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Home » Artículos » Mucho cuidado con el anti-yo interno

Mucho cuidado con el anti-yo interno

Por Francisco de Sales.- En mi opinión, tal vez no somos muy conscientes de esos “enemigos” internos que todos llevamos incrustados, como una especie de ANTI-YO cuya misión fuese boicotearnos continuamente recurriendo a armas tan poderosas como son la falta de Autoestima, la ausencia de Amor Propio, los miedos, los complejos, las dudas, el temor al fracaso, etc.

Ese ANTI-YO, puede ser la suma de todos los pequeños yoes que nos torpedean con sus trabas, como ese al que llamamos yo-inseguro, el que conocemos como yo-inmaduro, el yo-asustado, el yo-perezoso, el yo-inconsciente, el yo-crítico, el yo-irresponsable, etc.

Cada uno tiene sus propios enemigos internos y le será muy conveniente descubrirlos… y deshacerse de ellos. Ya sabemos que el problema grave y principal es que ese ANTI-YO trabaja sigilosamente, desde el inconsciente, y sólo una persona que esté muy atenta a sí misma es capaz de darse cuenta y comprobar qué hace, qué dice, qué piensa, o cuándo actúa por su propia voluntad, en una decisión personal adecuada al momento, o cuándo es un inconsciente, asustado y perdido, quien toma el mando convirtiéndonos en víctimas de nosotros mismos.

El Ser Humano tiende a ser víctima de una voz crítica interior que, generalmente, no es benevolente y sí excesivamente rígida, dura, injusta y autoexigente. Es común tener el sentimiento escondido de ser un poco fraude y es habitual valorarse por debajo de la que sería la tasación correcta. Y ese sentimiento nos divide en dos: quienes queremos ser y quienes pensamos –erróneamente en muchos casos- que somos. Una parte se auto-acepte y la otra se auto-rechaza.

Esa voz crítica –a la que hay que escuchar por si tiene razón- pero no creer siempre sin más-, nos hace dudar de nuestra propia valía, de la capacidad de acertar en las decisiones, de si estamos llevando bien nuestra vida. Y no es una voz amiga de alguien que nos quiere ayudar, sino que es la voz acusadora que parece regodearse en mostrarnos amplificados nuestros errores y defectos.

En esa situación, desesperada y desesperante, uno puede llegar a preguntarse por qué se odia a sí mismo, porqué esa falta de amor o de respeto, por qué tanta crueldad innecesaria, por qué esa tendencia a magnificar el lado menos agradable de uno.
Tal vez esa costumbre de engordar lo que va en nuestra contra la vengamos arrastrando desde la infancia. Conviene revisar el concepto de nosotros mismos que nos trasmitían los padres y educadores. Si con sus palabras o sus desatenciones o sus desprecios directos nos hicieron creer que no éramos importantes, que no valíamos, que éramos torpes, es casi seguro que seguiremos llevándolo arraigado de tal modo que se haya convertido en una creencia firme y que la acatemos sin ser conscientes de toda la problemática que eso nos acarrea amargándonos una parte de la vida y del modo de vivir esa vida.

Si en la infancia nos hacían callar a menudo, nos castigaban con asiduidad, despreciaban nuestras ideas, o nos obligaban a estar quietos en un sitio, eso ha podido inculcarnos –por deducción de aquel niño que no tenía un  criterio ecuánime de adulto- la idea de que somos una molestia, de que no valemos, de que somos malos. Esto se puede reflejar en la actualidad en personas carentes de asertividad, sin una personalidad sólida, con una Autoestima tambaleante, y con una tendencia a ser sumisos en la relación con los otros y a valorarles más a ellos y a sus conocimientos/ideas.

Todo lo que introdujeron en nuestra mente nos sigue afectando desde esa creencia –si no ha sido cuestionada y actualizada- así que podemos estar internamente convencidos –aunque no lo mostremos- que somos inútiles, vagos, poco atractivos, torpes, que no valemos…

Ese crítico interior, al que le hemos otorgado todos los poderes sobre nosotros y sobre nuestra vida, es el enemigo principal. Y si todas las opiniones sobre nosotros y nuestros actos son negativas, es evidente que nuestras actuaciones irán en esa misma línea. Y si nos halagan desde fuera, o nos quieren, eso se recibirá con recelo porque no hay un convencimiento interno que nos haga creernos merecedores de esas cosas buenas que se contraponen a la idea interna negativa.

En estos casos conviene enfrentarse a ese crítico interior, mejor con la colaboración de un profesional, o bien a través de un Proceso serio y profundo de Autoconocimiento y Desarrollo Personal, en el que implicación sea absoluta y el deseo de descubrir para mejorar sea incansable.

Hay que reconocer el origen de esos pensamientos tan críticos para hablar con ellos/con uno mismo de un modo compasivo, conciliador y realista; también es necesario comprobar qué se está repitiendo o copiando –sin darse cuenta conscientemente- de las figuras que han podido afectar negativamente durante la educación infantil, y mirar en qué áreas de nuestra vida nos está afectando, para salir de ese círculo vicioso.

Para poder dar los pasos finales, habría que redactar un nuevo Plan de Vida, quizás actualizar la Escala de Valores, revisar los Principios Morales y Personales, los ideales y las aspiraciones. Salir del círculo y marcar la línea recta por la que uno quiere transitar.

Este es el modo de hacer desaparecer ese ANTI-YO y acabar con las críticas internas y los boicots.

Te dejo con tus reflexiones…

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