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La memoria del corazón

CORAZON-IMAGENPor Carolina Funes.- Algunas noches cierro mis ojos con tanta fuerza que un universo de estrellas viene a mí para recordarme que todos estamos acompañados por la inmensidad del infinito. Su brillo natural e imponente es un destello de Dios hacia el corazón y ya no quiero abrir mis ojos pues cuando se funde en el centro de mi alma que otra cosa podría querer.

Sin embargo debo abrir mis ojos y despertar. Me dejo invadir por la mismísima soledad para observar si quedan aún rastros de mi propia oscuridad porque de ser así anhelo encontrarla tan sólo para conversar.

Allí encontraremos el camino para que pueda seguir su rumbo y de una vez salir de mí. He de mirar su rostro y con certeza le diré que éste lugar es mi lugar, el espacio real donde mi consciencia se aloja. Ya no quiero escapar de allí porque soy todo lo que tengo así entonces será la oscuridad quien deba desvanecerse. No voy a seguir huyendo.

Lo que sea que encuentre lo enfrentaré pues ya no tengo miedo. Es cierto que prefiero encontrar sólo luz porque a veces el cansancio parece hundirme al combatir tantos demonios, que son sólo míos. Pero siempre he de ganar y en ese acto he de encontrar la fortaleza inconmensurable dentro de mí.

Y si el temor se llegase a apoderar de mí, inclinaré mi rostro hacia el cielo para sentir las pequeñas partículas de gotas tocarme, milagrosas gotas de agua que acarician y transforman esos temores en valor. Valor para adentrarse al remolino del huracán y salir de allí con ciertos aprendizajes esenciales de la vida.

Pero ha llegado el momento de dejar entrar esa oscuridad, y como cada gota de agua que parece perderse en los lagos o en los mares debe saber que es única, así debo comprender que cada uno formamos parte sustancial de la existencia y de uno mismo. Perderse para encontrarse es a veces el camino que conduce inexorablemente a conocerse y recrearse dentro de la realidad y en la historia de cada uno.

DIÁLOGOS CON UNO MISMO

En algún momento de la existencia todos deben entablar un diálogo con la propia oscuridad. Un diálogo con uno mismo:

“Y cuando intento hacer todo a la perfección una voz muy fuerte grita dentro de mí pero aún no estoy listo para oírla. Es una molestia constante pero debo estar tranquilo pues inevitablemente en algún momento tendré que abrir las puertas, no puedo esconderme para siempre y eso lo sé muy bien”.

Bendito los espíritus que nos acompañan y aquí los estaré esperando pero deben golpear más fuerte pues sólo así escucharé. Voy por la vida sintiendo de a poco y haciendo que todo cuadre y que nada se distorsione, esa voz pregunta hasta cuándo lograré sostener mi cuadratura perfectamente racional que me permite ser inerte y me hace creer que eso que veo es lo real, ya a ésta altura pienso que eso es vivir y entonces me sorprende que la gente aún diga viva la vida o le vie est belle.

Soy inerte pues nada brota de mi corazón y una exclamación surge de mí,  ¡por Dios aún te tengo! pues sólo tú me haces ser quien soy, tu vida, tu mirada y tus caricias me hacen ser algo, no sé bien qué pero por lo menos logro acallar aquella voz que aún habla dentro de mí.

Pero si no hay algo que me sacuda con más fuerza entonces me quedo contigo y lo acepto todo con total sumisión aunque en un punto comienza a doler demasiado como si yo mismo intentara sofocarme a través de ti.

Comienzo a ver cosas y creo que no son parte de mí. Un sonido tan irreal como las palabras me causan risa porque en verdad que ya no puedo oír. Pero sé que las visiones están allí, delante de mí y de alguna forma me parece bien.

Sin embargo una parte muy profunda de mi corazón sabe que en algún momento tarde o temprano deberé experimentar algo más allá de mi razón e inexorablemente dolerá, pero soy valiente y seguramente me adentraré.

Sigo dormido pues para qué despertar. Que haya algo del otro lado no significa que exista realmente y sí, soy un incrédulo. Alguien inesperado aparece súbitamente y dice algunas cosas, sospecho que algo sabe. Algo que yo aún no se o no recuerdo, algo que me empeño en ocultar forzosamente. Comienzo a desconfiar de todos principalmente de esos extraños seres que no dicen mucho pero que sus escuetas palabras me confunden, tanto que hasta ni siquiera confío en mí mismo.

Siento que me pueden ver a través de mis ojos y no puedo cerrarlos porque qué clase de persona sería acaso. Pero descubro que soy un zombi con los ojos abiertos tratando de que nadie vea que me siento completamente vacío. Así aprendí a vivir y no puedo aceptar que haya otra forma por eso me aferro a quienes me dan algo aunque nada valga pero me conformo con algunas migajas de vida ajena porque sospecho que la vida es de esa manera y así será hasta el fin de mis tiempos.

Por eso sigo haciendo lo que hago y ni siquiera intento cambiar pero hace tiempo que detrás de esa puerta escucho aquella voz que una vez me llamaba y yo le hice oídos sordos, debo aceptar que no se ha ido y aún está allí aguardando por mí.

Pero pienso que aún tengo el amor y estar apegado a esa persona es mi única salvación para no dejar entrar esa voz aunque sinceramente ni siquiera sé amar. Pero tú haces que yo olvide todo ello y me aferre a la idea de que lastimar es amar. Lo acepto aunque no sé muy bien por qué.

Tan apegado a la idea de éxito pero ni siquiera sé lo que es eso, supongo que tener mucho dinero. Quiero controlar todo, de hecho me autocontrolo porque ni siquiera me animo a pensar que pasaría si…

Que sucedería acaso…o Dios no puedo pensarlo siquiera por favor no dejes que esas palabras lleguen a mi cabeza pues dolerá y mucho. Sin embargo creo que no puede doler más que ésta vida que llevo hace ya tantos años que ni siquiera lo recuerdo.

Y justo allí me entrego, ni siquiera me siento capaz de decidirlo pues es más fuerte que yo. He intentado todo éste tiempo permanecer como un zombi y ya no puedo mantener mis ojos abiertos. Tengo tanto miedo porque sé que al cerrarlos tendré que ir hacia adentro de mí y cuando vea sólo oscuridad querré morir. Pero por favor soy una persona racional, con una familia, amigos, un status social y no puedo andar diciendo por ahí que me siento un zombi, mejor dicho que ya lo soy. Igual que ellos, un zombi sí. A esta altura ni siquiera puedo elegir ser un zombi y pienso que ya no tengo escapatoria pues estoy completamente sólo en la oscuridad. Será la muerte que vino por mí si al fin y al cabo no puede ser peor que la vida.

Oigo esa voz, la reconozco. Golpea a mi puerta pero ha cambiado. Me siento seguro con ese espíritu y le pregunto qué está sucediendo, que no me deje solo pero no contesta. Sé que está aquí, conmigo.

Eres tú, tú, tú, tú. Quién es? No lo sé. Sólo tú. Dónde estás? Perdido. Muy perdido? Pero como es eso posible si estabas dentro de ti hace un instante. De un grito esos labios que fingen amor me traen de regreso a esa supuesta vida que tenemos. Sólo la miro sin entender una palabra de lo que dice y ni siquiera me atrevo a pensar que sus caricias son como la nada misma.

No sé quién soy pero ya no soy un zombi siquiera y aquel que me acariciaba se encuentra tan lejano que ya no estamos juntos, es falso. Creo que me aturde y se lo tengo que decir. Es el final. Está hecho y ahora me pregunto qué pasará pero extrañamente estoy tranquilo como si toda mi vida hubiese estado preparándome para éste momento.

Tengo miedo pero trato de recordar aquella voz, aquella extraña voz que me resulta tan familiar que disipa todo temor. Confío en él.

Algunas noches duermo tranquilo y otras me desvelo como esperando que algo suceda y sé que será duro pero soy valiente y no voy a huir justo a la mitad de éste misterioso viaje.

Esos días que salgo al trabajo pareciera que la voz se materializa y toma forma de humanos pues me esperan en la parada de autobús con extraños mensajes que intento descifrar pues necesito respuestas y al demonio con todo. Tengo que moverme y que sea lo que Dios quiera, nunca creí que fuera posible tanta oscuridad dentro de mí y pienso que bueno que no he matado a nadie aún.

Qué? No por favor, prefiero dar vueltas perdido en la oscuridad que enfrentar lo que sea que debo enfrentar. Tengo miedo.

El mundo sigue y me pregunto si acaso nadie se da cuenta donde estoy o mejor dicho que no estoy. Esos mensajeros que me encuentro en ningún lado acaso sólo yo los puedo ver y las conversaciones son tan extrañas como si sus palabras derrumbaran todo en mí, nadie me lo creería. Estoy cansado y falta tanto, lo sé. Sólo dejo que las cosas sucedan y aún no ha pasado nada extraordinario, bueno creo que tal vez fue sólo un susto y decido descansar, algo tenso sí pero es mejor que estar apabullado por esa oscuridad desesperante. Y al dormir tengo tantos sueños que me pregunto, como sé que la vida misma no es un sueño. Muchas personas me visitan por la noche y yo sólo quiero dormir pero esos seres entran en mi cabeza sin mi permiso. Extraño esa voz, a veces creo oírla en el viento cuando salgo a correr.

Creo que quiero morir y pasar de una vez al otro lado de la reja pero está con candado y no se permite el paso a aquellos con un destino aún por cumplir. Muchos de los que he conocido se encuentran dentro de esa gran mansión y yo aquí en medio de la oscuridad. Sólo espero que después de esto venga la muerte porque la deseo.

Pero alguien más en la casa me habla y me recuerda que aún de alguna extraña forma, sigo vivo. Intento escucharlo pero sólo puedo ver el movimiento de sus labios y pienso en nada. No hay nada aquí dentro pues soy un triste vacío.

A veces creo en Dios pues pequeños milagros se suceden todo a mí alrededor pero estoy tan ciego que no puedo ver, de hecho ya no quiero creer. Ya lo dije si, a veces duermo pero estoy tan cansado de estar en ese lugar que ya me harté, creo estar listo para dejarlo entrar pues no puedo quedarme para siempre en ésta oscuridad. Si hubiese muerto no sentiría la pesadez de éste cuerpo que me cuesta cada paso y mis oídos tan aturdidos me hacen saber que esto no puede ser el más allá.

Sólo me mantengo haciendo cosas aunque no se para que o porqué, simplemente las hago. No pienso si estoy vacío pues ahora sí que ya nadie me ve y muy pronto sé que el cambio lo voy a tener que impulsar yo. Misteriosamente un papel cae delante de mí y dice “nada se mueve hasta que algo se mueve”.

 

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