que lo define como tal. Se trata de una forma de sanar el dolor que esa vieja e inexistente culpa intenta dejar.

Sólo la humilde aceptación de los acontecimientos y la gratitud por el aprendizaje que de ello se desprende brinda la inconmensurable oportunidad de comenzar a sanar heridas ocultas en el corazón.

Se vienen a experimentar ciertas vivencias con el mero hecho de transformarlas en amor puro. Todas esas experiencias son el camino para conocer la esencia misma del ser humano y de Dios.

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