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Home » Artículos » La torre herida por el rayo

La torre herida por el rayo

Por Mariluz Carrillo.- Cuando observo con detenimiento lo que ahora mismo está ocurriendo en el mundo -y no me refiero al hecho de que una terrible pandemia esté azotando, inclemente, a prácticamente todo el planeta, sino a la percepción que el ser humano promedio tiene sobre este hecho-, vuelvo a corroborar lo difícil (por no decir imposible) que resulta para «ese ser humano promedio» dirigir su mirada hacia dentro y no hacia fuera, buscar y aceptar su propia responsabilidad en las circunstancias adversas en las que nos vemos, inesperadamente, inmersos. Leo en las redes sociales mensajes cruzados de odio y crítica, según las ideologías y convicciones políticas de unos y otros: toda crítica, por lo que compruebo  a diario, es admisible,  menos la que deberíamos dirigirnos cada uno de nosotros a nosotros mismos.

Así, la culpa de cuanto acontece siempre la tienen los demás: los gobiernos, los bancos, el sistema capitalista, los grandes grupos económicos que dominan el mundo; ¿pero…, y nosotros?, ¿cuál es nuestra responsabilidad?, ¿o  es que acaso, a los políticos que nos gobiernan no los hemos elegido nosotros?, ¿o es que acaso no participamos todos, con nuestra callada aceptación, en  el despiadado sistema actual capitalista de trabajo y producción?

Basta con darse una vuelta  por todo el mundo (virtual, claro está) para confirmar una verdad irrefutable: la pandemia que nos azota no atiende a color político, ni a raza ni a ideología alguna. Todos los países la están sufriendo, sea cual fuere el signo de su gobierno, o la mayor o menor diligencia de sus gobernantes… Luego, tal vez, se trate de otra cosa…, tal vez, las circunstancias, netamente kármicas, solo nos estén pidiendo que observemos la realidad, la aceptemos, y extraigamos las lecciones de aprendizaje que cada uno, a nivel individual, y todos, a nivel colectivo, debamos extraer.

¿Somos, esencialmente, seres egoístas? Sí.

¿Somos dañinos para los demás seres humanos, para la naturaleza y para cuanto nos rodea? Sí.

¿Somos nosotros, en realidad, el virus que nos azota? Sí.

¿Nos negamos a aceptar que somos seres individuales, con un sendero individual de evolución, con unos dones y talentos que debemos, no solo conocer y explorar, sino una vez descubiertos, explotar, para nuestra autorrealización y para el servicio altruista a la sociedad en la que vivimos? Sí.

¿Somos despiadados con el débil y cobardes con el poderoso? Sí.

¿Somos falsos, hipócritas,  envidiosos e incoherentes en nuestra vida? Sí.

Tal vez, si mejoramos como seres humanos, cada uno de nosotros (y cada uno sabe, perfectamente, cuando se analiza a sí mismo desprovisto de todo autoengaño y complacencia, cuáles son «características/costumbres/defectos/ que debe corregir en sí mismo), automáticamente,  se corrija y mejore la sociedad como colectivo humano, dando lugar a una humanidad más saludable y solidaria. La sociedad no es un ente abstracto, sino que la formamos todos y cada uno de nosotros; y todos y cada uno de nosotros somos responsables de la sociedad que creamos y en la que vivimos.

¿Nos están pidiendo las circunstancias actuales que revisemos nuestras creencias y nuestra forma de vida? Tal vez.

¿Nos está pidiendo  (a gritos) esta pandemia, que evolucionemos como seres humanos, a nivel individual y colectivo? Seguro que sí.

No hay evolución humana posible que curse sin dolor y sufrimiento; y ello es así, porque pocas cosas provocan tanta resistencia, tanto desconcierto,tanto miedo y tanta incertidumbre  en el ser humano como «el cambio», sobre todo, cuando estos cambios afectan a todo un sistema vital de creencias, o a todo un paradigma de existencia  profundamente arraigado en nuestras costumbres y en nuestra consciencia.

Me ha parecido apropiado titular este artículo como «La torre herida por el rayo». Para aquellos que no conozcan el tarot, les diré que «La torre» es un arcano mayor del tarot, en concreto es el arcano número 16; su imagen representa una torre, una alta construcción que se derrumba herida por un rayo, mientras dos personajes se precipitan al vacío desde la misma. Esa torre que se derrumba no es otra cosa que «la construcción de falsas creencias y errores de percepción, individuales y colectivos, que deben ser destruidos para dar paso a otro sistema de creencias o paradigma vital, más acertado y saludable».

Esta es, como digo, es, exactamente,  la situación que vivimos, como individuos y como sociedad. De nosotros, del trabajo evolutivo de reflexión y autoanálisis que cada uno de nosotros realice, depende que el «inexorable cambio de paradigma en que nos hallamos inmersos», se produzca con mayor o menor sufrimiento, de manera más o menos traumática.

Yo les invito, desde aquí, a efectuar con humildad, y con plena confianza en la vida, ese trabajo evolutivo.

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