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Home » Artículos » La tristeza y su tesoro

La tristeza y su tesoro

Por Nuria Velasco.Ya hemos hablado muchas veces sobre la importancia de todas las emociones y que no hay buenas o malas. Sólo la gestión que hacemos de ellas es lo que te dará una buena o mala experiencia.

Las emociones no se pueden controlar, surgen en determinadas circunstancias y no puedes hacer nada para evitarlo. Claro está que nuestra memoria emocional puede que reaccione en presente a cosas que están relacionadas con nuestro pasado. Las emociones tienen edades, por eso tenemos que conseguir que todas tengan la misma edad que nosotros, para dejar de reaccionar por algo que nos pasó de pequeños o en cualquier otro momento de nuestro pasado.

Es casi una epidemia cultural la de sentirnos mal por tener emociones como la Tristeza o el Miedo. Eso impide que las miremos y que las escuchemos. En cambio, nos culpamos y queremos salir de ahí cuanto antes. Mala gestión, sin duda. Las emociones no están para ser huidas. Están para ser sentidas, sin más. Si evitamos hacerlo, atraparemos ese momento, lo meteremos en un cajón y ahí tenemos otra parte de nosotros que no evolucionará ni crecerá con nosotros. En cambio, nos aseguramos así de que cuando haya una situación similar, reaccionemos de la misma manera, porque es lo que hemos programado en nuestro sistema. A esto me refería con la edad de las emociones.

Al margen de lo inteligentes emocionalmente que seamos, vamos a hablar hoy de la Tristeza en su forma más neutra. Vamos a ver lo maravillosa que es esta emoción si la vivimos como corresponde. Obviamente no estoy hablando de la depresión. Sólo de la tristeza que surge a partir de un estímulo externo o interno. A partir de aquí, dejarás de sentirte mal por estar triste y entenderás para qué ha surgido y qué quiere que hagas con ella.

Todas las emociones son energía en movimiento que nos hace reaccionar de una manera diferente. Etimológicamente la palabra “emoción” proviene del latín “emotio”, que significa “movimiento”, “aquello que te mueve hacia”. Inteligente, ¿verdad? Porque la energía de la tristeza nos lleva a la introspección, nos ralentiza, nos quiere reflexionando sobre lo que ha pasado para darnos cuenta de algo importante, que de otra manera no podríamos ver.

¿Cuándo sentimos tristeza? Cuando sentimos que hemos perdido algo. Puede ser de cualquier naturaleza esa pérdida: una persona, una relación, la imagen que teníamos de alguien, algo que nunca hemos tenido pero que descubrimos que debíamos tener, bienes materiales, etc. Puede ser algo tangible o intangible. Esta emoción nos lleva a mirar dentro porque si la sentimos, es que hemos perdido algo que consideramos importante. Muchas veces hasta que no perdemos algo, no nos damos cuenta de su valor. De esta manera consolidamos nuestro mundo, dándonos cuenta de lo que es valioso y de lo que no lo es. Si no sentimos tristeza, es que nos da igual lo que se ha ido. Si la sentimos, es que reconocemos la importancia y podemos aprender para el futuro. Así aprendemos a valorar lo importante. Y es un gran aprendizaje porque maduramos y conocemos mejor nuestro mundo interno.

Muchas veces, nos quedamos atrapados en ella porque no admitimos que lo perdido no era algo que amábamos, sino que necesitábamos. Creemos que no podemos vivir sin eso que hemos perdido. Cuando en realidad, sí que podemos, porque de hecho, seguimos viviendo. Tendemos a unir nuestra identidad a lo que tenemos, así que si perdemos algo, se vuelve traumático. Por eso la tristeza se suele sostener en el tiempo. No sólo porque no queremos mirarla a los ojos. Sino porque confundimos su mensaje y nos creemos nuestro drama. Es otra gran lección de esta emoción: aprender a soltar, aprender el desapego, que nada es para siempre, que no somos lo que tenemos sino que estamos más allá.

Nos tenemos que permitir sentir nuestras emociones. Para eso están. Hay condicionamientos culturales y no nos enseñan esa parte fundamental de nuestro Ser. Todo empieza por darte cuenta de lo que estás sintiendo en cada momento. Ya está. La conciencia es el primer paso para lograr la inteligencia emocional. Date el espacio para escucharte y para sentir lo que toca en cada momento. Esas energías en movimiento, cuando se les permite manifestarse, desaparecen. No tengas miedo de la tristeza. No te culpes si la sientes. Escucha su mensaje.

Ahora reflexiona sobre tu propia definición de la tristeza y sobre las tristezas que has tenido.

¿Qué es para ti la tristeza?

¿Qué te enseña mientras la sientes?

¿Qué aprendes de ti y de tu mundo interno?

¿Te sientes mal por estar triste?

¿Qué haces para dejar de estar triste?

Nuria Velasco

www.tulibrodelavida.com

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