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Home » Artículos » Sobre el proceso de cambio que vivimos, la finalidad de la herida

Sobre el proceso de cambio que vivimos, la finalidad de la herida

Por Anthonio Calleja.- Estamos viviendo momentos intensos, en cada lugar esta intensidad vital se está manifestando de alguna forma. Hay una explicación basada en el incremento de la vibración del planeta y su consecuencia en la aparición acentuada de las polaridades; lo que no está en armonía se opone en una peligrosa resistencia. A consecuencia o quizá tb gracias a esto, viejas heridas están aflorando y es sin duda porque existe la posibilidad de ser sanadas, pero como en toda “operación” existe un riesgo.

La herida/conflicto/accidente tiene su propia naturaleza, sea la forma que sea en cómo se manifiesta tiene un doble potencial, en realidad la función de todo dolor no es otra que volvernos más conscientes.

Por un lado, está esa función y potencial; pero por el otro lado, está el riesgo de identificarnos con ella. Nosotros podemos tener una herida, pero no somos la herida. De la misma forma que podemos tener una enfermedad cualquiera pero no somos eso; tan solo, el ser que está viviendo esa experiencia.

No es buena idea dejarse vencer por el miedo ni por las apariencias, por el contrario podemos usarlo cuando aparece y aprovechar las circunstancias para crecer. De la misma forma que un buen surfista toma la ola como aliada para llegar lo más lejos posible y de la manera más divertida. Podemos usar nuestras emociones y los acontecimientos con la inteligencia necesaria para avanzar y fluir con los cambios.

Caer en la trampa de claudicar ante esos miedos es también dejarse manipular por la película que nos llega desde los medios, generalmente con fines políticos.

¿Cómo se cura una herida?, en primer lugar creo que es necesario identificarla, conocer su origen, visto desde un punto metafísico ninguna herida es real.

Una cosa es identificar la herida y otra muy distinta, identificarnos nosotros con ella. Lo primero te otorga el poder de operar y “limpiarla” lo segundo, te convierte en víctima y te lleva a la “in-fección”.
Toda “in-fección” ha de ser curada desde “in = dentro”. Y eso ya es una oportunidad para volvernos más conscientes.

Por eso, insisto que cualquier solución o resultado que venga de “afuera” en cualquier conflicto/herida tan sólo maquillará el daño y esta puede ser una salida de urgencia, pero las urgencias aunque vitales no son el destino de la sana-acción. Por el contrario la Paz-ciencia que integra siempre lleva más lejos.

Si hemos quedado que la herida parte de una desarmonía entre polaridades/opuestos ante un incremento de la vibración que vivimos, resulta adecuado pensar que esta polaridad una vez manifestada, desaparecerá sólo encontrando los puntos donde se encuentra la integración o el nuevo equilibrio donde parte de la densidad se presta a transformación para equilibrarse con las frecuencias más altas. Es como encontrar las piezas que encajen cuando un jarrón se ha roto, de paso como hacen algunos artesanos japoneses se construye algo con nuevo valor y hasta más bello. 

Toda sana-acción lleva implícito un orden nuevo antecedido por una disolución de lo viejo, «solve e coagula». Para que esto se transforme en cambios en lo visible primero ha de consolidarse en lo sutil.

La toma de conciencia de la dualidad que se manifiesta en sus opuestos también exige darnos cuenta y reconocer que la Verdad no puede estar sólo en una parte y que ambos lados tienen cosas en común y hasta se necesitan; cuando no se aceptan se presentan como Obstáculos o Barreras cuando en realidad tienen el potencial verdadero de ser Oportunidades o Puentes.

El ser humano que no ha construido su “puente interno” entre su cabeza y su corazón o si preferimos entre su mente/ego y su Yo superior difícilmente puede ver/des-cubrir estos puentes afuera.

El peligro radica en que la gente que trabaja para con-vencer a otros en el “afuera” no ha desarrollado en gran parte, (aún cuando esté en ellos) esta capacidad. No se puede caminar una calle por las dos aceras al mismo tiempo. Entonces actúan como ciegos de-mentes, pidiendo a los demás que se tapen los ojos para que vean los mismos molinos que ellos.

Llegamos a ser lo que somos por donde no somos y eso significa aprender de nuestras heridas aunque eso de “nuestras” sea relativo, pues nada es de nadie y al tiempo todo es.

Re-conociendo nuestra responsabilidad de “limpiar” la parte que nos toca ya estaremos en la mejor predisposición de surfear la ola y de fluir con ella. Sin identificarnos al punto peligroso de creernos la ola podemos transitarla y sacar de ella el mejor provecho.

Esa ha sido la intención de este texto, aportar un poco más de claridad sobre cómo percibo el momento que vivimos y ser conscientes que de la misma forma que el surfista necesita de la ola, nosotros necesitamos los desafíos para avanzar- evolucionar en esa espiral que llamamos Consciencia.

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