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La Triada Perfecta: Cuerpo, Mente y Espíritu

alive-927077_960_720-1Por Yolanda Mármol.- La percepción corporal sugiere una relación armoniosa del cuerpo y del espíritu, ambos inseparables» (Bruce Lee)

Como seres humanos que somos, nuestro propósito de vida es el desarrollo personal y plenitud espiritual. Tenemos el derecho y el deber de ser personas felices.

Muchas veces, desde nuestro desconocimiento o por falta de atención, al igual que por las prisas en las que nos vemos inmersos en nuestro día a día, descuidamos alguna de las partes que componen nuestra persona.

Las tres partes: cuerpo, mente y espíritu se complementan y se interrelacionan. En el momento que una de las partes queda desatendida y dejada en el olvido, aparece el malestar, el sufrimiento, el desequilibrio e incluso podemos llegar a enfermar. ¡Doy fe de ello!

Para que a ti no te llegue a pasar, o al menos puedas evitarlo en la medida de lo posible aquí estoy dándote unas pequeñas sacudidas (con las mejores de mis intenciones eso sí) para hacerte el camino más llevadero.

Antes de empezar este viaje, quiero hacer especial hincapié en que, no hay camino ni mejor ni peor, todos los caminos son válidos ya que, todos ellos tarde o temprano nos llevarán al desarrollo personal o plenitud espiritual, como comentaba al principio.

Recuerdo cuando me ingresaron en el hospital que casi todos los días me visitaba una enfermera que aparte de velar por mi bienestar físico, hacía que me sintiera bien por fuera: me aseaba, me lavaba el cabello, en definitiva, mi aspecto mejoraba. Mi familia me trajo un enorme neceser con productos de cosmética para cuidar mi piel, y productos de maquillaje para sentirme guapa cuando salía a la calle con ellos.

¿Por qué os cuento esto? Aparte lógicamente para que sepáis parte de mi historia, para que veáis que el proceso de mi recuperación y equilibro en este caso, comenzó indudablemente por el físico, concretamente el cuidado externo. Cada vez que mi familia y la enfermera mejoraban mi aspecto, recuerdo que me sentía pletórica, más llena de energía y todo ello indudablemente repercutía en mi bienestar físico y mi salud. Ya lo decía Décimo Junio Juvenal en uno de sus poemas «Mente sana en un cuerpo sano»

Y como podéis ver los que me leéis asiduamente en mi blog, todavía sigue mi gran pasión por la cosmética, maquillaje, y todo lo que me hace sentir mejor en mi piel. Si uno se ve bien, seguramente el otro nos verá bien ya que, en realidad la apariencia física más allá de un físico predeterminado, es un aura que nos envuelve de bienestar o no bienestar que sale por cada uno de los poros de nuestra piel.

No olvides cuidar tu cuerpo como se merece ya que éste, va a ser nuestro vehículo en cada uno de nuestros viajes. Tu cuerpo se merece un buen descanso (entre 6 y 8 horas), una buena alimentación; no olvides que somos en gran medida lo que comemos. Evita las grasas, come de una forma equilibrada, fíjate en los alimentos que te pueden beneficiar y los que no; escucha tu cuerpo, él te dará las señales oportunas sobre lo que le favorece y lo que no. ¡No desestimes el escucharle! Cada alimento cumple su cometido; incluso están los alimentos que potencian nuestro buen humor.

Bebe 2 litros diarios de agua y ¡muévete a tu ritmo! ¿Qué quiero decir con moverte a tu ritmo? Me remito a lo dicho anteriormente; escucha tu cuerpo. A mí por ejemplo, debido a un problema de cervicales, el Pilates me sienta fatal, al igual que el ejercicio cardiovascular de gran impacto. Prueba lo que mejor te vaya, pero ¡muévete!

Para cuidar mi mente me encanta aprender cosas nuevas, ponerme retos, estudiar algo diferente, devorar libros, etc. La cuestión es poner nuestra mente en movimiento. La mente es un músculo que hay que entrenarlo diariamente, sino se atrofia igualmente.

Quiero hacer especial hincapié en el poder de las palabras, concretamente en este caso, las que nos decimos a nosotros mismos, ya que nuestra mente no hace distinciones, su cometido es creer lo que piensas. Piensa en positivo siempre que puedas, al principio cuesta muchísimo, pero con perseverancia, empeño y ganas, poco a poco lo irás consiguiendo.

Hay diversos enfoques para cultivar el espíritu. Para mí es algo tan sencillo como dedicar todos los días un tiempo para mí, donde nada ni nadie me interrumpa. Si pienso que en un momento dado puedo llegar a ser interrumpida, pongo un cartel en la puerta que ponga: «No molestar en 30 minutos».

Es mi tiempo para meditar, respirar, centrarme en el aquí y en el ahora, pensar en cómo me ha ido el día, pensar en las cosas que puedo mejorar, intentar ser feliz en ese momento a solas, dar las gracias por todo lo bueno que me ha ocurrido en ese día (aunque pienses que no hay motivos, te aseguro que los hay).

Con la práctica y perseverancia encontrarás tu modo de conectar con tu espíritu. No quiero influenciarte en como tienes que hacerlo, pero sí darte ideas. No hay caminos mejores que otros; sea cuál sea tu camino es válido para ti. ¡Sigue tu intuición!

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