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Home » Artículos » ¿Te esfuerzas lo suficiente?

¿Te esfuerzas lo suficiente?

Por Nuria Velasco.- Hoy me gustaría reflexionar sobre el término “esfuerzo”. Es una palabra pesada, con mucha carga pisciana: “sin esfuerzo no hay recompensa”, “con esfuerzo y esperanza todo se alcanza”, “un esfuerzo más es un fracaso menos”. Estas son frases que he oído toda mi vida y que me han construido una creencia sobre el esfuerzo que lleva connotado cansancio, sacrificio y lucha. De hecho la definición de la RAE es “Empleo enérgico del vigor o actividad del ánimo para conseguir algo venciendo dificultades.” Aquí además, tenemos “dificultades”. Desde aquí, da pereza sólo plantearse tener que esforzarse por algo.

¿Qué implica el esfuerzo en realidad?

Cuando pensamos que nos tenemos que esforzar mucho por conseguir algo, estamos dándole a ese objetivo una cualidad de imposible. Estamos diciendo que estamos muy lejos de eso que queremos conseguir. Esa distancia la estamos poniendo nosotros no el objetivo. Un ejemplo: hay gente que se tiene que esforzar mucho para sacar la misma nota en los exámenes que otras personas. A nivel inconsciente, la gente que cree que se tiene que esforzar está diciendo que no está en igualdad de condiciones, quizá incluso se sepa menos capaz o inteligente. Siempre habrá una distancia enorme entre nosotros y el objetivo porque así lo estamos decretando con nuestras creencias. ¿Lo veis? En cambio, cuando siento que ese objetivo es mio ya, aunque no lo tenga físicamente en mi presente, estoy acortando la distancia que me separa de él. Y el esfuerzo se hace menor, porque siento que es mi derecho tenerlo, que me pertenece ya. Revisa qué creencias están detrás de tu esfuerzo.

Otras veces esa distancia implica falta de merecimiento. Cuando estamos convencidos de que algo está para nosotros y nos lo merecemos, vamos a por ello con el ánimo dispuesto, con nuestras mejores actitudes y desde luego, con la energía de que es una cuestión de tiempo que sea nuestro. Revisa si tu enorme esfuerzo está escondiendo un “en el fondo, no me lo merezco, por eso me cuesta tanto conseguirlo”. El 90% de nuestras conductas son inconscientes así que explora qué hay de verdad detrás de tus acciones. Curiosamente, hay personas que optan por no esforzarse por conseguir eso que quieren o necesitan porque también tienen un “no me lo merezco”. Las creencias siempre van a darse la razón, así que sea por exceso o por defecto, usan los recursos de los que dispone tu sistema para alejar el objetivo o que ni te plantees la posibilidad de alcanzarlo. Revisa ahora eso por lo que te esfuerzas tanto o por lo que no te esfuerzas nada.

Estas semanas he trabajado con varias personas que tenían este tema en común y he encontrado otro patrón: la vagancia. Es mucho más fácil quedarme en la zona de confort que conozco que tener que hacer algo para moverme. Tiene lógica porque el esfuerzo de cambiar y de salir de ese mundo tóxico en el que viven, genera más dolor que placer. En términos neurológicos, el cerebro funciona evitando dolor o persiguiendo placer. Así que ese esfuerzo por cambiar su vida, es literalmente dolor para su cerebro, con lo que les convence de que se queden como están y que eviten evolucionar. Lo peor es que están creyéndose los argumentos mentales por los que su sistema les está manipulando.

¿Te da pereza algún esfuerzo concreto? Revisa si es tu sistema negándose a que le cambies.

Por otro lado, veo a personas con muchas capacidades que no las desarrollan por pereza. Potenciar una cualidad innata nos lleva a la excelencia. ¿Puede haber verdadero talento si no me esfuerzo por desarrollar mis capacidades? Nos quedamos en lo mediocre de muchas maneras posibles, vamos al mínimo para cubrir expedientes en la vida. Pero ahí no está nuestra mejor versión ni nuestros sueños, ¿verdad?

Cuando estamos muy motivados para conseguir algo, cuando nos apetece mucho ese objetivo o cuando nos gusta lo que estamos haciendo, no parece que el esfuerzo se valore en términos de cansancio, sacrificio o lucha. No parece que las dificultades nos bloqueen. No parece que haya el mismo esfuerzo. ¿Qué cambia? Que estamos persiguiendo placer, claramente. No estamos pensando a corto plazo sino a largo plazo. Nuestro foco está tan dirigido a aquello que queremos, que lo que no queremos no es un problema. Mientras que en los casos anteriores, la atención está puesta en lo que no queremos hacer.

A veces conseguir los objetivos requieren un tiempo. Hay cosas que no son inmediatas. Sostener el esfuerzo sólo con fuerza de voluntad no sirve. Si alguna vez habéis hecho régimen o dejado de fumar, lo sabéis. Cada día es un pulso constante con la fuerza de voluntad. Cuando nos levantamos por la mañana estamos más fuertes y según va pasando el día se convierte en una lucha titánica mantener las decisiones. ¿Te ha pasado? Esa es la prueba de que la voluntad se agota durante el día. La hemos gastado porque reside en la parte del cerebro que cuando hay cansancio o estrés, se corta, porque es la que más energía gasta.

Desarrollar la capacidad de esfuerzo en un área de nuestra vida, nos ayuda a poder emplear esa capacidad en cualquier otra área. Piénsalo como si fuera un campo de entrenamiento: estás desarrollando un músculo que podrás usar siempre que quieras más adelante.

Así que lo más importante cuando pienses en realizar un esfuerzo enorme es tener claro para qué lo haces, y poner tu atención siempre ahí. Ponernos objetivos y motivarnos para conseguirlos es signo de una inteligencia emocional fuerte. La auto-motivación sufrirá pruebas en el camino: habrá retrocesos, dudas, frustraciones, fracasos, resistencias, creencias limitantes, etc., pero es nuestra responsabilidad cómo gestionamos internamente todo lo que nos pasa. Seguro que conocerás algún caso o habrás oído de gente que a pesar de todas las dificultades, encontraba siempre la manera de seguir adelante. Eso es auto-motivación. Eso es poner en marcha la energía interna, los recursos, transformar el esfuerzo en entusiasmo, aprender de los errores, ser resiliente y ser valiente. Sí, porque hay que serlo para esforzarse, para conseguir lo que se sueña. Para no tener miedo al éxito ni al cambio. Eso es hacer que las cosas sucedan. Esa persona, se habrá convertido en su mejor versión.

Mira como los niños pequeños aprenden a andar. No se rinden, por más veces que se caigan. No les da pereza intentarlo una y otra vez. No saben qué hay más allá de su mundo de gateo, de su visión horizontal, pero van a por ello. No dudan ni se cuestionan, por eso funciona lo que hacen. Y fíjate que lo hacen con una sonrisa, descubriendo el mundo.

Nacemos con esa capacidad de esfuerzo.

Únela al aprendizaje y a la diversión como los niños pequeños.

Nuria Velasco

www.tulibrodelavida.com

 

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