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Home » Artículos » Otras madres

Otras madres

Por Mª Laura Martínez Ramírez.- A estas alturas es indudable lo mucho que se ha conseguido en cuanto a la liberación de la mujer en aspectos políticos y civiles. Podemos decir que las cosas marchan: igualdad en el trabajo y el salario, derechos laborales, facilidades para poder  conciliar la vida familiar…

Pero hay cosas que no son tan externas, que entran en el campo de lo psicológico social y se ven menos, pero que son causa de mucho sufrimiento. Me estoy fijando en estos momentos al estereotipo dominante de madre amantísima, la que tiene como mayor anhelo el cuidado de sus hijos, que socialmente se muestra  como modelo perfecto a conseguir por todas aquellas mujeres que quieran llegar a serlo.

Al igual que se ha ido aceptando que dentro de cada ser humano hay una parte masculina y otra femenina que en cada uno operan en proporciones diferentes, y muy relacionado con lo anterior, se asumen las diversas identidades de género, adaptándose la sociedad a ello, siendo comprensivos y respetuosos con el sentirse de cada uno. Entiendo que no ocurre lo mismo dentro de la identidad de madre, que a mi modo de ver está estancada en un tabú, la del arquetipo Deméter de la santa madre, comprensiva y abnegada hacia sus hijos, sin más vida que la de ellos. Todos recordamos imágenes en películas y textos literarios de estas madres, siempre prontas y deseosas a realizar comidas familiares y de mantenerlos a todos junto a ella, como los polluelos, el mayor tiempo posible, las que da abrazos y dice frases cariñosas, la que cuida cariñosa llevando la leche caliente a la cama, o manteniéndose al lado hasta que remite la fiebre, la que espera pegada al teléfono a que la llamen diciendo que han llegado bien…

Esto estaría bien si todas las madres tuvieran solo ese arquetipo, el de madre Deméter, pero por desgracia para ellas en la actual sociedad, hay muchas  en los que pueden primar  otros arquetipos, el de seductora, musa o sacerdotisa  por ejemplo, y cuando estas se muestran tal como  sienten,  son criticadas y se llenan de culpa.

Pero si hemos pactado con nuestros padres antes del nacimiento, todo debería ser correcto. Cada cual tendría la madre y el padre que le son convenientes. Luego, creo necesario que empecemos a hacernos conscientes de esto y no juzgar tanto a la que no cumple con el canon. Porque si ella se reprime, disimula, adopta roles que no le nacen, no será feliz ni podrá hacer feliz a otros.

Creo que es hora de reivindicar el derecho a ser uno mismo en todos los campos porque no hay una mejor manera de hacer las cosas, todo depende del flujo de la vida y como uno se adapta a ese flujo en ese momento y en esa situación particular, demasiadas películas con culpabilidad hacia los padres, demasiada psicología de la justificación y muy poco de aceptación, de tolerancia, de creatividad, de flujo y de buscar lo bueno en todo lo que se tiene.

Dejando de lado situaciones patológicas, habría que preguntarse por qué  un arquetipo tiene que ser mejor que otro. Puede que ese niño necesite el modelo de Artemisa que siempre obedece a su propia naturaleza, que le mostrará como vivir desde nuestra verdad , o el de Atenea para resolver las batallas de la vida con técnicas y estrategias de  perspicacia práctica, tal vez de Perséfone, que vive los movimientos internos de su psique como algo fundamentalmente satisfactorio, quizás la inspiración  de Vesta que puede vivir en soledad aceptando de cada situación vivida su lección espiritual, aprendiendo así a trascender el mundo. Una madre con la energía magnética de Afrodita que abre el corazón al amor, al cambio, a la belleza puede aportar mucho arraigo y amor por la  vida. De todas, hoy me quedo con el arquetipo de Medea, esa madre capaz de matar en el sentido simbólico, de destruir sacando todo el coraje una relación que no les hace crecer a ninguno, o de expulsar psicológicamente a sus hijos cuando entiende que tienen que liberarse de ella para poder volar solos, que sabe renunciar incluso al amor de ellos si sabe que con eso aprenderán una lección importante ¡Que poco comprendidas son esas madre!

Creo que las mujeres han de ir al rescate psicológico de ellas mismas, reconociendo su arquetipo y aceptándolo, para que puedan nacer el ser lleno de alegría y luz que son, dejando la culpabilidad que genera el yugo de intentar solo ser madres de arquetipo Deméter, y confiar en que todo está bien, vivir como sienta alegría y estar abiertas a que en un futuro, ese arquetipo dominante evolucione a otro y también vivirlo y… otro quizás… Obedeciéndose a sí mismas, seguir y seguir danzando la danza de la vida.

 

 

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