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Home » Artículos » La sabiduría de la fluidez

La sabiduría de la fluidez

Por Ramiro Calle.- Todo fluye, nada permanece. Todo transita, nada se detiene. Todo viene y parte, nada se queda. Y sin embargo, no sabemos ser fieles a la naturaleza del momento, fluir con el curso de los acontecimientos desde la consciencia y la ecuanimidad, saber tomar y saber soltar, dejarnos inspirar por el abierto y apacible espíritu del valle.
La vida no… es una fotografía fija. No es un diapositiva inmovil. No es una escena que se detiene. La vida sigue su curso, es impredecible e imprevisible, es como el mercurio que no puedes coger con los dedos, como el torrente de agua que encuentra la manera de seguir su curso. Nada deja de estar sometido a la transtoriedad, pero cuando algo dura más nos engaña, como si fuera el más habil prestidigitador, y creemos que es fijo, que dura siempre.

Lo fijo se endurece. La flexibilidad es vida, pero la rigidez es muerte. Lo fijo está en la mente, pero no en la vida. La mente acumula, endurece, se adhiere a viejos modelos y patrones, imita, no se renueva, carga con su fardo de traumas, complejs, frustraciones y heridas psicológicas. La vida cambia, pero la mente se agarra con desesperación a su jaula de ignorancia, avaricia y odio. La mente quiere detenerse en sus esquemas, en sus ciegos y mecánicos modelos de pensamiento, en su culpabilidad, su desdicha, su rencor y su necedad. Los años discurren y la mente se niega a cambiar.

Cuando una habitación no se ventila, su atmósfera se enrarece. Cuando el agua no fluye, se vuelve sucia y maloliente. En el trasfondo de la mente hay pus que liberar; en la trastienda de las emociones, hay fango que limpiar. La idea del despertar es una idea, una más. Hay que despertar. No se trata de una idea fija. Nadie despierta con la idea del despertar. Hay que poner todos los medios para irlo consiguiendo.

Lo fijo se oxida. Lo fluido siempre permanecece en su inspiradora frescura. Un amor que se fija no es amor, sino una obsesión. El amor se expande, fluye, se irradia. Nnca se detiene, no tiene límites.

Porque todo fluye, hay tres cosas que nunca pueden recuperarse: la flecha disparada, la palabra dicha y la oportunidad perdida. Porque todo fluye, Buda se encontré con el enemigo que el día anterior le escupío y le sonrió ante su sorpresa, diciéndole: «tu eres ya el que me escupió ni yo el que recibió el escupitinajo». Asi no hay lugar para el afán de venganza, el rencor, el odio que se fijan en el alma y le impiden renovarse.

Si todo fluye, todo transita, todo muda, ¿de qué podemos estar seguros? De nada. Tanto más seguros queremos estar, más inseguros estamos. Mas nos entregamos a la inseguridad, más seguros nos sentimos. A la sabiduría de la fluidez hay que añadirle la de la inseguridad. Todo es incierto, todo es en cierto modo un despropósito, pero se puede vivir con consciencia y ecuanimidad o ciega y mecánicamente. Como decía Tennyson: «la uníca seguridad yace en la inseguridad». La inseguridad es segura. La imeprmanencia es fija.

El conocimiento es fijo: acumulación de datos, información, saber libresco, erudición. A nadie cambia. La Sabiduría es movible y reveladora. Una biblioteca es algo fijo, pero la vida es movimiento. El que se detiene psquicamente ya está muerto, pero no es la muerte para renacer, como va logrando la practica de la meditación, sino para morir en vida… ¡y qué peor muerte puede haber!. Los conceptos nos bloquean; las creencias nos disecan. Nos volvemos torpes y pusilanimes, y entonces comenzamos a utilizar amortiguadores psiquicos, autoengaños, todo aquello que aún nos fija más y nos impide ser fluidos, naturales, hermosamente intrépidos.

En lo fijo hay una aparente seguridad que no es tal. Es una alucinación. Más autodefensas narcisistas, menos defendidos estamos. Si te detienes montando en bicicleta, te caes. Si el funámbulo se agarra al alambre aterrorizado, no logra cruzarlo.

Si no nos vaciamos interiormente de algo, nada puede entrar. Nos cerramos a la energía sutil. Nos volvemos un disco de vinilo repitiéndose incesantemente. Siempre el mismo disco. Nos hacemos toscos, nos embrutecemos, dejamos de sorprendernos con la imprevisibilidad, la impredecibilidad y la inseguridad de la vida.

¿Dónde hallar refugio? No contesto yo, sino él, el Despierto, el Buda:

DENTRO DE TI MISMO.

Ramiro Calle

www.ramirocalle.com

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