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Home » Artículos » Sé amable contigo mismo

Sé amable contigo mismo

Por Francisco de Sales.- Lo confieso: llevo desde 1988 interesado en mi propio desarrollo personal y para ello estudié cuanto pude de todo lo relacionado con ello, muy intensamente, con mucha profundidad. Desde entonces estoy muy interesado en todo lo relacionado con el ser humano. He hablado con cientos de personas de sus problemas, de sus sentimientos, de su vida. He dado cursos sobre cómo mejorar la autoestima y tengo escrito un libro sobre el tema. Habré escrito ya unos 300 artículos sobre cómo vivir, he tenido cientos de conversaciones con personas que estaban desanimadas, desesperanzadas, deprimidas, hundidas… todo esto es una parte de mi Currículum.

Me considero capacitado para entender que cada uno es como es, que cada persona tiene su propia escala de valores y que hay que respetarla, que en los momentos de depresión o pseudo-depresión son bastante difíciles de controlar los pensamientos y los sentimientos, que la falta de autoestima es uno de los principales enemigos de las personas; comprendo todas las actitudes, las acciones y las circunstancias de cada ser humano…pues a pesar de todo eso, cada vez que me encuentro con una persona que no se ama, que ni siquiera se quiere, que no se acepta, que no es capaz de convivir consigo misma bien o en armonía, o por lo menos con respeto, me rebelo. Más aún, me siento indignado.

Comprendo casi todo… menos esto.

Es que tengo un concepto tan alto de la dignidad personal, y tal respeto por el amor propio, que me opongo hasta en el pensamiento a aceptar que uno no se quiera a sí mismo, que uno no se perdone, que uno no se comprenda en sus equivocaciones, que uno se convierta en el más encarnizado de sus enemigos.

Uno Mismo es lo único que cada uno tiene. Uno sólo se tiene a sí mismo, aunque haya más gente acompañándole, a su alrededor o en su familia.

Uno Mismo es su único compañero de viaje desde que comenzó en la vida y el único que se puede garantizar que acompañará hasta el final.

La vida siempre es uno solo acompañado en ciertos momentos por ciertas personas.

Uno es su única posesión, su única cosa segura, y debiera ser su propio incondicional aliado.

A veces, en conversaciones con personas muy racionales -pero que no se quieren- tengo que recurrir a la lógica más interesada: les hago ver que, aunque sólo sea por interés, a uno le interesa llevarse bien consigo mismo.

Es que eso de levantarse por la mañana y levantarse con su enemigo puesto… Es que eso de no dignarse en mirarse a los ojos en el espejo… Es que eso de estar con una cara seria continuamente… Es que eso de estar reprochándose por todo, echándose en cara todo… Es que eso de ser el propio Inquisidor torturador… Es que eso de no querer reconocerse con humanidad en sus flaquezas cruelmente exageradas…

Hay cosas que me cuesta terminar de aceptar. Y ya sé que no es lo adecuado.  Lo sé. Cada uno es como es, y algunos permiten sumisamente que les afecten sus circunstancias sin rebelarse. Lo sé.

Pero me parece tan injusto y tan inhumano.

Eso de que cuando uno, debido a su falta de preparación e inexperiencia en la vida –y la inmensa mayoría de las veces no es culpa de uno-, comete un “error” eso sea el inicio de una retahíla de reproches y de una avalancha de amonestaciones, es del todo injusto. En esos casos uno se exige a sí mismo como si fuera un experto cuando, en realidad, no sabe porque no le han enseñado.

Cuando uno se equivoca, el dolor o la desazón que se producen hay que vivirlos, sí, pero solamente en su justa intensidad y en la brevedad de su tiempo natural de manifestación. Tanto la felicidad como el dolor o la desazón nos van construyendo como personas, por tanto son cosas beneficiosas, pero solamente hasta su propia extinción natural, que es rápida. En cambio, hay quien insiste en perpetuarlos, en hacerse adicto al sufrimiento como un castigo innecesario autoimpuesto.

Con ello solamente se logra acrecentar la distancia y la enemistad que existen entre uno y uno mismo. Y cada reproche o cada injusticia que se acumula contra sí mismo se convierten en un nuevo desencuentro, en otro paso más de alejamiento y otra minusvaloración que dificultan que se mantenga el interés en recuperar el amor propio.

Mientras menos se quiera uno, menos se quiere. Y no es solamente una perogrullada: es la más dura de las realidades. Si uno no se propone seriamente acercase a sí mismo hoy, mañana será más complicado porque estará más lejos. Cuanto menos se quiere uno con mayor persistencia se impone la creencia en que uno no se merece ser querido.

Creo que por respeto a la dignidad personal, o sea, por respeto al Uno Mismo que somos, se impone, por amor propio en primera instancia, y por obligatoriedad en el caso de que no sea por amor, una relación personal de respeto, en primer lugar, de comprensión de la historia de cada uno, en segundo lugar, y de la aceptación comprensiva de que uno es la materia prima sobre la que se ha de construir o reconstruir una excelente persona. Y sin aceptar menos que eso.

Por favor, por amor, por Dios, lo pido por quien sea: que nunca una persona se deje de querer, que nunca se pierda a sí misma el respeto, que nunca desaparezca la dignidad.

Te dejo con tus reflexiones…

 

 

 

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