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Ser proactivo versus ser reactivo

Por Francisco Menchén Bellón.- Vivimos tiempos de incertidumbre, en un contexto globalizado y de cambio de paradigma. Ante estas circunstancias tan evidentes, tenemos que ofrecer a las nuevas generaciones de estudiantes una explicación clara de cómo caminar por estos caminos inseguros, para que puedan enfrentarse en el futuro, a la realidad cambiante que se avecina.

Nuestra intención es ayudar al docente a contemplar el valor de la autoconsciencia, la responsabilidad personal y la libertad interior. Por tal motivo, nos hemos abiertos a compartir y explorar las diferencias entre ser proactivo y ser reactivo, sabiendo que el aprendizaje depende, en gran medida, de las experiencias que vive cada alumno y cada alumna.

La proactividad es una actitud en la que el sujeto asume el pleno control de su conducta, lo que implica la toma de iniciativa de acciones creativas, con el objeto de generar mejoras, haciendo prevalecer la libertad de elección sobre las circunstancias de la vida; no significa sólo iniciar un proyecto, sino asumir también la responsabilidad de hacer las cosas y decidir en cada momento qué queremos hacer y cómo lo vamos a hacer.

La reactividad es una actitud que nos exime de la responsabilidad de nuestros actos; solo encontramos excusas para justificar la forma de ser o de actuar. No tienen la libertad de elegir sus propias acciones y, se ven afectadas por las circunstancias, las condiciones y el ambiente social. Centran sus esfuerzos en los defectos de otras personas, en los problemas del medio y en las circunstancias sobre las que no tienen ningún control.

Ser proactivo significa que, como seres humanos, somos responsables de nuestra propia vida. Nuestra conducta es una función de nuestras experiencias y decisiones, no de nuestras condiciones. Podemos subordinar nuestros impulsos y sentimientos a los valores. Tenemos la iniciativa y la responsabilidad de hacer que las cosas sucedan. Soy lo que soy como consecuencia de mis elecciones.

Ser reactivo significa construir la vida impulsada por sentimientos, por las condiciones y por el ambiente. Se ve a sí mismo como alguien sin iniciativa propia y que sufre las consecuencias de circunstancias externas. Tiende a quejarse y no reconocer su contribución ante los problemas. Esta conducta típica suele intoxicar la cultura de las organizaciones, los equipos de trabajo y también a la familia.

En tiempos de crisis, como ha ocurrido con el coronavirus, hemos tenido que poner a prueba nuestros conocimientos, nuestra paciencia, nuestras habilidades, así como nuestra relación con la tecnología, y, en definitiva, nuestra capacidad creativa para lidiar con la Covid 19. Es cierto que, para las nuevas generaciones, no todo ha sido adverso. En muchos casos ha existido una oportunidad de reorganizar y reaprehender otras maneras de crear y ser proactivo. ante una situación tan desconocida e inesperada. Estoy convencido del poder de la creatividad que, suele aparecer en los momentos más difíciles y en los espacios más remotos. Y esta pandemia mundial lo ha puesto a prueba.

Un rasgo importante que deben dominar las nuevas generaciones de alumnos y alumnas es conocer el perfil de este dicotómico modelo de conducta que se refleja como sigue:

  • El enfoque proactivo se preocupa de controlar nuestra vida y de influir en las circunstancias a partir del SER: Ser más creativo, más cooperativo, más ingenioso… Se trata de vivir el presente y trabajar nuestro interior sobre lo que somos. Lo esencial de este estilo de vida es vivir en armonía con los principios de nuestra naturaleza humana.
  • El enfoque reactivo se considera víctima y pone su foco de atención en TENER; tener más cosas, más recursos, más medios… ; no vive en el presente y reacciona a todo lo que sucede sin ningún tipo de criterio y actúan inconscientemente. Adoptan una actitud pasiva y no tienen iniciativas para solucionar los problemas.

Las personas proactivas se mueven por sus propios valores. Las personas reactivas reaccionan de forma automática ante los estímulos del exterior. Hay que saber que según sea tu manera de actuar así serán los efectos: podrán ser positivos o negativos, es decir, sentirás que estás avanzando o que estás estancado. Cuando un estudiante es proactivo asume la responsabilidad al marcar la intención y la dirección a la que se dirige, mientras que, el estudiante reactivo se exime de su obligación y no tiene ningún control de su propio destino.

Es urgente transformar nuestro estado mental y dejar de ser máquinas reactivas. La escuela del futuro ha de ser proactiva, creativa y transformadora y, formar al ser, desde el saber, para el saber hacer, desarrollando la capacidad de pensar, sentir y actuar. Lo más importante de la educación transformadora es llegar a la acción y para ello, se requiere una disciplina, una intención y una constancia; es decir, ser proactivo.

La liturgia que hemos de incorporar para el futuro debe encaminarse hacia una educación para la vida, donde predomine el autoconocimiento, la autorreflexión y la convivencia feliz, lo que significará, una reconstrucción del sistema educativo y una reeducación importante de los educadores. Para que fluya la creatividad es necesario que el alumno sea proactivo, en lugar de ser marioneta de sus sentimientos, y tener un propósito de vida que sirva para mejorar el estado del Ser, descubrir cómo debe ser el comportamiento y las relaciones con los demás y cómo ha de evolucionar, sin hacer ningún tipo de comparación.

En momentos de incertidumbre debemos estar preparados para resolver situaciones que actualmente desconocemos. Por ello los docentes deben entrenar a sus alumnos y alumnas a que sean proactivos y que sigan poniendo a prueba su capacidad de empoderarse y sean capaces de ingeniar nuevas ideas, transformar sus contenidos y reinventarse cada día.

Cuando somos proactivos nos convertimos en la mejor versión de nosotros mismos.

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