Australia inició su desescalada, tras la pandemia, a principios de Junio y, los activistas, han aprovechado la libertad para manifestarse contra la deforestación.
Cada día, docenas de manifestantes llegan al bosque primario de Nueva Gales del Sur, que está alarmantemente amenazado por la tala. “Protestamos porque, de no hacerlo, nuestro patrimonio cultural será destruido. Nuestros árboles centenarios serán talados, se extinguirá la rara flora que tenemos y nuestros koalas, en peligro de extinción, no tendrán a donde ir”, son las palabras del grupo aborigen que lo habita, cuyos ancestros han vivido ahí durante miles y miles de años.
Ya se ha presentado una demanda contra la corporación responsable de la tala, que planea destruir más de 140.000 hectáreas de tierras forestales. Los manifestantes denuncian, además, el aprovechamiento del aislamiento para comenzar con esta labor y que así nadie pudiera salir a protestar.
Los aborígenes seguirán luchando, ya que, como ellos mismos verbalizan: “el bosque es parte integral de nuestra historia e identidad. Tenemos una conexión muy especial con esta tierra”.