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Home » Artículos » La mente quieta

La mente quieta

Por Ramiro Calle.- Cuando realmente llegamos a nosotros mismos, llegamos a los demás; al llegar a lo más profundo de los otros, llegamos a nosotros mismos. Cuando la mente se interioriza y pacifica, surge otro modo de sentir y ser. Aunque sea por unos instantes, se despierta un sentimiento de unidad y plenitud que solo es posible en la mente quieta, por tanto libre de apegos y odios, centrada en su esencia en el aquí y ahora, interiorizada y establecida en su fuente. Es la mente limpia, desnuda, sin deseos ni aborrecimientos, capaz de beber en su propio néctar de ecuanimidad y sosiego. No va ni viene; está. No se deja atrapar por pensamientos de ira, miedo, resentimiento o codicia.

Para conectar con la mente quieta e instalarse aunque sea unos reconfortantes minutos en la misma, hay que detenerse deliberada y consciente, interiorizarse e ir acallando los pensamientos. Así y con la práctica regular, durante un tiempo uno logra desasirse del exterior, frenar el discurso mental, interiorizarse y estar en uno mismo. Ese es el verdadero significado del término ensimismamiento, o sea: estar en uno mismo, en sí, ser. Tal es meditación. Dejo de estar en lo «otro», para estar en el «ser». Cesa la actividad sensorial, se van suspendiendo los pensamientos y surge un proceso de introspección que nos lleva a regiones de la mente insospechadas, pues de ordinario la mente está enfermizamente exteriorizada, como un mono que salta de rama en rama sin cesar.
Esta sociedad nos hace como caballos de carreras que no saben parar, pero hasta un corcel se revienta si no para. No se trata solo de detener el cuerpo, sino el frenético vagabundeo de la mente, la perniciosa agitación de los pensamientos, siempre movidos por deseos y aborrecimientos. Al detenernos e interiorizarnos, podemos realmente saborear el néctar de una bendita quietud. Es una experiencia de ser que está más allá del gusto y del disgusto, y que nos permite descubrirnos y conciliar con nosotros mismos. Y al conciliar con nosotros mismos, conciliamos mejor con los demás.
La meditación es una experiencia. Es el arte de parar y ser.

Ramiro Calle

www.ramirocalle.com

 

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