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Home » Artículos » Piedras en el tejado

Piedras en el tejado

Por José Antonio Cordero.- Vestirse bien para salir a la calle no es para gustarse a si mismo, porque luego no vamos mirándonos. Afeitarse y peinarse no es para irnos mirando por la calle. Hemos aprendido desde pequeño la importancia de dar una adecuada imagen. Incluso la persona que le gusta romper los moldes sociales le agrada aquello que hace y sabe que no pasará desapercibido. Se hagan las cosas con el gusto que sea, siempre hay un gusto particular y un orgullo propio que no está exento de rechazar alabanzas.

Cuidarse es una forma de quererse, descuidar la propia imagen no es en realidad un acto que afecte gravemente, porque en Himalayas y otros lugares podemos encontrar a personas que casi van sin ropa y no se han peinado en tiempo, sin embargo hacen algo tan importante como ir moldeando su capacidad interior, abrir sus mentes y corazones a experiencias inmensas de felicidad y gozo, y disfrutan del éxtasis del conocimiento y muchas cosas que son difíciles de ver en el dorado espejo de casa.

El hábito no hace al monje, cierto; el traje no hace a la persona. Ni los maquillajes cambian la personalidad, solo afecta al ‘actor’ de turno por un tiempo corto. Ciertamente hay mucho teatro ambulante por las calles. Sí, hay muchas sonrisas falsas como miradas seductoras y fantasiosas. Pero lo que uno hace para sí mismo es algo personal e intransferible, aunque los descuidos personales afectan al colectivo donde se trabaja y mucho más en el hogar. Ser remolque de la maquinaria social no es aconsejable, en ocasiones se puede ser estorbo. Cambiar estos estados depresivos es posible, siempre y cuando nos encontremos con personas de buen corazón.

El hambre se puede quitar, el abandono personal también. Es fácil. Pero ‘el h(j)arto de pan’ no se sacia porque no quiere, sus ansías le pueden.

¿Por qué profesores que han enseñado en países avanzados y en ciudades subdesarrolladas de África prefieren educar a niños que pasan hambre y no tienen ni zapatos? Porque estos niños tienen ganas de aprender, de crecer y evolucionar. Así que es mejor que no hablemos de los estudiantes móvil izados hacia ¿…?

Pintarse los ojos para mirar con odio a los demás, afeitarse la barba y luego usar la navaja contra otros, vestirse bien para empobrecer a otros; es pura torpeza, porque eso es tirar piedras sobre el propio tejado. Esto sí que es grave. Jugar a quererse a sí mismo y luego destruir a quien no se quiere es muy involutivo, un juego peligroso.

Crear odio, promover luchas, guerras, peleas familiares… esto es karma, algo que vuelve siempre, tarde o temprano, en esta en la próximas vida.

Cuidar el aspecto externo para agradar a los demás, y luego lanzar misiles por la boca o crear confrontaciones es un descuido a lamentar.

Poca cabeza se tiene cuando se crea odio. Poner suelos de mármol y escaleras de oro y seguir acumulando piedras en el tejado caerán sobre todas las riquezas.

Es lamentable que los hijos o miembros de la familia sean adiestrados por los padres a repudiar a otros, a contestar con zascas dañinos, y decirles ‘toma eso’, es maleducar. Eso queda grabado en los hijos y lo sufrirán como karma familiar. Es lamentable que los estudiantes reciban una educación basada en el conflicto y en la lucha violenta, en la defensa de la patria con malas formas, ellos sufrirán el karma nacional o regional. Así es como las riquezas nacionales se pierden como sacos rotos.

La educación debe partir de personas educadas, porque los demás al cargo sufrirán las consecuencias de tales carencias educativas. Un titulo universitario no equivale a ser titular de una buena educación. Los grandes atracos y robos vienen haciéndolos los ejecutivos y no los analfabetos.

Educar es la capacidad de sacar, de extraer, al nivel consciente la inmensa sabiduría, inteligencia y creatividad que tiene cada persona. Educar no es meter información para formarlos a la imagen y semejanza de quién sabe dónde y qué tonta ideología aprendió.

Enseñar ciencia es para satisfacer la demanda de conocimientos que tiene la persona abierta al campo infinito de sabiduría que habita en la conciencia pura. Para educar bien primer hay que abrirse al campo de la Conciencia Pura y luego dosificar las ciencias.

Es aconsejable cuidar el lenguaje. Hay venenos que salen, atacan, hieren o matan. Pero ese veneno lanzado no desaparece en el afectado, volverá a quien lo lanzó. Esa es la ley del karma, una ley de la naturaleza que no fue creada para castigar, sino todo lo contrario, para que pongamos completamente la atención en saber sembrar. La cosecha vendrá sola.

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