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Navidad por siempre

estrella-de-belen-2Por Angélica Rodríguez.- “La Navidad no se trata de abrir regalos, se trata de abrir nuestros corazones”.

Independientemente de la religión que profesemos o de que lo hagamos o no, creo que la Navidad es una época que nos llega a todos. Algo así como el Mundial de Futbol, y discúlpenme los más conservadores por la comparación, pero es que aunque no te guste ese deporte y en tu vida te sientes a ver un partido por la televisión, es imposible sustraerse al ambiente y la pasión que se sucede cada cuatro años.

Así siento pasa con la Navidad. Hasta a los más grinch… las luces, decoraciones, el arbolito, las posadas, los regalos, las reuniones, el frillito, la comida, las pláticas, las visitas, las vacaciones, el relajamiento en general de la rutina… pero algo nos toca, nos llega, en mayor o menor medida.

Para algunos realmente es una época llena de unión familiar, de reencuentros, de quietud, de fraternidad; para otros, sobre todo los niños, es la oportunidad de pedir algo añorado durante todo el año, teniendo casi la certeza de que nuestros deseos se cumplirán. Recuerdo cuando era pequeña, apenas sería febrero o marzo, y si pedía algún juguete o regalo, la respuesta era “pórtate bien y pídeselo a Santa”. Jajaja

A muchos, muchos años de distancia, el significado cambia, no porque haya cambiado algo allá afuera, no, sino acá, adentro. La edad, las experiencias, la vida me han acercado un poco más a ese niño Dios que está por nacer, pero más allá de verlo recostado en un pesebre, mi propósito, mi sentir esta vez, es que nazca en mi corazón.

Creyentes o no, católicos o no, nadie deberíamos perdernos esta maravillosa oportunidad de reconocer en la Navidad un momento ideal para asomarnos a nuestro interior; a mirar por el ojo de la cerradura de nuestra alma y observar qué hay adentro. Buscar ser honestos y honrados con nosotros mismos y, sin juicio, revisar qué quiero conservar de eso para el próximo año y a qué necesito decirle adiós y soltar con total desapego.

En lo personal, seguramente es la edad, pero cada vez es menos mi agobio por estrenar ropa, zapatos o comprar por el sólo hecho de hacerlo; agradezco todas las invitaciones que se me hacen para convivios y festejos, pero ya no me siento obligada a cumplir en todos lados, a costa de mi descanso o tranquilidad; los regalos han sido empacados desde otra energía, la de “estoy contigo”, “te quiero”, “me importas”, y no sólo la de cumplir con un intercambio.

No niego que hay momentos en que la nostalgia me visita para hacerme recordar lo que pudo ser y no fue, quienes hoy ya no están, o los planes que no llegaron a realizarse… pero me cacho, y sonrío, respiro hondo, volteo a mi alrededor, y digo para mis adentros: “Gracias, gracias, gracias” por estar aquí, así, exactamente donde y con quien estoy, por poder celebrar una Noche Buena más con salud, con mi familia, y en casa.

Pero ¿por qué reducirla a una sola temporada? La Navidad no es sólo una fecha para celebrar, es un estado en el que podemos sintonizar y quedarnos así para los días que nos sobrevienen. La paz, la felicidad y el amor no son exclusivos de estos tiempos, pero sí podemos aprovechar su ímpetu para alojarlos en el corazón, elevar nuestro sentido de la espiritualidad a otro nivel de consciencia, donde cada quien desde su perspectiva personal integre a su vida la solidaridad, la fraternidad, la compasión, el perdón, la misericordia, y el respeto al sentir de los demás.

No es sólo diciembre cuando podemos recordar que somos parte de un todo, que somos hermanos, hijos del mismo Dios (cualquiera que sea el nombre que se le dé), pero sí puede ser el pretexto perfecto para conectar con nosotros mismos y mantenernos ahí. Reflexionar sobre todo aquello que nos acerque más al verdadero sentido de la Navidad: la gratitud, la generosidad y el aprecio por la vida.

Mi más sincero deseo es que fuera de fechas, tiempos y épocas, vivamos un nuevo despertar en nuestra conciencia, el perdón libere nuestra alma y el espíritu de la Navidad renazca en nuestro corazón, y permanezca ahí para siempre.

Bendiciones, AR.

Por Angélica Rodríguez
@angiemzt
@seryconsciencia
vivirdecorazon.mx@gmail.com

 

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