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La polinización es fuente de creatividad

Por Francisco Menchén Bellón.- “De igual modo que una flor que no llega a polinizarse cae antes de formarse el fruto, las ideas que no se comunican, ni se contrastan, ni se valoran, no llegan a desarrollarse ni a producir fruto” – SATURNINO DE LA TORRE

Nos encontramos en un momento histórico de cambio. Viviremos en el futuro en un mundo en permanente transformación y sabemos que la polinización juega un papel importante en el mantenimiento de la biodiversidad, pues se establece como una parte fundamental de la arquitectura de los ecosistemas. Igualmente ocurrirá si este mismo proceso se aplicara en la educación, en las organizaciones y en la vida, a través de la polinización psicopedagógica como indica el genial investigador citado, promotor de este movimiento.

La polinización en biología se produce cuando el polen se mueve dentro de las flores o se transfiere de flor en flor por la acción del viento, del agua o, mediante la autopolinización y, también por la acción de polinizadores, como colibríes, abejas, mariposas, moscas, y murciélagos, entre otros.

El proceso polinizador consiste en transferir el polen dentro de la misma flor o entre flores de la misma especie, generando la fertilización, y la producción de semillas y frutos para las plantas. Los polinizadores beben el néctar de las flores y, a cambio, se llevan el polen a otras flores. Mientras viajan de flor en flor, beben néctar, recolectan y esparcen polen dondequiera que van. Las flores crean néctar solo para atraerlos.

La abeja liba el néctar de la flor con su trompa y después de haber comido hasta saciarse, mueve sus patas a toda velocidad para recolectar el polen y llevarlo a otra flor; es decir, da lo que ésta necesita para fertilizar y hacer crecer semillas y frutas. Sin los polinizadores que ayudan a fecundar las plantas, no tendríamos todas las frutas y verduras sabrosas que nos encanta comer.

En un contexto educativo, el término polinizar se entiende como la capacidad que tiene un sujeto para combinar, compartir o proponer ideas, conocimientos y experiencias con otras personas, fertilizando otras perspectivas, que se convierten en nuevos diseños, alternativas y soluciones creativas.

Entendemos por polinizar la creatividad aquel proceso mediante el cual compartimos, conectamos, damos vida y generamos cambios constructivos a nivel personal, profesional, organizativo, cultural y social. Polinizar conlleva trasmitir valor generando cambios, mudanzas, vida, allá donde llega el mensaje. “No es una simple difusión, sino que conlleva un impacto transformador”, según apunta el creador de este modelo, citado anteriormente. Desde la visión botánica podemos decir que el néctar de las flores a través de la polinización desarrolla una misión transformadora.

La polinización de la creatividad en contexto psicopedagógico es el modelo auténtico de alquimia, el elixir de la vida, donde se conjugan las cuatro “Cs”: Colaborar y Compartir para Crear y Crecer:

  • Colaborar. En este primer paso se adquiere el compromiso y la responsabilidad de cumplir con los principios del proceso.
  • Compartir. Cuando hay un intercambio de ideas se transfieren mensajes que son importantes para mejorar el tema de estudio.
  • Crear. Para crear ideas nuevas es imprescindible que haya una conexión que permita la fecundación.
  • Crecer. Es el momento donde las ideas combinadas fructifican y alcanzan su madurez, que posibilita la evolución.

Este modelo de polinización es una fuente importante de creatividad ya que ofrece a los participantes la posibilidad de escuchar, retroalimentarse y crear de forma compartida. En estas condiciones se establece un ambiente donde se puede hablar y expresar libremente lo que se piensa, porque lo importantes es que surjan ideas, sin importar quien la genere.

La construcción del conocimiento se puede abordar a través de la polinización, como fuente de creatividad, estudiando el funcionamiento del proceso de reproducción, morfología floral y animal, relaciones ecosistémicas y procesos adaptativos, entre otros. Los alumnos polinizadores son fuentes de creatividad que ayudan a difundir el conocimiento; tienen la habilidad para imaginar, intuir y experimentar distintos roles.

Cuando en una organización se trabaja en equipo suelen encontrarse a sujetos que polinizan ideas, combinan o cruzan conocimiento para resolver los proyectos o problemas que aparezcan. Cuando se comparten lo que se aprehende el crecimiento se multiplica significativamente. Cada uno de los miembros de un grupo, de manera organizada, brinda su experiencia acumulada apoyando al resto de los compañeros. De esta manera, se moviliza la información y el conocimiento de todos los participantes, tan importante para aprehender, evolucionar y crecer.

Para que los estudiantes aprehendan con ilusión es necesario que los docentes enseñen a practicar el rol de polinizador. Se trata simplemente de jugar con las ideas y conceptos aparentemente no relacionados, con el objeto de descubrir nuevos patrones. Los alumnos deben aprehender a captar las ideas esenciales en juego, para después entregar a sus iguales y compartir. No se necesita ser un inventor, sino atreverse a cruzar ideas diferentes, bien estableciendo metáforas, recurriendo a retos, e incluso las observaciones agudas pueden marcar una gran diferencia.

Todos somos polinizadores, pero no somos conscientes: el padre y la hija, la maestra y el discípulo, el empresario y la trabajadora, la joven y el adulto, la compradora y la vendedora… pero, para desempeñar bien este rol no hay que ser arrogante y no subestimar a las personas con las que hablas, sino debes escucharla con atención e interactuar. Leonardo da Vinci, con sus incontables aportaciones a la ciencia y al arte, es probablemente el mayor polinizador de la historia

Los docentes deben polinizar su creatividad, como en su día lo hizo la escritora británica J.K. ROWLING que con la saga de “Harry Potter” deslumbró a los jóvenes de todo el mundo. Para hacer esto, es necesario que aprovechemos los poderes, los talentos y las capacidades que hay en nuestro interior que, la mayoría de nosotros ni siquiera nos damos cuenta de que tenemos, y que son muchos más de lo que nos imaginamos.

Del mismo modo que los insectos polinizan el campo y el bosque creando más vida, los docentes pueden polinizar la creatividad, y conseguir la plenitud de los alumnos. Igualmente, si la abeja en la colmena puede producir la miel, el docente en su aula puede cristalizar la creatividad; ambos – abeja y docente – disponen en su interior de un potencial infinito que deben expandir su luz para que exista la polinización. Mi intención es ofrecer a los docentes una pista para empezar a funcionar con los mismos parámetros que funciona el Universo.

Los docentes en su tarea polinizadora deberán imitar a la flor y expandir los mejores atributos que le identifican, con el objeto de iluminar e irradiar a sus alumnos, para que ellos puedan acercarse, absorber y saciarse del potencial que tienen en su interior y transformarlo en un dulce néctar de vivencia, aprendizaje y sabiduría.

 

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