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¿Qué es el alma?

Por Salvador Sánchez.- Absolutamente todo es movimiento, tiempo y existencia a la vez. Por lo tanto todo es un absoluto orden dinámico evolutivo universal porque todo evoluciona conforme a ese inseparable orden dinámico universal compuesto por más de lo mismo: dinamismo, tiempo y existencia.

Teniendo en cuenta que todo lo dicho es una absoluta verdad, todo es un absoluto orden que no puede dejar de evolucionar porque eso sería dejar de moverse todo, por tanto dejar de existir todo. Con lo cual ese orden universal es una jerarquía universal, porque orden es jerarquía. Y eso quiere decir, que inevitablemente también existe una jerarquía compuesta por las existencias dinámicas más pequeñas posibles. No hay duda de eso, porque todo es orden, o llámese jerarquía. Y eso es un descubrimiento fabuloso, porque eso demuestra que esa jerarquía compuesta de las existencias dinámicas más pequeñas posibles existen, y gracias a ello han podido agruparse evolutivamente cada vez más hasta crear una jerarquía universal cada vez más evolutiva que inevitablemente posibilitaría evolutivamente la jerarquía viviente. Eso era inevitable que sucediese, ya que el orden universal estaba destinado a evolucionar sin fin como orden transformativo que es.

Una vez creada esa jerarquía universal evolutivamente sólo le hacía falta dar un inevitable pequeño paso evolutivo para poder ser jerarquía viviente, y ese paso era evolucionar en la materia blanda, pudiendo así originar una jerarquía viviente unida a la jerarquía universal. Ese paso era inevitable porque era un paso evolutivo jerárquico inducido por el orden evolutivo universal que estaba destinado a evolucionar sin fin, porque sino dejaría de existir el universo. A través de una recién creada jerarquía energética oculta en la materia blanda, evolutiva e inevitablemente surgió el origen de una jerarquía  viviente, sin dejar de pertenecer a la jerarquía del orden universal.

Evolutivamente para poder hacer realidad una verdadera jerarquía viviente, la jerarquía universal tuvo que continuar evolucionando como jerarquía en la materia, enlazándose jerárquicamente a través de energías desde lo más pequeño posible, originando existencias dinámicas físicas muy pequeñas que todavía no eran vida; pero ya se estaban germinando evolutiva jerárquicamente los primeros comienzos de una jerarquía viviente todavía muy poco evolutiva. Ya se estaba germinando unas especies de memorias o psiquismos, o almas, aún poco evolutivos, en esas pequeñas existencias, con el fin de no perder esa unión jerárquica con la jerarquía universal. Evolutivamente con el tiempo esa recién creada jerarquía viviente oculta en la materia blanda se tuvo que dividir en existencias individuales microscópicas llamadas vidas, lo cual lógicamente, eso obligaría a que cada vida  desarrollase unas memorias individuales cada vez más evolucionadas, para que las propias vidas pudiesen decidir y valerse por si mismas. De esos principios microscópicos nacería el psiquismo individual, la inteligencia, o llámese yo psíquico o alma; sin dejar de pertenecer a la jerarquía viviente y a su vez a la jerarquía universal. Lógicamente la jerarquía viviente evolucionaría cada vez más, evolucionando así las sensaciones y sus correspondientes formas de vida; y como no la inteligencia y el alma. Pero como la jerarquía viviente es una jerarquía unida a la jerarquía universal, a través de la evolución inteligente humana evolucionaría el yo psíquico humano y su correspondiente alma, con lo cual la jerarquía universal también evolucionaría transformándose cada vez más en una cada vez más evolucionada jerarquía de almas.

No se trata de creer o no creer, es que las almas pertenecen a una jerarquía universal (me refiero a todas las infinidades de almas de todas las vidas que existen en todo el universo), son inmortales porque la existencia dinámica no muere nunca, se transforma, y las almas son un compuesto de existencias dinámicas pertenecientes a una jerarquía dinámica. Por eso las vidas mueren, porque son inevitables transformaciones físicas, pero sus yos psíquicos, o almas, no pueden morir porque pertenecen a una jerarquía dinámica universal, y el dinamismo nunca muere. En realidad nada muere todo evoluciona (se transforma), por eso la materia de cada vida no podía mantenerse siempre igual, necesitaba renovarse en otra vida, y como las vidas pertenecen a una jerarquía, la propia jerarquía universal ha tenido en cuenta evolutivamente eso.

Con lo cual, esa evolución sin fin del propio orden universal inevitablemente indujo a crear una jerarquía energética de lo más pequeño posible, porque lo más pequeño posible es lo primero que se encuentra la evolución, por tanto es lo más fácil de evolucionar o transformar. Por tanto, crear una jerarquía dinámica de lo más pequeño posible en un orden universal era inevitable y fundamental.

Esa jerarquía universal, para poder evolucionar y funcionar cada vez más y mejor, evolutivamente induciría a que dichas individualidades dinámicas se uniesen formando innumerables inseparables composiciones dinámicas más o menos densas. Componiendo  con ello existencias dinámicas con una gran memoria energética, aunque fuesen existencias dinámicas muy pequeñas. De esa manera, cada una de esas existencias dinámicas compuestas adquirieron su indestructible yo memorístico dentro de una gran jerarquía universal. Eso no significa que el orden universal buscase formar una jerarquía universal, es que el universo es una jerarquía, con lo cual estaba obligado a crear una jerarquía de lo más pequeño posible cada vez más evolutiva, que inevitablemente llegaría a crear una jerarquía viviente.

Pero todavía, cada uno de esos yos de la jerarquía universal, aunque formasen parte de una gran jerarquía universal, no poseían una inteligencia como la viviente. Para ello necesitaban crear la vida mediante una jerarquía viviente; y a través de ella dominar la materia, sentir, sufrir, aprender, vivir, etc., etc. Y para que todo eso fuese posible, se necesitaba una jerarquía viviente con sus correspondientes  individualidades vivientes materiales, libres para poder moverse y decidir, y que con sus constantes necesidades y decisiones vivientes desarrollasen un psiquismo cada vez más evolucionado (o sea unas memorias cada vez más adaptativas con la posibilidad de evolucionar  cada vez más mediante las experiencias vivientes). Todo eso se conseguiría mediante una constante evolución de las jerarquías energéticas universales transmitiendo su evolución en la materia blanda (o sea en la materia mediante el agua), en los lugares correspondientes para la vida. Y de ahí surgiría inevitablemente el origen de la jerarquía viviente, surgiría en todos los lugares universales adecuados para la vida, y si no existiesen esos lugares,  evolutivamente se crearían porque eso era una tendencia evolutiva del propio orden universal.

Pero la jerarquía viviente no significaba que surgiesen dos jerarquías separadas, la de la vida en general y la del ser humano. Sólo surgiría una jerarquía viviente y su evolución constante, lo cual obligaba a que sólo una especie viviente pudiese evolucionar psíquicamente sin fin, gracias a que evolutiva jerárquicamente la jerarquía viviente estaba jerárquicamente destinada a sostener esa evolución. De esa evolución jerárquica viviente enlazada evolutivamente con la jerarquía universal nació la inteligencia viviente, que consistiría en el desarrollo psíquico sin fin de la jerarquía universal a través del desarrollo psíquico humano.

Los yos psíquicos vivientes, individualmente, mediante las reencarnaciones no podían morir porque eran yos psíquicos energéticos, o almas, que como yos individuales que eran ocupaban un espacio dinámico propio que era su yo, o alma. Las cuales sólo podían destruirse transformativamente transformándose en otro yo, o alma más evolutiva,  a través de la jerarquía energética universal; ocupando cada yo, o alma, energéticamente el lugar jerárquico que le correspondiese. Esos enlaces en forma de energía llamadas almas, evolucionaron en seres espirituales.

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