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Home » Artículos » Pensando a largo plazo

Pensando a largo plazo

Por Nuria Velasco.- Uno de las limitaciones mayores a las que nos enfrentamos con nuestro sistema de pensamiento es que buscamos siempre el resultado a corto plazo. De hecho, mira a tu alrededor: el beneficio económico inmediato es lo que mueve el mundo y da igual las consecuencias a largo plazo en las personas o el medio ambiente. Estamos programados para obtener una recompensa inmediata. Pero no tenemos por qué seguir siendo esclavos de ese condicionamiento.

¿Qué es estar en el corto plazo? Imagina que estás dejando de fumar y te asaltan los pensamientos de “venga, el último cigarro, me lo fumo y ya mañana sí que lo hago bien”. A corto plazo obtienes el placer de fumar que es lo único que parece que importa, porque esos pensamientos nunca dicen: “recuerda cómo te sentirás después de fumar, otra vez habrás hecho lo que no querías”. ¿A que los pensamientos que nos hablan de la tentación ahora nunca nos hablan de sus consecuencias?

Ahora, imagina que hay algo en tu vida que llevas tiempo postergando, que sabes que quieres hacer pero nunca te pones, o que sí que te has puesto, muchas veces, pero nunca lo has hecho hasta el final: empezar la dieta, hacer ejercicio, ordenar los armarios, vaciar el trastero, etc. Lo que quieras. ¿Cuánto tiempo llevas diciendo que lo harás? Bien, sigue imaginando más allá en el tiempo: jamás lo harás, pero seguirás diciendo que lo harás aunque nunca lo acabarás haciendo. ¿Cómo te sientes ahora? ¿Cómo será tu vida? ¿Cómo te sentirás cuando te des cuenta de que nunca lo hiciste pero que te pasaste años soñándolo? ¿Qué vida tendrás si no lo haces? ¿Cómo sería esa vida si lo haces? ¿Qué ganarías y a qué renunciarías? Piensa a largo plazo: ¿quieres esa vida donde eso que quieres hacer no lo haces nunca?

Tienes que saber algo que nadie nos enseña en el cole: hay dos grandes motivadores para las personas. No somos muy complejos a ese nivel. Hacemos las cosas para evitar un dolor o para conseguir un placer. Esas dos palabras (dolor y placer) son generalizaciones. Dolor puede ser molestia, esfuerzo, vergüenza, etc. Y placer puede ser alegría, amor, sentirse bien con uno mismo… Cuando dices que vas a enviar ese mail que llevas evitando enviar una semana es porque te da pereza o porque hay que hacer un esfuerzo en enviarlo. Esa pereza o ese esfuerzo es dolor que quieres evitar sentir. Como hay más dolor que placer en hacerlo, no lo haces. Piensa en cualquier conducta o hábito que tengas que no te guste hacer pero que haces. Hay más dolor en no comerte eso que te gusta tanto pero que engorda tanto también, que placer en no comerlo. En el plazo corto de tiempo, como buscamos evitar dolor y obtener placer, nos comemos la pizza en vez de la ensalada.

Si el foco está en el plazo corto, sólo te moverás en esos parámetros de evitar dolor y obtener placer inmediato, de manera que estás muy limitado a la hora de poder elegir: elegirá tu hábito por ti. No hay libre albedrío ninguno cuando dejamos que opere nuestra vida un automatismo.

En ese mismo ejemplo de la pizza ¿cómo podemos elegir la ensalada? Pensando en corto plazo lo que obtenemos es dolor si la elegimos en vez de la pizza. Piensa en todas las veces que has podido elegir saludablemente y no lo has hecho. O en todos los cigarros que te has fumado porque no has podido evitar hacerlo. O en todas las veces que la pereza de pensar en salir a correr te superó de tal manera que no pudiste hacerlo. Ese enorme esfuerzo en hacer algo diferente a lo que dicta el automatismo es dolor, puro y duro. Veamos el largo plazo. ¿Qué pasó después de cada una de las veces que elegiste pizza en vez de ensalada? ¿Cómo te sentiste después? ¿Qué te dijiste a ti mismo? ¿Cómo te sientes después de cada vez que haces algo que no quieres hacer?

Fíjate bien en esto: el dolor que quisiste evitar…. ¡no lo evitaste!. Lo sentiste después. Es una trampa en la que siempre caemos. Pero podemos generar un nuevo automatismo que nos sirva a nuestro propósito.

Piensa en quién serás dentro de 6 meses, 1 año, cuando pase el tiempo suficiente en función a tu hábito. Si es adelgazar: piensa en quién serás si sigues esa dieta correctamente, cuando por fin logres estar en tu peso ideal, cuando puedas ponerte la ropa que te gusta y no la que te quepa, cuando ya no sea un problema para ti tu peso. Siente ahora cómo te sentirás cuando lo consigas por fin, cuando hayas hecho lo que te has propuesto, sin auto sabotajes, cuando dejes de pelearte contigo. Cuando te sientas a gusto con quien eres. Imaginate ese largo plazo y siente ahora mismo cómo te sentirás cuando seas esa persona. Persigue ese placer, persigue sentirte así. Utiliza ese nuevo estado interno para hacer el esfuerzo que requiere ahora elegir ensalada, sabiendo que al acabar el día te sentirás bien y no habrá dolor. Ese esfuerzo que tienes que hacer en cada momento, sé consciente que lo haces por obtener un placer mayor. Date cuenta que ese dolor es pasajero, no te quedes en esa queja, porque ahora persigues un objetivo maravilloso. Recuerda que ese dolor no se evita, aparecerá después, así que afróntalo ahora porque después te sentirás estupendamente contigo. Haz ese pequeño esfuerzo ahora y recoge todo un día de sentirte bien. Ya sabes qué tienes que hacer y cómo ayudarte a ti mismo.

Haz de esto un automatismo, refuerza ese estado interno sintiendo ese futuro maravilloso cada vez que puedas. Ilusiónate con esa posibilidad, por fin alcanzar tu objetivo, y úsalo todo el tiempo. Persigue sentirte bien a largo plazo y no la recompensa inmediata. Cuantas más veces lo hagas, más se grabará en tu sistema y más se afianzará el hábito de superar el dolor pasajero por un placer a largo plazo.

Cuanto más lo hagas, más fácil te será hacerlo.

Piensa a largo plazo y conseguirás lo que te propongas.

Nuria Velasco

www.tulibrodelavida.com

 

 

 

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