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La mirada positiva

Por Nuria Velasco.- Hace muy poco estuve un curso de Coaching de Equipos y se puso de manifiesto algo, casi desde el primer momento, que nos causó sorpresa a los componentes del equipo de 9 personas que formamos.

Sabíamos nuestros nombres porque llevábamos una etiqueta identificativa, no nos habíamos visto jamás. Alguno había que no era coach, pero los que sí lo éramos, no teníamos nada que ver en nuestra especialidad. Edades variadas, diferentes procedencias. En fin, como cuando vas en el metro y miras a los que están en el vagón contigo: cada uno de una padre y de una madre. Igual.

Una de las primeras dinámicas que nos enseñaron fue con unas lanas de colores. Cada lana representaba algo concreto que nos podía gustar: jugar al Lego cuando éramos pequeños, la playa, emprender, etc. Cada miembro del equipo que coincidía con que eso le gustaba, tocaba un tramo de la lana. Al final, todos estábamos unidos por una extraña tela de araña multicolor. No a todos nos gustaba todas las cosas, pero cada uno teníamos al menos 3 de las 6 lanas en nuestras manos.

Lo interesante de la dinámica es que nos dimos cuenta de que aunque no nos conocíamos de nada y no sabíamos nada de la otra persona, habíamos descubierto algo en común que nos gustaba y por ahí siguieron las conversaciones. El grado de camaradería que se alcanzó en nuestro grupo fue tal que empezamos a preguntarnos por el tipo de coaching que nos gustaba, cuál era nuestra especialidad, cómo la ejercíamos. Y un montón de cosas interesantes surgieron. Hasta compartimos algunas de nuestras tarjetas de visita.

Y todo por hablar de lo que teníamos en común.

Verás, muchas veces observo que tendemos a relacionarnos a través de lo que nos separa o a través de lo que rechazamos en nosotros. Deja que te lo explique.

Cuando vemos a otra persona, automáticamente la juzgamos. A veces es un juicio positivo, lo cual tiende a atraernos hacia esa persona o a darnos envidia. Y a veces es un juicio negativo, con lo que surgen las críticas. En cualquiera de los dos casos, estamos viendo las diferencias de esa persona con respecto a nosotros o a lo que consideramos aceptable. Y con esas diferencias vamos a tratar a la persona. ¿Sabes eso de la primera impresión? Pues eso: no vemos a la persona, sino la impresión, buena o mala, que tenemos de ella.

Por otro lado, vamos por la vida tratando de disimular cosas que rechazamos de nosotros, pero que sabemos perfectamente que están ahí. Construimos arquitecturas de defensa para que “no se note”, “que no se enteren”, “que piensen otra cosa”, “que no vea mi defecto”, “que parezca que”, etc. ¿Te suena? No somos naturales, estamos disimulando todo el tiempo detrás de una máscara social que nos separa del resto porque no nos estamos mostrando tal cual somos.

De manera que en este segundo caso, yo me relaciono con el otro no orgullosa de lo que me gusta de mí sino tapando lo que no me gusta. Curioso, ¿no? Total, que no actúas libremente con el otro porque estás detrás de una máscara.

Quizá haya más maneras, pero estas dos son las que observo claramente: lo que nos separa del otro o lo que rechazamos de nosotros.

Es complicado ser natural, ¿no? Y ¿pretendemos tener relaciones honestas?

¿Qué pasó en el ejercicio de las lanas? Que nos relacionamos desde lo que nos gustaba hacer. Lo que llevó a sentirnos cercanos con algunos miembros del equipo. Lo que derivó en un ambiente divertido y amable. Lo que nos hizo sentir que todos teníamos más cosas en común si seguíamos indagando. Lo que nos llevó a la conclusión de que es más fácil hacer una red de personas de lo que parece a simple vista.

La costumbre es vernos a los demás separados. Pero ¿te imaginas cómo sería el mundo con una mirada apreciativa? Y por apreciativa me refiero a decidir de antemano poner la atención en lo que me une, no en lo que me separa. ¿Puedes imaginar un mundo de personas unidas a través de sus fortalezas y no separadas por sus debilidades?

En 1987 se publicó el estudio “Appreciative Inquiry in Organizational Life” (“Indagación Apreciativa en la vida organizacional”), por C. Cooperrider y S. Srivastva, dos estudiantes de doctorado que durante 7 años estuvieron investigando modelos de organizaciones y su lado humano. Sus investigaciones les llevaron a la generación de un montón de hipótesis nuevas e increíbles, que proporcionaban nuevas alternativas de acción social, alentando la reconsideración de todo aquello que se daba por sentado. Básicamente, proporcionaron “una meta-teoría construccionista social que sostenía la necesidad de ir más allá del hábito del campo de centrarse en el déficit o el problema.” Porque eso es lo que normalmente se hacía y se sigue haciendo en el modelo tradicional de empresa: hay un problema, quién es el responsable, qué tenemos que hacer para resolverlo. Lo que estos investigadores descubrieron es aquellas organizaciones que pone su foco en los problemas y obstáculos, eso es lo que obtienen, y que las que ponen el foco en lo mejor de sus equipos, descubrirán cómo tener éxito. Uno de sus principios es “en lo que te enfocas, crece”.

Vale, ahora imagina que estás en tu trabajo habitual y tu jefe y tus compañeros, en vez de señalarte todo lo que te falta por hacer, te felicitan por lo que ya llevas hecho. ¡Tu trabajo es el mismo! Pero ellos están felicitándote por la botella medio llena y no regañándote porque está medio vacía. ¿Cómo cambia tu estado de ánimo cuando te refuerzan y te apoyan?

¿Con qué humor vas a trabajar en un entorno así de positivo?

¿Crees que trabajarás menos?

¿Crees que trabajarás más motivado?

¿Qué crees que es mejor: ser excelente en lo que eres bueno o ser mediocre en lo que no sabes hacer?

Si ya eres bueno en algo ¿por qué no potenciarlo?

¿Saben tus jefes, tus amigos, tu familia, en qué eres bueno? ¿Cuáles son tus dones y talentos?

¿Qué nos impulsa a sentir vergüenza por hablar de nuestras fortalezas y sentirnos taaaan cómodos en contar con pelos y señales lo que nos va mal?

¿Te imaginas un mundo donde a los niños, desde que son muy pequeños, se les hace saber en qué son buenos, qué se les da bien, qué pueden aportar al mundo?

¿Te imaginas un sistema educativo donde no se le haga sentir mal a los alumnos por no ser buenos en lo que NO se les da bien? ¿Un sistema educativo que ayude a cada individua a conectar con su propia Unicidad?
¿Acaso alguien cree que somos iguales y tenemos las mismas capacidades y la misma velocidad de aprendizaje?

¿No estamos ya cansados de relacionarnos sólo a través de nuestras tristezas?

¿Cómo y cuánto celebramos nuestras alegrías y triunfos?

Ya sé, son muchas preguntas. Permíteme la última: ¿no es emocionante la idea de que hay otra posibilidad de mirarte a ti y al mundo?

Referencia bibliográfica: “Indagación Apreciativa”, por Miriam Subirana y David Cooperrider. 2013, Editorial Kairós.

 

Nuria Velasco

Coach Transpersonal

www.tulibrodelavida.com

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