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Home » Artículos » Mi crisis de los 30

Mi crisis de los 30

Por Marce MP.- Entré en crisis, sí, cuando todo parecía estar tan en orden “externamente”, en mi interior sentí un completo y total caos. Trabajo estable, relación de pareja estable, familia estable, pero yo me veía sumida en una completa tristeza, ya que, a pesar de tener todo, sentía un gran vacío interior. Estaba a días de cumplir mis 30 años, y me sentía infeliz… no entendía porque no lograba ese equilibrio cuando alrededor todos parecían tan felices y cómodos con sus vidas. Técnicamente no podía quejarme, pero estaba a punto de estallar, ¡qué fracaso tener 30 y sentirme tan desdichada, sin un sentido claro! Todo lo tenía, sí, pero sentía que no fluía y me conformaba con simplemente tenerlo.

Alguien un día me inspiró a darme un regalo de cumpleaños realmente para mi, que me diera felicidad; y entonces decidí no soportar más, sentí que debía haber otra forma de vivir, una sin tanto sufrimiento, pero que, como yo no había podido descifrarla, tenía que buscar ayuda. Y sí, el Universo me escuchó y puso en mi camino un ser que me serviría de guía en mi proceso de sanación y autodescubrimiento.

Inicié mis sesiones con él, y, como primer paso, tuve que exponer mi corazón, mis heridas sin sanar. Para mi, fue un paso grandísimo puesto que nunca había compartido con nadie los problemas graves que ocurrían en mi familia, siempre me los guardé para mi por el miedo al que dirán. Ahora entiendo que llega el momento de mandar todo bien lejos, que no importa lo que otros piensen y que hay que entrar en acción para cambiar eso que nos hace daño. Pero como no lo sabía, jamás lo exterioricé y me estaba consumiendo. Fue liberador decirlo y sacarlo y empezar a verlo como una enseñanza de la vida para trascender mis miedos y mis sombras.

Comencé a cambiar el chip y ver las experiencias desde otra perspectiva. Junto con mi coach, nos trazamos un rumbo que iniciaba con fortalecer mi autoestima, luego mi relación con mi familia, posteriormente mi desempeño en el trabajo y, para finalizar, mi relación de pareja, y fue perfecto ya que cuestionar mi relación de pareja era lo último que quería hacer en ese entonces.  Yo lo amaba (o sentía apego hacia él), era importantísimo para mi, estábamos planeando irnos a vivir juntos, casarnos e iniciar ese, por lo general muy complejo, “felices por siempre”. Pero el mágico flujo del Universo, tenía planes distintos, sabía que mientras yo estuviese en mi zona de confort, cuyo nombre era Franco, no iba a darse una transformación.

Entonces, por supuesto, me quitaron a Franco. Bueno, en realidad, por un extraño sentir en mi corazón, decidí que debía dejarlo ir. Él, tal vez sin ser plenamente consciente, con sus palabras y acciones me decía que no quería estar más conmigo, pero no se animaba a tomar la decisión porque yo también era su zonita de confort. Sí, ahora ya entiendo que la vida me manifestó a través suyo mis propios deseos. Al presentarse el engaño, que para mi fue el factor determinante, entiendo que mi aprendizaje era ver lo mucho que me autoengañaba al permanecer en una relación que no me complacía.

Y bueno, nos separamos. Y sigo en mi proceso de sanación, esto es relativamente reciente.

Empecé a trabajar en mi reencuentro personal, en reconstruir mi autoestima, en fortalecerme y estaba concentrada en el proceso cuando de pronto, la vida decidió que era momento de enfrentarme otro miedo: estalló una crisis familiar, mucho más dura que las que hemos atravesado los últimos 30 años. Por un instante, me enfrasqué en asumir la misma actitud con que había asumido las anteriores: me siento en mi cómo sillón de “nada esta mal conmigo” y espero que cada uno arregle sus problemas, mientras yo los culpo y sufro por el dolor que me generan. Pero, una gran dosis de sensatez me golpeó un día de repente y vi de una manera clarísima que no podía pretender que algo fuera distinto si yo no hacía algo distinto… desde el juzgar y el sufrir no se logra nada, es desde la acción.

Esa acción implicaba enfrentarme a dos grandes miedos: el hermetismo de mi mamá y la ira de mi papá. Sí, estaba en pánico, me decía todo el tiempo que no iba a ser capaz, pero sabía en el fondo que si me estaban poniendo esta piedrita en el camino, era porque ya había llegado el momento de superarlo. No miento cuando digo que era realmente difícil para mi, un gran trauma de infancia.

Decidí actuar, y empecé a cambiar mi chip. Me di la oportunidad de hablar con mi mamá, de conocerla, de escuchar su historia y eso me permitió perdonarla, porque vi una mujer real, que me abría su corazón y me conecté con su dolor, y nos unimos para trascenderlo. Cada una lo vive distinto, desde sus propias heridas, pero juntas decidimos que no queríamos mas la vida que nos habíamos forjado. Superé el miedo a mi madre, miedo a confrontarla y a decirle que sus errores me habían hecho mucho daño, cuando lo reconocí, sin duda empecé a sanar… y sigo en el proceso.

También enfrenté a mi papá, le expresé mi profunda frustración al ver su posición cómoda, la cual reconocía en mi, ante los problemas. Él ha sido un poco más reacio a todo, pero espero que llegue su momento de hacer click, y estaré de corazón dispuesta a ayudarlo desde mis posibilidades.

Llevo dos meses y medio en mi reconstrucción, ya  he ido entendiendo que el trabajo que haga conmigo es el más importante, he ido haciendo consciencia de como la vida nos pone las circunstancias para trascender nuestras sombras y nos llena de personas que son espejos y por ende nuestros grandes maestros. He ido reconociendo qué es eso que debo aceptar y abrazar en mi, para poder relacionarme de una forma más plena con mi entorno.

Les comparto mi historia porque quizá alguien atraviese un proceso similar, y pueda servir de inspiración. Reencontrarse con la vida es maravilloso, dejar de pelear con ella y aceptar que todo es perfecto y es parte de un plan divino para lograr la completa armonía.

Gracias a Dios. Por tanto y por todo.

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